Déjate cautivar por un viaje apasionante por el corazón de Andalucía. Un total de diez localidades de Sevilla, Córdoba y Jaén – Utrera, Carmona, Écija, Osuna, Puente Genil, Lucena, Cabra, Baena, Priego de Córdoba y Alcalá la Real – conforman Caminos de Pasión, una ruta para vivir y sentir la Andalucía más auténtica y genuina, en la que se entremezclan un rico patrimonio histórico y artístico, inolvidables escenarios naturales, una deliciosa gastronomía regada con vinos y aceites de oliva Virgen Extra, reconocidos por su extraordinaria calidad y un exuberante conjunto de tradiciones populares, artesanía y costumbres únicas. Es el corazón de la Andalucía interior, un apasionante tesoro por descubrir, cargado de matices y sabor a historia, cultura y fervor religioso, que alcanza su punto culminante en la Semana Santa.

 


 
Pero Caminos de Pasión es mucho más, siguiendo los pueblos que engloban la ruta encontrarás mucho que hacer para vivir y sentir la cultura popular de Andalucía. Además de visitas guiadas por su rico patrimonio, podrás formar parte de tradiciones únicas, participar en talleres de producción y catas de aceite oliva, recorrer a caballo olivares y viñedos, conocer a fondo la artesanía de la zona, visitar bodegas y catar sus vinos, o si lo prefieres seguir una Red de espacios de interpretación de la Semana Santa, un itinerario señalizado que existe en cada uno de los diez municipios de la ruta, que indican todos los lugares más emblemáticos vinculados a la Semana Santa, la imaginería de sus iglesias, talleres artesanos o museos de cofradías…. ¡Tradición en estado puro!.

 


 

Recorriendo la campiña sevillana

Iniciamos nuestra ruta de pasión en Utrera, enclavada entre la campiña sevillana y las marismas del Guadalquivir, una colección de múltiples paisajes, historia y arquitectura de diferentes épocas que salpican la comarca, la más extensa de las siete que conforman la provincia de Sevilla. Utrera es sinónimo de patrimonio monumental, con dos iglesias parroquiales, el Castillo, su plaza de armas medieval, y diferentes casas-palacios de los siglos XVI al XIX, o de barrios de intensa vida como los de Santiago y Santa María, donde descubrirás joyas de la arquitectura. Un lugar de vista obligada es el Santuario de Nuestra Señora de la Consolación, erigido en el siglo XVII, que atesora aún la riqueza de romerías y peregrinaciones antiguas.
Utrera es también cuna de grandes figuras del flamenco, noble arte musical, como también del mismísimo toro bravo, existiendo en su término varias ganaderías famosas. Además el campo utrerano ofrece una extensa red de vías por la que pasear a caballo, descubriendo y disfrutando del sosiego y la tranquilidad del campo. Ésta es también tierra para deleitarnos con sabrosos guisos de carne y legumbres, y con el famoso dulce de bizcocho conocido como mostachones.

 


 
La carretera A-8100 nos conducirá, tras 40 kilómetros, hasta Carmona, una de las ciudades más antiguas de la provincia de Sevilla y Andalucía, situada sobre un alto llamado la Vega del Corbónes y frente a uno de los miradores más espectaculares de Andalucía.

Hay ciudades que invitan a pasear por el tiempo, y Carmona es una de ellas. Carmona es una ciudad encantadora, fortificada, y todo un lujo gracias a su prolífico legado histórico y arquitectónico, herencia de romanos, árabes y cristianos. En sus calles y plazas, repletas de rincones con mucho encanto, se entremezclan construcciones civiles, militares y religiosas como la Iglesia prioral de Santa María, considerada la catedral carmonense, la Casa Hermandad de la Amargura, que custodia la imagen del Señor de la Amargura, realizada en 1521, la casa palacio del marqués de las Torres, que alberga el Museo de la Ciudad, el recoleto y encalado barrio de San Blas y el Alcázar de la Puerta de Sevilla, uno de sus monumentos más emblemáticos, y uno de los escenarios más escogidos para rodar secuencias de cine histórico. Te recomendamos que subas a la Torre del Oro para que puedas disfrutar de las mejores vistas.

Los más golosos disfrutarán con los postres, siempre con un toque de la repostería musulmana donde uno de los más característicos son las Milhojas, el dulce de naranja con naranjas de la vega de Carmona, “la torta inglesa”, un bizcocho con sidra y una capa de hojaldre muy fina, y los dulces del Convento de Santa Clara, que las hermanas Clarisas elaboran en el convento. Son excelentes y conservan el gusto auténtico de las recetas originales: las típicas tortas inglesas de Carmona, roscos de aceite, piñonates, piezas de chocolate, hojaldres, empanadillas, y especialidades originales de ellas como las yemas de Santa Clara o sus bombones de mazapán.

Por Carmona pasaron íberos y romanos, y en la necrópolis situada a las afueras de la ciudad, se pueden descubrir hasta trescientos enterramientos de época imperial, que dan una idea de la relevancia que tuvo la urbe mucho antes del nacimiento de Cristo.

 


 

Escenario de Juego de Tronos

Nuestra siguiente parada es Écija (a 54 kilómetros), la ciudad de las torres y el caballo, que situada a orillas del río Genil, está considerada como uno de los centros artísticos más importantes de Andalucía, y que sorprende por su excepcional patrimonio. Aquí no podemos desaprovechar la oportunidad de visitar una de las yeguadas dedicadas a la cría de caballos de pura raza andaluza. Así como de disfrutar de un centro histórico, salpicado de torres de variadas formas, que sobresalen sobre su barroco caserío, y que fueron levantadas a lo largo del siglo XVIII, las más esbeltas y admiradas son las de San Juan, con sus brillos de azulejos, y San Gil, coloreada por el ladrillo rojizo; al igual que buena parte de las casonas y los palacios que decoran las calles principales que rodean la plaza de España, epicentro de vida diaria de esta ciudad sevillana.
El paseo permite también disfrutar de joyas barrocas y palacios como el de Peñaflor o el de Benamejí o iglesias como la Santa María, del siglo XVIII; la de Santiago, construcción gótico-mudéjar del s. XV, que se distingue por su blancura; la de la Concepción, del siglo XVII; la de los Descalzos, joya del barroco andaluz del siglo XVII; la de San Juan, cuya torre barroca es una de las más emblemáticas del conjunto astigitano; o la Santa Ana o la de Santa Cruz, que en Semana Santa lucen espectaculares gracias a imágenes como la del Cristo de la Yedra. Para reponer fuerzas, qué mejor que el gazpacho ecijano, la sopa de gato o las espinacas labradas.
Vale la pena también realizar la visita al Yacimiento Arqueológico Plaza de Armas, situado en el centro de la ciudad, donde conviven en un mismo espacio los hallazgos ya descubiertos y los trabajos que se siguen realizando para seguir sacando a la luz el pasado de la ciudad. Todo esto sobre una extensión de cerca de 6.000 metros cuadrados.
Écija ofrece a quien la visita la oportunidad de vivir el mundo del caballo en un lugar ideal, bien disfrutando de un precioso recorrido por sus calles y plazas en coche de caballos; o con un paseo por la naturaleza que rodea la ciudad al trote de un pura raza español, para disfrutar de preciosos paisajes, entorno y aire puro. Y es que Écija, es uno de los principales centros ecuestres del país, cuna de ganaderías de caballos de pura raza española, pura sangre árabe y anglo árabe de renombre.

 


 

Solo 35 kilómetros de campos labrados separan Écija de la villa ducal de Osuna, uno de los escenarios de Juego de Tronos, y una de las ciudades más monumentales de la provincia de Sevilla y de Andalucía, declarada Conjunto Histórico Artístico gracias a joyas como el monasterio de la Encarnación, la Universidad, y la Iglesia colegial de Santa María de la Asunción, conocida popularmente como La Colegiata, que guarda en su interior algunos maravillosos tesoros, como una colección de lienzos realizados por José de Ribera, tallas religiosas y patios interiores, pero, sobre todo, la capilla del Panteón Ducal, dedicado a los duques de Osuna, de la que se dice que es uno de los monumentos más hermosos del Renacimiento andaluz. Es más que recomendable hacer la visita guiada.
El rico patrimonio monumental de su casco histórico destaca entre un caserío encalado típicamente sevillano. En su deslumbrante Calle San Pedro – un museo de piedra al aire libre-, de la que se dice que es una de las calles más bellas de Europa, es difícil decir cuál de sus palacios es más bonito. Aunque una buena opción para acabar el paseo por esta calle, pudiera ser en el patio del hotel Marqués de la Gomera, uno de los palacios barrocos más exquisitos de la provincia. Y es que Osuna, es una de esas pocas poblaciones que brinda una belleza tan concentrada y a la vez tan exquisita, que ha mostrado a lo largo de siglos equilibrio y buen gusto. No hay que dejar Osuna sin disfrutar de las vistas de los miradores que se sitúan en el cerro, sin duda uno de sus mayores atractivos.
La riqueza monumental de Osuna se complementa con su apetitosa cocina, donde destacan entre otros platos, la ardoria, una variedad autóctona del famoso salmorejo, el cocido ursanés, las gachas de San Arcadio, las repapalillas de Semana Santa, y el buen tapeo con el que agasaja Osuna al visitante en sus numerosas tabernas, bares y restaurantes. Sin olvidar los deliciosos bizcochos marroquíes, un dulce conventual centenario, que se pueden adquirir en el Convento de la Purísima Concepción, donde su elaboración y comercialización sirve de sustento para las monjas de la orden franciscana.

La Semana Santa de Osuna, declarada Fiesta de interés turístico de Andalucía, ayudarán al viajero a conocer la esencia de estas tierras andaluzas.

 


 

Allí donde la Semana Santa se convierte en La Mananta

Dejamos atrás la provincia de Sevilla para adentrarnos en tierras cordobesas, donde nos espera a 44 kilómetros, entre un mar de olivos, vides y huertas Puente Genil, célebre por su dulce de membrillo – su postre más universal -, que se prepara aquí de forma artesanal y que es simplemente una delicia; y por sus afamados vinos de la Denominación de Origen Montilla-Moriles y de bodegas como la de Delgado, que presume de llevar casi 150 años produciendo vinos con el mismo mimo artesano de antaño. Aquí, además, la Semana Santa, conocida en estos parajes como La Mananta, se transforma en una experiencia cultural y religiosa única, en un entorno en el que el río Genil imprime personalidad al municipio.

Puente Genil presume de un rico legado histórico gracias a su emblemático Puente erigido por Hernán Ruiz II en 1561, y a yacimientos como el de la Villa Romana de Fuente Álamo, del siglo VI, y cuyos magníficos mosaicos se exhiben en el claustro del antiguo convento de San Francisco de la Victoria y en la propia villa.

No hay que dejar de probar los aceites de oliva vírgenes extra de La Denominación de Origen Estepa, actualmente una de las más premiadas y reconocidas del mundo por su calidad. Sus reconocidos zumos de aceituna proceden de la Comarca de Estepa y Puente Genil, un territorio que cuenta con una historia milenaria y el saber hacer de miles de familias olivareras que siguen fieles a la tradición de dar cada año el mejor fruto para producir el más exquisito Aceite de Oliva Virgen Extra.

 


 

Seguimos adentrándonos en el corazón de Andalucía, alcanzando a 27 kilómetros, la Perla de Sefarad, Lucena, que atesora la necrópolis excavada de origen judío más importante de la Península. Su origen eminentemente hebreo contrasta con el esplendor del barroco cordobés que caracteriza las calles y plazas del municipio, gracias a construcciones como el imponente Sagrario de la Parroquia de San Mateo, uno de los más bellos de Andalucía, y su magnífico retablo; así como el Palacio de los Condes de Santa Ana. Entre sus edificios destacan también la Casa de los Mora, una casa-palacio que se puede visitar, y que conserva un espléndido patio manierista porticado con arcos de medio punto y columnas sobre basamento de pedestal, en su centro conserva una fuente rodeada de jardín y palmeras; y el Castillo del Moral, donde estuvo prisionero Boabdil, el último rey de Granada. La calle Flores de Negrón conduce a uno de los barrios más antiguos de la ciudad, el popular Barrio de Santiago, posible arrabal judío, donde podemos visitar la Parroquia de Santiago, en cuya construcción se reutilizaron los materiales de la antigua sinagoga.

Lucena es conocida también por su generosa tradición alfarera, aquí todavía podemos visitar algunas alfarerías artesanas; y por su fervor religioso, que se manifiesta en la Semana Santa y en las fiestas Aracelitanas, que se celebran en honor a la Virgen de Araceli.
A seis kilómetros de Lucena, en la cima de la Sierra de Aras, se alza el Santuario de María Santísima de Araceli, balcón privilegiado de la naturaleza.
En Lucena, destacan los aceites de la Denominación de Origen Protegida “Aceite de Lucena”, aceites de oliva virgen extra, siendo su variedad principal la hojiblanca.

 


 

Por tierras de olivares y fabulosos aceites

A catorce kilómetros de Lucena, en el mismo centro de Andalucía y en pleno Parque Natural de las Sierras Subbéticas, nos aguarda Cabra, uno de los pueblos más señoriales de la ruta y todo un privilegio para los amantes de la naturaleza, puesto que la localidad parece enrocarse entre una suerte de sierras, manantiales y parajes naturales de gran belleza, como la Fuente del Río, la Fuente de las Piedras o el Paseo “Alcántara Romero” una de las joyas botánicas de la provincia de Córdoba.

Presidiendo su casco histórico nos encontramos su monumental muralla y el Castillo de origen árabe, junto a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y los Ángeles, el edificio religioso más importante de Cabra, que conserva la planta de una mezquita. Cabra conserva un rico patrimonio de fuerte influencia barroca que impregna las calles de la ciudad, dejando su impronta en casas señoriales y en iglesias como la Parroquia de los Remedios o la de Santo Domingo. Los Barrios de la Villa y del Cerro – el más pintoresco – dotan de gran encanto a la villa, con sus calles encaladas y balcones repletos de flores.

Bajo la Denominación de Origen de Baena, Cabra cuenta con excelentes aceites de oliva virgen extra. Para conocer sus secretos se puede visitar el Museo del Aceite “Molino Viejo” donde podremos descubrir los secretos de ese oro líquido tan característico de estas tierras de olivares.

Los amantes del senderismo y del cicloturismo cuentan aquí con la Vía Verde Subbética, que sigue, por cierto, las líneas ferroviarias en desuso de la Subbética, anteriormente utilizadas por el Tren de Aceite.

 


 

La carretera A-318 nos conducirá hacia el norte para llevarnos en veintisiete kilómetros hasta Baena, ciudad milenaria, que presume de contar con la Denominación de Origen de aceite más antigua de España, tal y como comprobaremos en almazaras como la de Núñez de Prado, emplazada en una antigua casa andaluza de labranza.

Pero Baena es mucho más gracias a su casco antiguo, típica estampa de un pueblo andaluz, que conserva parte de su fortaleza y el entramado de las calles de la almedina árabe; yacimientos arqueológicos como el Parque Arqueológico de Torreparedones, el más significativo —donde se han encontrado obras tan valiosas como la Leona de Baena, que se expone en el Museo Arqueológico Nacional—; o su Semana Santa, considerada Fiesta de Interés Turístico Nacional. El toque de tambor de las turbas de judíos que resuena en su Semana Santa ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 


 

Cuando naturaleza e historia se funden

Nuestra siguiente parada se encuentra a 33 kilómetros, en pleno Parque Natural de las Sierras Subbéticas. Se trata de Priego de Córdoba, en el límite de una fértil planicie, a los pies del circo de montañas que forman parte del Parque. El municipio conserva toda la esencia andaluza que podremos descubrir en el Conjunto Histórico-Artístico del maravilloso Barrio de la Villa, antiguo núcleo urbano de origen musulmán, un bello laberinto de estrechas y sinuosas calles que desemboca en el balcón del Adarve. Desde allí podremos disfrutar de una maravillosa estampa de estos parajes.

Su imponente Castillo de origen árabe, de carácter esencialmente militar, fue reformado en la Edad Media por los cristianos, y contiene la Torre del Homenaje, declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional. Destacan también sus iglesias, vivos ejemplos del hermoso barroco andaluz, que merecen una visita pausada para admirar los tesoros que albergan. Entre ellas destaca la Iglesia de la Asunción, joya artística del barroco. Pero, sin duda, el monumento más emblemático de la ciudad es la Fuente del Rey, declarada Monumento Nacional, con tres estanques en los que manan 139 caños, muchos de ellos con mascarones de piedra de rostros fantasmagóricos.

No hay que dejar la villa sin descubrir los aceites Denominación de Origen Priego de Córdoba, visitar una almazara para conocer su proceso de fabricación y sus olivares centenarios, ya que Priego de Córdoba es conocida en todo el mundo gracias a su aceite de oliva, una de las denominaciones de origen más premiadas y reconocidas internacionalmente. Y para relajarnos, qué mejor que una parada en la casa de Baños de la Villa, de origen árabe.

 


 
Ponemos el broche final a nuestra ruta a veintisiete kilómetros en Alcalá la Real, en la Sierra Sur de Jaén, presidida por la imponente Fortaleza de la Mota, un deslumbrante conjunto monumental, que se recorta en el horizonte a medida que nos acercamos al municipio, y que constituye el monumento más emblemático de la ciudad. Un recinto amurallado, con uno o varios arrabales entre el muro principal y el exterior. En su interior alberga el Centro de Interpretación Vida en la Frontera, vinculado a informar al visitante de cómo se vivía en una ciudad fortificada en una época caracterizada por las continuas inestabilidades de la frontera entre musulmanes y cristianos por hacerse con el poder. Pasear por las calles de la antigua ciudad medieval es todo un privilegio para el visitante, y permite descubrir los testimonios de edificios civiles y religiosos como la Torre de la Cárcel, la Alcazaba y la Iglesia de Santa Maria la Mayor – una de las iglesias abaciales más monumentales de la Andalucía de interior-, Casas de Cabildo, la Plaza Alta y el Barrio popular Bahondillo.
Alcalá la Real está declarada Conjunto Histórico Artístico, la Fortaleza de la Mota, con sus murallas y la Alcazaba, así como la red de atalayas ligadas a la misma, declaradas Bien Cultural de Andalucía.
Para entender la historia de esta pequeña población, es imprescindible adentrarse también en el casco urbano del pueblo – extramuros-, descender por la calle Real – que actúa como eje de expansión hacia el corredor natural que constituye el Llanillo y que se convierte en el centro de la ciudad- hasta Carrera de las Mercedes y visitar el museo Palacio Abacial. También vale la pena, adentrarse en las iglesias de la Consolación, Las Angustias, San Juan y El Salvador, así como el convento de la Encarnación. Si nos adentramos en el Barrio de Las Cruces, pura Andalucía por los cuatro costados, descubriremos la ermita del Ecce Homo, que conduce por un barrio de puro tipismo andaluz al Mirador de San Judas Tadeo, desde donde disfrutar de unas maravillosas vistas y de unos atardeceres inolvidables.

 


 

No lo dudes, emprende un viaje y déjate sorprender por nuestra ruta recomendada Caminos de Pasión, y siente la pasión por la Andalucía más tradicional. Ver la ruta..