Aguas de color verde esmeralda y azul turquesa y finas arenas que van del blanco al dorado; así son las playas de Cerdeña. Con casi dos mil kilómetros de costa, el variado paisaje de la isla esconde precioso rincones que invitan a ser descubiertos.

El auge de la isla comenzó cuando el Aga Khan recaló en la Costa Esmeralda a principios de los años 1960 y la convirtió en un lujoso destino turístico. Todavía se respira aquella atmósfera paseando por Porto Cervo o acercándose a las playas de Isuledda de Cannigione o a la del Pevero.

Algo más al norte, en dirección a Córcega, se encuentra el archipiélago y Parque Nacional de la Maddalena, una visita muy recomendable si se tiene tiempo y ganas de descubrir un increíble paisaje conformado por rocas caprichosamente moldeadas por la acción del sol, el agua y el viento. Cuenta con numerosas playas de aguas transparentes donde ponerse unas gafas de buceo y admirar el bello fondo marino resulta imprescindible.

En la costa este, a los pies de las altas montañas del Parque Nacional de Gennargentu, se hallan las famosas Cala Luna, con sus cuevas de roca blanca; Cala Gonone, otro bello lugar en el que darse un baño, y Cala Goritzé, una de las más fotografiadas.

Si nos dirigimos hacia el sur, donde está ubicada Cagliari, podemos aprovechar para descubrir las playas de Chia y Teulada, merecido descanso tras las visitas culturales de la capital.

En la costa oeste os esperan las blanquísimas dunas de Piscina, de sesenta metros de altura, y las apenas conocidas playas de la península del Sinis, un paraíso de arena dorada.

También el litoral que rodea a la hermosa localidad pesquera de Alguer cuenta conplayas y calas de belleza extraordinaria. Las del golfo de Asinara son un destino perfecto para los amantes de las aguas cristalinas y la placidez.