Viajar en coche por el corazón de Andalucía permitirá al viajero descubrir pueblos con un rico legado histórico, una apetitosa gastronomía, los vinos de la DO Montilla-Moriles, una amalgama de paisajes y una exuberante colección de tradiciones que alcanzan su punto culminante durante la Semana Santa.

Esta ruta de Caminos de Pasión transcurre por las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla, y se detiene en algunos de sus pueblos más bellos: Alcalá la Real, Priego de Córdoba, Baena, Cabra, Lucena, Puente Genil, Écija, Carmona, Osuna y Utrera. La Semana Santa, que imprime carácter y tiñe de encanto a esta ruta en coche durante todo el año, se vive aquí con fervor y una gran sensibilidad.

El encanto de la campiña sevillana

Arrancamos nuestro camino de Pasión en el corazón de la campiña sevillana, la más extensa de las comarcas de la provincia, salpicada de localidades como Utrera, nuestra primera parada. Utrera presume de un rico patrimonio histórico y eclesiástico gracias a joyas como la iglesia del santuario de Nuestra Señora de Consolación, de estilo barroco clasicista, y a numerosos palacetes y conventos. Nada mejor que detenerse en cualquier plaza para admirarlos o para saborear el típico mostachón –dulce de bizcocho aplastado– y embelesarnos por el embrujo del flamenco.
Proseguimos rumbo a Carmona, que presume de poseer la arquitectura religiosa, civil y militar más lujosa de toda Andalucía. Y ello gracias a la herencia de romanos, árabes y cristianos. Aquí no debemos perdernos desde la necrópolis y el anfiteatro romanos a los alcázares de la puerta de Sevilla y del rey don Pedro. Y, por supuesto, la iglesia de San Felipe y Casa Hermandad de la Amargura, gran exponente del mudéjar regional, que custodia una de las imágenes más antiguas que procesionan en la Semana Santa andaluza: el Señor de la Amargura, esculpido en 1521 por Jorge Fernández Alemán.

Nuestra siguiente parada es la ciudad de las torres y del sol, Écija, epicentro cultural y artístico de la zona, de origen tarteso y con un rico legado romano. Hoy se presenta como una urbe orgullosa, salpicada de joyas barrocas y palacios como el de Peñaflor o el de Benamejí, e iglesias como la de Santiago y la de Santa Cruz, que en Semana Santa lucen espectaculares gracias a imágenes como la del Cristo de la Yedra, construida en 1500.
Dejamos atrás Écija y ponemos rumbo a la villa ducal de Osuna, dominada por la iglesia Colegial, la Universidad, el monasterio de la Encarnación y una importante herencia romana. Las huellas del duque de Osuna se dejan sentir todavía hoy gracias a un exuberante patrimonio monumental y eclesiástico, que alcanza su máximo esplendor gracias a procesiones y otros acontecimientos de tintes religiosos. Osuna ha sido, además, escenario de la mismísima serie Juego de Tronos.

De la Semana Santa a La Mananta

Nuestra ruta en coche por los Caminos de Pasión prosigue hacia Puente Genil, ya en Córdoba. Aquí la Semana Santa se convierte en La Mananta, una de las manifestaciones de fervor popular más singulares de la región, en la que hasta 23 cofradías procesionan desde el Sábado de Pasión al Domingo de Resurrección. Puente Genil es famosa además por su legado histórico-arqueológico, gracias a enclaves como la villa romana de Fuente Álamo, o su gastronomía, con su afamado dulce de membrillo.

Lucena, la perla de Sefarad y nuestra siguiente parada, combina su pasado hebreo, con la necrópolis judía excavada más grande de la península Ibérica, con varios ejemplos de excelente barroco cordobés, como el Sagrario de la parroquia de San Mateo o el santuario de Nuestra Señora de Araceli. Más a allá de su popular Semana Santa, la pasión se desborda en Lucena durante las Fiestas Aracelitanas, en las que, rumbo al santuario, los lucentinos demuestran su devoción por la Virgen.

Priego de Córdoba se encuentra en el límite de una fértil planicie, a los pies del circo de montañas que forman parte del Parque Natural de las Sierras Subbéticas. El Conjunto Histórico-Artístico del barrio de la Villa, antiguo núcleo urbano de origen musulmán, es un bello laberinto de estrechas y sinuosas calles que desemboca en el balcón del Adarve; desde donde podremos disfrutar de una maravillosa estampa de estas tierras.
Nuestros Caminos de Pasión se adentran ya en Jaén para alcanzar Alcalá la Real, presidida por el conjunto monumental de la fortaleza de la Mota, encaramado al cerro del mismo nombre. Este enclave de gran valor estratégico debido a su ubicación fue el núcleo de Alcalá la Real hasta su expansión por las laderas de la Mota. Hoy la localidad está repleta de bellos ejemplos de arquitectura religiosa, como, que en Semana Santa conforman los pilares de una celebración que combina religiosidad con la participación de muchos de sus vecinos en los pasos escenificados que se representan.

Tierra de olivares

Una colección de sierras, manantiales y parajes naturales de gran belleza rodean Cabra, emplazada en el mismo centro geográfico de Andalucía. Cabra conserva un rico patrimonio de fuerte influencia barroca, que impregna iglesias y palacios y sus tradiciones y fiestas, incluida la Semana Santa y varias celebraciones religiosas que se suceden a lo largo de todo el año. En el Centro de Interpretación del Tren del Aceite podremos descubrir que esta es, además, una de las capitales andaluzas de ese oro líquido tan característico de estas tierras llenas de olivares.
Siguiendo esta ruta del aceite alcanzaremos el final de nuestros Caminos de pasión en Baena, enclave milenario que presume de una de las Semanas Santas más coloridas de Andalucía, debido a sus cofradías y a las indumentarias que emplean, que representan, por ejemplo, a los judíos Coliblancos y Colinegros.

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