Tirol muestra con la llegada de la temporada estival nuevos matices que invitan a su visita: arroyos de agua cristalina, lagos encajados entre montañas, inmensos prados salpicados de coloridas flores… Un magnífico escenario para pasar unos días de verano aprovechando, además, la estupenda oferta cultural de enclaves históricos como Innsbruck.

 


El entorno natural en esta zona es impresionante. Innsbruck, por ejemplo, está situada en un enclave con la majestuosa cordillera Nordkette como telón de fondo. Se trata de un lugar con encanto en el que se combina un rico legado histórico con varios guiños a la modernidad: un ejemplo es el trampolín de saltos de Bergisel, obra de la aclamada arquitecta iraquí, Zaha Hadid.
Te proponemos caminar sin prisas por Innsbruck para disfrutar de calles como Maria-Theresien-Strasse, lugar ideal para pasear, ir de compras, sentarse en un café al aire libre, admirar los imponentes edificios barrocos y disfrutar de las vistas. En mitad de su bello casco antiguo, de estilo gótico, aparece el Tejadillo de Oro, un espléndido mirador construido por Maximiliano I en 1500, recubierto por 2.657 tejas de cobre doradas al fuego, todas ellas originales. Tampoco hay que perderse la columna de Santa Ana o el aristocrático palacio Imperial de Hofburg, antigua residencia de los príncipes del Tirol.
Abandonamos Innsbruck rumbo a la región de Hall Wattens. Situada en pleno corazón de la región tirolesa, alberga una de las ciudades históricas más bonitas de Austria: Hall in Tirol, emplazada a sólo diez kilómetros de la propia Innsbruck. Halle, origen del nombre de la localidad, significa “ciudad de los trabajadores de sal”, aludiendo a las famosas minas de sal de la zona.
Muchos de los visitantes que pasan por aquí aseguran que el casco histórico de Hall es uno de los más bonitos del país, gracias a construcciones como la Casa de la Moneda, o a la plaza Obere Stadtplatz que, con el Ayuntamiento y la iglesia parroquial de estilo gótico de San Nicolás, transmite un encanto particular que nos hará sentirnos en plena Edad Media.

 


Muy cerca de aquí se encuentra El Mundo de Cristal de Swarovski, un lugar de fantasía que mezcla jardines, lagos y toda la magia de la firma. Catorce cámaras de las maravillas que guardan brillantes obras de arte de cristal, en un viaje sensual en el que es difícil diferenciar los sueños de la realidad.
El lago Achensee, el mayor de Tirol con más de seis kilómetros cuadrados de superficie, es otro de los tesoros naturales de la región. En él se pueden practicar deportes acuáticos y disfrutar de una lámina de agua verde esmeralda con apariencia de fiordo. No es Noruega, no, sino los Alpes austríacos. Kramsach también es sinónimo de naturaleza desbordante y de lagos: hasta seis se encuentran en sus inmediaciones.

 


Muy cerca, Rattenberg, el “pueblo del cristal”, presume de ser la localidad más pequeña del Tirol, con apenas 400 habitantes. Aun así, cuenta con un un bello casco histórico y un singular castillo.
Al oeste de Innsbruck, con la llegada de la primavera y el verano, las nieves de las pistas de esquí de Arlberg dejan paso a una naturaleza casi desconocida y a unos paisajes que invitan a adentrarse en los pueblos y bosques alpinos, bien para detenerse en cualquier rincón a contemplar el paisaje, bien a disfrutar de su rica oferta de turismo de ocio y naturaleza: senderismo, cicloturismo, escalada… combinada con una rica gastronomía y alojamientos de ensueño. En Arlberg encontraremos St. Anton am Arlberg, su puerta habitual de entrada, y punto de partida de los teleféricos rumbo a Valluga y Rendl, así como una red de senderos alpinos.

 


que parten del municipio; St. Christoph, situada a 1.800 metros sobre el nivel del mar, que destaca por sus modernos hoteles y restaurantes a pie de pista; y Lech-Zürs, a apenas treinta kilómetros, representa el glamour y el lujo de Arlberg: cuna de varios esquiadores austríacos de talla mundial, es destino habitual de las familias reales más destacadas; por lo que la oferta de alto nivel se da por descontada.
Las impresionantes cascadas de Krimml, las más altas de Europa, se hallan a 98 kilómetros al este de Innsbruck, en el Parque Nacional de Hohe Tauern. El viaje desde la capital del Tirol permite empezar a comprobar que Austria es un prodigio en carreteras panorámicas desde las que disfrutar de impresionantes vistas, sobre todo si decidimos recorrer la Grossglockner Hochalpenstrasse, la carretera alpina más famosa de Austria, que se retuerce siguiendo el trazado de la vía que llevaba a Italia en la Edad Media y que atraviesa de norte a sur el Parque Nacional Hohe Tauern.

 


Continuamos nuestra andadura en el bucólico pueblo de Mittersill, lugar ideal para saborear una buena cerveza austriaca. Por cierto, para los que quieren esquiar también en verano: Zell am See es la única estación de esquí europea en la que uno puede deslizarse por la nieve incluso en pleno verano. Y ello gracias a un portentoso glaciar que la alimenta 365 días al año. Desde aquí podremos acercarnos a Kitzbühel, una de las mejores y más famosas estaciones de esquí del Tirol Oriental, que se asienta sobre un pueblo del siglo XIII.

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