Asturias es tierra de muchas aldeas, pocas villas y escasas ciudades. Por eso disfruta del ritmo pausado de otras épocas, sensación que se acentúa a medida que uno se aleja de la costa y se adentra en el interior, atraído por los Picos de Europa. Tres despensas nutren las cocinas de este tranquilo paraje: el mar Cantábrico, los manzanos de los valles y la montaña en la que pasta la cabaña ganadera. Fabadas, quesos artesanales y sidra son el sabroso resultado. Que ustedes lo disfruten.

 


Itinerario detallado:

Nuestro viaje por Asturias se inicia a lo grande, por una Villa señorial declarada conjunto histórico artístico, Llanes ofrece playas de arena fina como Toró, Andrín o Torimbia, además de un cuidado casco histórico donde aún se puede ver parte de la muralla y el torreón, además de la iglesia de Santa María o la casa de Gastañaga que muestran la influencia del capital indiano. Protegiendo el puerto, sorprende la composición multicolor Los Cubos de la Memoria, de Ibarrola. Llanes disfruta de una privilegiada fachada marítima, además de muchas pastelerías donde tomar las típicas fayueles.

De Llanes a Cangas la carretera pasa por Arriondas, donde los más atrevidos pueden descender por el río en canoa. El Descenso del Sella se celebra el sábado 6 de agosto entre Arriondas y Ribadesella, con un recorrido de 20 km. El resto del año, el pueblo es un encantador centro de playa y pueblo pescador, que cuenta con el aliciente añadido de ser lugar de origen de la familia de Leticia Ortiz.

 




Tras el chapuzón nos espera Cangas de Onís, antigua capital del reino astur. El riquísimo patrimonio histórico ha hecho de este concejo uno de los grandes atractivos turísticos de Asturias. No olvide visitar el Puente Romano, La Capilla de Santa Cruz – construida sobre un dolmen -, o el palacio Cortés, ejemplo de arquitectura popular. En sus alrededores, destaca la cueva del Buxu, con grabados y pinturas rupestres y el monasterio de San Pedro de Villanueva, edificio del siglo XVII y XVIII, con ábsides y capiteles románicos.

 




La carretera lleva directo de Cangas al venerado santuario de la Virgen de Covadonga. El prado donde don Pelayo fue proclamado rey, la Santa Cueva y la moderna basílica, los lagos Enol y Ercina, el Mirador de la Reina, destacan entre los muchos atractivos de este monte. Declarado parque nacional en 1918, fue el primero del país.
La comarcal CO-4 asciende sinuosa hacia los Lagos Enol y Ercina, situados a 1.000 metros de altura y mítica meta volante de la Vuelta Ciclista a España. Sin embargo, la poderosa atracción de los Picos de Europa obliga a dejar el auto y tomar el transporte público de julio a septiembre. Alternativamente, podemos acercarnos a los Picos tomando la carretera que lleva hacia el Naranco de Bulnes, accesible en funicular. Por el camino se disfruta de la Ruta del Queso y la Sidra, sobretodo al pasar por Asiego de Cabrales. Como el nombre indica, aquí encontraremos el queso de intenso sabor madurado en cuevas, además del gamonedo, ahumado. También es posible participar en una espicha, comida popular celebrada en un lagar.

De Cangas regresamos a la costa y hacia el oeste, llegamos a Ribadesella, villa turística de gran tradición marinera, “Playa de los Picos de Europa”, desembocadura del salmonero río Sella y “patria chica” de la Princesa Leticia. En las pastelerías encontraremos dulces con su nombre. Cerca, vale la pena conocer las pinturas rupestres de Tito Bustillo antes de proseguir hacia Lastres, unos de los puertos más bellos de España. Su animada lonja de pescadores disfruta de merecida fama, así como los restaurantes de la vecina localidad de Tazones, donde es imperativo tomar marisco.

 




Continuamos por la costa viajando hacia Cudillero, uno de los más conocidos municipios de Asturias. Desde el Mirador del Pito se comprueba cómo lo rodea un anfiteatro natural. En el casco urbano cuelga el curadillo o pescado puesto a secar en la puerta de las casas.

Luego, la carretera N-630 hacia el oeste lleva a Luarca, no sin antes perder el aliento ante los acantilados del camino. Luarca ostenta el título de “Villa Blanca de la Costa Verde”. Cuando apriete el hambre, no olvidemos tomar una venera de postre, dulce creado en honor de la diosa Venus.

Luarca y Cudillero se hicieron famosas en otra época por la actividad de la flota pesquera de ballenas del Cantábrico. De cascos históricos concentrados y casitas blancas escalonadas sobre la ladera de los montes que defienden cada puerto, ofrecen al viajero encanto y sabrosos platos de pixin o rape.

Partiendo de Luarca hacia el sur llegaremos a Cangas del Narcea, típico pueblo del interior del occidente asturiano. Ésta es comarca de tradición enológica, potenciada por los benedictinos. Se comprueba en el rehabilitado Museo “Lagar de Santiso” o en el monasterio de Corias, fundado en el s. XII. Según la tradición, el vino hay que tomarlo en cachu o cuenco de madera cocido con el fermento del mosto. Para acompañar el trago, nada mejor que una carne “roxa”. Repuestos, será fácil afrontar una caminata por el Parque Natural de Fuentes del Narcea, paisaje compuesto por el mayor robledal de la península. Quien visite la comarca en otoño escuchará la berrea de los venados en celo.

 



Regresamos hacia el este en busca de Oviedo, la capital. Imprescindible acercarse a la Catedral gótica, con la prerrománica Cámara Santa en su interior; e ineludible es también un paseo por la elegante y peatonal calle de Pelayo. En las afueras se admiran dos maravillas del prerrománico como son San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco. También hay que pasear por las cercanías del Teatro Campoamor, donde se entregan los premios Príncipe de Asturias, para acercarse a la hermosa plaza del ayuntamiento y al barrio de Gascona, cuajado de sidrerías.

Antes de dejar Asturias, nuestra ruta nos conduce hacia Nava, para conocer el Museo de la Sidra y tomar unos culines escanciados por uno mismo. Los alrededores están cuajados de manzanos y salpicados de hórreos y opulentas casas de indianos. Además, en la Comarca de la Sidra se habla el bable, que a oídos del foráneo suena a castellano antiguo, aumentando la sensación de viajar en el tiempo. Chorizos, lacones y fabes no faltaran en la mesa

No hay bebida más asturiana que la sidra, con denominación de origen. Una delicia para los amantes de este dorado líquido cuyo olor a manzana impregna especialmente los concejos de Villaviciosa (la patria de la sidra), Gijón (donde se encuentran los mayores productores nacionales de sidra natural), Nava (hogar del Museo de la Sidra) o Sariego (que alberga las más extensas pomaradas).
¿Sabías que el Escanciado es dejar caer la sidra de la botella al vaso?. Su origen viene de la espicha, en la que la sidra cae desde la pipa al vaso o a la jarra. Así se logra el mismo efecto que desde el tonel. Siguiendo este ritual se pretende reafirmar las cualidades de la sidra, despertar el carbono endógeno y volatilizar parte del ácido acético que la sidra posee.

Esta visita pondrá punto y final a esta ruta por Asturias con un inmejorable sabor de boca. Viajar en coche por Asturias es un placer. Reserva ahora nuestra ruta y disfruta del mejor precio. Ver la ruta