Córcega, la isla que vio nacer a Napoleón, es una de las islas más grandes del Mediterráneo, un territorio virgen alejado aún del turismo masivo, con una naturaleza de extraordinaria belleza que se manifiesta en todos los rincones, en sus playas y acantilados de roca volcánica, en los valles punteados de vides, olivos y naranjales, en los ríos rebosantes de truchas y en las flores silvestres que cubren la isla con un manto multicolor. Su carácter isleño aflora en el folklore y en una gastronomía tan diversa como celebrada. Córcega es la más verde, la más preservada, la más irrigada, la más montañosa y la más variada de las islas del Mediterráneo. Los griegos de la Antigüedad consiguieron definirla en una palabra: Kallisté, la más hermosa.

Itinerario detallado

Iniciamos nuestra ruta recomendada por Córcega, una de las islas más grandes del Mediterráneo, territorio virgen, alejado del turismo masivo, con una extraordinaria naturaleza. ¿ Vamos a descubrirla ¡

Nuestro viaje se inicia en Calvi, uno de los enclaves costeros más bonitos de Córcega. Su parte alta luce la Ciudadela del siglo XV, con murallas genovesas que dominan el paseo marítimo, y la catedral St-Jean-Baptiste. La parte baja es la zona de mayor ambiente. Allí se encuentra Ste-Maie-Majeure, un templo de color rosado y estilo barroco. La ciudadela de Calvi le costó un ojo al capitán Nelson cuando la flota británica intentó tomarla por asalto en 1794. Hoy causa admiración por la transparencia de sus aguas, enmarcadas por el arco perfecto del golfo que nombra a la ciudad. Aunque los lugareños afirman que ésta es la ciudad natal de Cristóbal Colón, por lo que realmente merece ser famosa es por sus sopas, como suppa corsa de verduras y la aziminu de marisco.

A 30 Km. de Calvi por la N197 llegamos a l’Île Rousse, un animado centro vacacional. Este pueblecito ofrece un agradable puerto muy animado y una acogedora playa. Su centro, la plaza Paoli, rebosa de cafés, tiendas y jugadores de petanca que se cobijan en la sombra de los árboles. Su mercado cubierto cuenta con la mejor charcutería de la isla, buenos quesos y pescados y coloridos ramos de flores. Pero el producto más valorado es la lubina que se sirve en algunos de sus restaurantes. Un trenecito bordea la bahía hasta Isola di la Pietra, un islote con rocas graníticas rojas.

Retomamos la carretera de la costa, esta vez en dirección sur hasta Porto. La geografía excepcional de este pueblo y el golfo que lleva su nombre han convertido esta bahía paradisíaca en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su torre vigía genovesa de 1549 ofrece unas maravillosas vistas sobre el golfo. Este pueblo ha sabido conjugar su belleza natural con modernas instalaciones para la práctica de deportes acuáticos. A ambos lados de su bahía se ciernen altos acantilados que esconden playas con mucho encanto. Las aguas claras de la reserva natural de Scandola rebosan de vida marina. A pocos kilómetros, la D84 penetra por una garganta excavada en la roca conocida como Gorges de Spelunca, que avanza por pueblos de montaña como Ota o Pianella, con típicos puentes genoveses que son verdaderas joyas de la arquitectura del lugar.

A 2 Km. de Porto por la D81 empiezan los Calanques, bellas formaciones graníticas que conducen a Piana. Este pueblo de casitas blancas celebra en su iglesia barroca el Día del Brucciu, un festival dedicado a su tradicional queso de oveja.

Momento de visitar Ajaccio, capital de la isla, ubicada en uno de los golfos marinos más bellos del mundo. Empezamos por el barrio genovés, un entramado de calles estrechas y casas de fachadas de color pastel. Una de ellas es la Maison Bonaparte, casa natal del emperador, convertida en un museo que ilustra la historia familiar. Otro museo interesante es el de Fesch, instalado en un palacio del siglo XIX. Tiene la colección francesa más importante de arte primitivo italiano después del Louvre. Tomamos un café en la place Foch y continuamos hasta la catedral Notre-Dame de la Miséricorde, de estilo renacentista veneciano, lugar del bautismo de Bonaparte. Después pasamos por la Enoteca, donde se exponen los mejores vinos con Denominación de Origen Ajaccio, y finalizamos el recorrido en el puerto, paseando por el muelle bajo la atenta mirada de su hermosa Citadelle del siglo XVI.
Esta ciudad de colores pastel vio nacer a Napoleón Bonaparte, tal como atestiguan la catedral de Santa María, lugar de su bautismo, y la cantidad de estatuas y bustos erigidos en su memoria que adornan las calles. Un mercadillo al aire libre completan el conjunto.

Nos dirigimos hacia el sur por la N-196 hasta Filitosa. Descubierto en 1946, este yacimiento prehistórico cuenta con una de las alineaciones de menhires más importantes de la isla: son guerreros de piedra de más de 4.000 años de antigüedad. Un pequeño museo ilustra la historia del yacimiento. Este yacimiento demuestra que la isla de Córcega estaba habitada en fecha tan lejana como el año 5.850 a.C. Menhires, fortificaciones romanas y unas curiosas esculturas formadas a partir de un megalito “armado” con una espada, esperan al visitante.

Nuestro recorrido recomendado prosigue hacia Bonifacio, la localidad más meridional de Córcega. Fundada en el siglo IX en la cima de una península de acantilados calizos moteados de musgo verde, esta ciudad medieval disfruta de unas vistas inigualables sobre el Mediterráneo. Desde el puerto se asciende hasta el Bastión de l’Étendard, baluarte defensivo del siglo XVI. Escaleras labradas en la roca nos conducen a su cima para mostrarnos la belleza indómita de la costa corsa Los más atrevidos pueden volver al mar por la Escalier du Roi d’Aragon, descendiendo por la zona más escarpada del acantilado.

Desde Bonifacio recorremos la costa oriental hasta Porto-Vecchio. Ésta es la tercera ciudad de Córcega, un destino turístico muy apreciado por la belleza y variedad de sus playas, entre las que despunta la de Palombaggia por su arena blanca, acantilados rosados, dunas, pinos y un hermoso mar azul. Frente a ella se encuentra la reserva marina de las Îles Cerbicale. Erigida por los conquistadores genoveses en el extremo sur de la isla, esta población fortificada es uno de los enclaves turísticos corsos más admirados gracias a sus robledales y a la belleza y variedad de sus playas. Su puerto deportivo se cuenta entre los más importantes de Córcega.

Del extremo sur al norte por la N-198 hasta Bastia, típica ciudad de estilo genovés al pie de la península del Cap Corse. Es la segunda ciudad de Córcega y su capital económica. Bastia posee un puerto de primera categoría y un rico patrimonio histórico y religioso concentrado principalmente alrededor de dos puntos: la plaza de l’Hôtel de Ville, con la capilla de l’Immaculée Concepción y la iglesia de St-Jean Baptiste, ambas del siglo XVII, y el interior de su ciudadela, que alberga la capilla barroca de la Sainte-Croix y Sainte-Marie, del siglo XV. Puerto próspero y ciudad monumental, Bastia declina sus tejados de terraza en terraza, por callejuelas estrechas, hasta el mismo nivel del mar. Cuenta con un magnífico legado cultural y un puerto de coloridos edificios de estilo italiano que emana un aroma auténticamente mediterráneo.

Córcega es un paraíso turístico, pero sobre todo un deleite para quienes deciden adentrarse en su tradición culinaria, que mezcla la fuerza de la cocina mediterránea con sabores autóctonos y salvajes. Sin duda la “Isla de la Belleza” seduce.

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