La cocina de Cataluña se ha posicionado entre una de las mejores del mundo y esta ruta gastronómica nos ayudará a descubrirla. El territorio catalán reúne doce D.O. de vino y cava, cinco de aceite y numerosos productos con el distintivo de calidad, además de diversas jornadas gastronómicas para deleite de los viajeros. Esta es una ruta en coche con todos los aromas posibles de un país interesante en muchos sentidos.

Si la dieta mediterránea la inventaron a principios de nuestra Era, los pueblos que vivían a orillas del Mediterráneo, Cataluña, en pleno siglo XXI es el lugar ideal para saborear sus beneficios. Esta circunstancia no debe extrañar ya que el primer recetario impreso que se conoce, el Libro de Sent Soví, fue escrito en catalán en 1324. De aquí hasta llegar a Ferrán Adrià pasó mucho tiempo, en el que restauradores fueron investigando y evolucionando la cocina tradicional de nuestras abuelas.

La gastronomía es un placer sensorial que entra por los ojos y el paladar. Una ruta gastronómica por Barcelona nos llevará a descubrir los renovados mercados municipales, donde se ha recuperado la tradición de comer en su interior.

Para seguir hablando de sensaciones nada mejor que acercarnos a la Cataluña interior y conocer el gusto del fuet, el espetec, la longaniza y las butifarras blancas y negras. Vic es la capital de estos productos y diversas empresas artesanales ofrecen esta posibilidad.

El Empordà y la Costa Brava reúnen todos los alicientes que un viajero desea encontrar. Paisajes preservados, pueblos que conservan su vocación medieval y una cocina que, entre otras virtudes, mezcla los ingredientes del mar y del interior. Hay que probar la gamba roja de Palamós y también los erizos de mar (garoines en catalán) para que el Mediterráneo explote en nuestra boca. Imprescindible el suquet de pescado, las recetas de “mar i muntanya” y las anchoas de la Escala, de las cuales podremos llevarnos algún frasco para que el viaje se perpetúe en nuestras casas. Y para terminar nada mejor que un cremat de rom junto al mar. Receta traída de las Antillas después de la guerra de Cuba que une al sabor, el placer visual del ron al quemarse con la canela, azúcar moreno, corteza de limón y granos de café.

La ruta en coche por los Pirineos nos mostrará que la cocina se vuelve más consistente y en la Garrotxa, en una tierra donde se extinguieron hace cien mil años los últimos volcanes de la península ibérica, las judías de Santa Pau han sido reconocidas como una de las mejores legumbres europeas. En la Cerdanya hay que probar el trinxat y el tiró amb naps (pato guisado con nabos). Y para digerir un poco de Ratafia, licor producto de la maceración de nueces verdes entre otros ingredientes.

En Cataluña, además de 50 restaurantes reconocidos con estrellas Michelin, hay numerosos platos tradicionales, muchos de los cuales se acompañan de jornadas gastronómicas. Tal es el caso de los caracoles en las comarcas leridanas, los calçots en el territorio de la Tarragona interior y el xató en las comarcas costeras entre Barcelona y Tarragona. Los caragols a la llauna cocinados a fuego vivo con sal gorda, pimienta y hierbas aromáticas, son un manjar, lo mismo que las cebollas tiernas (calçots) asadas y untadas con una salsa especial para ser engullidas de pie. El xató es una ensalada que incluye escarola, bacalao, aceitunas negras, anchoas, atún, frutos secos… y una salsa romesco. ¡Todo ello una verdadera fiesta!.

En el Penedès, nada mejor que vivir alguna experiencia con los vinos y cavas de esta D.O. Desde la visita a bodegas centenarias, música o teatro entre viñas, a la posibilidad de participar en las labores del campo. Una buena forma de poner la rúbrica a esta ruta gastronómica por Cataluña que libera la mente, hace feliz al paladar y alimenta el estómago.

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