Pequeños pueblos estancados en el pasado, paisajes de montaña, hermosos lagos naturales y el estruendo del agua de las cataratas han convertido la Selva Negra en uno de los entornos más bellos de Europa, perfecto para disfrutar en familia.

 



Para empezar a familiarizarnos con los paisajes y las peculiaridades de este fascinante y enorme bosque denominado la Selva Negra, nada mejor que visitar su Museo al aire libre, en Gutach, donde se muestra el modo de vivir de estas gentes —sus tradiciones y costumbres—, en un espacio que imita las casas y formas de vida del siglo XVI. Los niños podrán, además, jugar con los animales de la granja. Otra opción muy interesante es acercarse al Parque de los Sentidos, con curiosas rutas al aire libre ideadas para descubrir nuevas sensaciones a través de la vista, el oído, olfato, tacto y gusto. Plataformas, circuitos para andar descalzos, péndulos y carpas donde los niños, y no tan niños, pueden experimentar con las texturas, distintos efectos ópticos, las formas, el agua y el viento.

 




Nuestra próxima parada es Friburgo, que cuenta con un irresistible casco antiguo sembrado de canales donde los niños pueden hacer navegar pequeños barquitos que venden en las tiendas locales, o fabricarlos con papel. También podremos montar en el funicular que sube al monte del Palacio para disfrutar de las vistas sobre la ciudad y el valle del Rin.

 




A tan solo 35 kilómetros de Friburgo el mundo de la fantasía y los sueños se unen para una clase de geografía. Suiza, Alemania, España, Irlanda, Francia, Grecia, Islandia, Italia… nos esperan para hacernos disfrutar con más de cien atracciones en el parque temático más grande de Europa: Europa Park.

 




Nuestro coche nos encaminará después hacia los pueblos y paisajes más reveladores de esta región, como Gengenbach, las cascadas de Todtnau, el lago Titisee o el monte de Feldberg, que colmarán nuestra dosis de naturaleza y tranquilidad, que se romperá con la descarga de adrenalina que supone descender la montaña a 40 km/h en el tobogán Hasenhorn Coaster o al regresar a Friburgo por la denominada Ruta Panorámica.

 




Si tenemos tiempo, los niños disfrutarán viendo el colorido de las casas tradicionales y sus bellos jardines en Triberg, Schonach o Furtwangen y, especialmente, al devorar la rica tarta de la Selva Negra en el café Schäfer rodeados de montones de relojes de cuco.
Esta ruta que incluye la Selva Negra es perfecta para despertar la fantasía y la imaginación de los niños. ¡Haz la prueba!