Situada en el punto más occidental de la costa francesa y con tres de sus cuatro flancos rodeados por las bravas aguas del océano Atlántico, la Bretaña es una región de leyendas que invita a soñar.

Las tierras bretonas tienen arraigadas costumbres celtas, que comparten con sus vecinos de ultramar de la Gran Bretaña y Galicia, y ofrecen un paisaje cuyo intenso verdor llega hasta tocar el mar. Son, sin lugar a dudas, un destino perfecto para los amantes de la naturaleza, la cultura y la buena mesa.

Rennes, la capital de Bretaña, es una animada ciudad universitaria de interior. Cuenta con un encantador centro histórico en el que predominan las casas decoradas con el típico entramado medieval de madera y las placitas con agradables cafés y terrazas. De origen medieval son también las murallas de Dinan y las de Saint-Malo, así como el castillo de Comper.

La gran cantidad de monumentos megalíticos de la región, entre los que destaca la increíble alineación de más de mil menhires en Carnac, ha contribuido a lo largo de los tiempos a crear esa aura de misterio y hechizo que se respira en la región.

Pero la belleza de Bretaña radica, especialmente, en su paisaje. El majestuoso espectáculo de las olas rompiendo en el cabo Fréhel, las puestas de sol desde el faro de Ploumanach o la luz que baña la localidad de Quimper, y que tanto amó Gauguin, son algunas de las maravillas naturales de esta increíble región, que tiene el honor de haber sido el último reducto celta del continente europeo.