El mago Merlín y otras leyendas de tradición celta perviven en los bosques bretones. Sus hechizos son al menos igual de poderosos que los que ejercen en el visitante la costa accidentada y salvaje, las ciudades medievales y el placer bretón por la buena comida y un saber vivir sin prisas.

Prepárate nos vamos a hacer ruta en coche por la Bretaña francesa. Una ruta para Aquéllos que disfruten del mar y el viento como escultores de caprichos geológicos quedarán maravillados. Los amantes de la arquitectura medieval hallarán edificios, palacios y castillos dignos de canciones de trovadores, mientras que los amantes de una buena mesa se deleitarán ante platos de frutos del mar. Además: Los más pequeños y los mayores interesados en las leyendas del mago Merlín y los caballeros de la Mesa Redonda pueden asistir, en el castillo de Comper, a las representaciones teatralizadas que reproducen sus historias.

A pocos kilómetros de Rennes -capital de la región-, el bosque de Brocéliande y el castillo de Comper reproducen las leyendas artúricas. Hacia el norte se halla la bella ciudad medieval de Dinan, la ciudadela ha conservado prácticamente intactos sus tres kilómetros de muros. En su interior, las casas medievales alzadas sobre pilares se abren a las calles con cafés, creperías y tiendas artesanas. Y, ya en la costa, la fortificada St-Malo recuerda tiempos de piratas. En el barrio de Saint-Servan se encuentra el Fort de la Cité y el Museo Marino de Cabo de Hornos, dos puntos imprescindibles de la localidad además de sus crêperies y marisquerías. Su Grand Aquarium con forma de iglú es uno de los más modernos de Francia. A 16 km de Saint-Maló por la D1 llegamos a Cancale, famosa por el vaivén de sus mareas y los criaderos de ostras, especialidad de los bares del puerto donde recalan sus barcos. Antes o después podremos acercarnos a dos castillos impresionantes, el de Fougères, del siglo XII, con 13 torres y muros de más de 3 metros de espesor, y el de Vitré, ambos muestra casi intacta de las fortificaciones fronterizas que protegían los territorios bretones antes de su anexión con Francia en 1532. Desde lo alto de sus almenas podremos rememorar antiguos asedios y batallas legendarias. Un desvío hacia el este permite visitar la abadía gótica del Mont Saint Michel, mecida por el mar, es Patrimonio de la Humanidad, situado entre la frontera entre Normandía y Bretaña. En medio de su amplia bahía, se alza la abadía francesa (s.XIII) más hermosa y original por su emplazamiento nunca vista. La bahía, la ciudad medieval y la abadía benedictina forman una de las siete maravillas del mundo actual. Hacia el oeste de St-Malo empieza la Costa Esmeralda (Côte d’Émeraude), que tiene en el cabo Fréhel su atractivo más potente, el fuerte medieval La Latte, con sus muros colgando sobre el mismísimo acantilado, y hermosas playas de arena como las de Val-André, que han convertido esta zona en un prestigioso destino vacacional.

Continuamos bordeando la costa bretona hasta la Côte de Granit Rose, de acantilados de granito muy utilizado como material de construcción. Las filigranas del litoral entre Paimpol y Perros-Guirec son otro de los reclamos turísticos del norte bretón. Una bonita excursión es acercarnos en barco hasta la Île de Bréhat, un paisaje pastoril que podemos recorrer en bicicleta. Aquí se encuentra una auténtica vivienda celta que sirvió de inspiración a Walt Disney para la casa de La Bella y la Bestia. Desde la capilla de Saint Michel, el punto más alto de la isla, la panorámica es excepcional.
Algo apartada de los centros turísticos encontramos Tréguier, típica ciudad bretona de estrellas callejuelas que conducen a su catedral. Pero las mejores vistas de esta costa se encuentran entre las localidades balnearias de Trégastel y Trébeurden. En el extremo occidental de Finisterre se encuentra la Península de Crozon, un entorno natural irrepetible como las ruinas de la Abadía benedictina de St-Guenolé, la más antigua de Bretaña. Frente a Brest, este hermoso paraje con forma de tridente es perfecto para disfrutar de la naturaleza en todas sus formas. Además de contemplar sus vistas espectaculares, podrá practicar senderismo, recorrer el lugar en bicicleta, realizar circuitos en barco y relajarse en sus playas. También hay que acercase hasta la punta de Pen-Hir, el Cabo de la Chèvre, y el pueblecito de Locronan, con un elegante conjunto de edificios renacentistas.

Una vez aquí hay que explorar la costa sur de Bretaña. En la ciudad de Quimper, podemos degustar una de las mejores crêpes de Bretaña acompañada de su excelente sidra. Históricamente ligado al mar, Concarneau dispone de un islote en medio de la bahía que alberga una de las zonas más antiguas del pueblo. Acabamos la jornada en Pont-Aven, cuya luminosidad fascinó a pintores como Gaugin.

Tras ver la fuerza de las olas y la magia de las mareas, se hará un alto en Carnac, para ver sus miles de menhires. Hoy damos un salto en la historia hasta el 4.000 a.C. para visitar los megalitos de Carnac, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Europa formado por miles de menhires, numerosos dólmenes y túmulos, distribuidos en las proximidades del pueblo. El Golfe du Morbihan, un golfo salpicado de islas y pequeños puertos pesqueros, pone el broche de oro a nuestra ruta. Vannes es la base para explorar las islas del golfo de Morbihan. Por el centro medieval, situado en la parte alta, se suceden casas con entramados de madera y fachadas coloridas.Mientras que en el puerto deportivo, en el corazón de la ciudad, se pueden encontrar sus cafés junto al muelle.

Sigue nuestra ruta recomendada por Bretaña en Francia y disfrutarás al máximo del viaje: