Sentir, vivir y disfrutar de la denominada Isla de la Belleza, del saber hacer de sus artesanos y de las tradiciones más auténticas, son la esencia de este itinerario por la perla gala del Mediterráneo, de preciosas playas y secretos balcones sobre el mar, de rico patrimonio histórico y cultural, sublimes paisajes y deliciosa gastronomía, cuna de Napoleón.

 


© Juan Coma – tusdestinos.net

Córcega entera está impregnada por la Route des Sens Authentiques —del saber hacer de los corsos—, una invitación a visitar el corazón de la Corsica más genuina, marcada por productos agrícolas y artesanos de origen antiquísimo. Durante nuestra visita podremos acercarnos a alguna bodega para disfrutar de elaboraciones como el Cap Corse Mattei y el muscat, saborear las langostas en Centuri, recorrer los viñedos de la Alta Córcega, probar el queso brocciu -uno de los productos abanderados de la cocina corsa-, o contemplar cómo elaboran sus creaciones los mejores artesanos locales: cuchilleros, alfareros, ebanistas, lutieres, vidrieros, reposteros… Hombres y mujeres que trabajan a diario en pos de la calidad y la conservación de las tradiciones, sin dejar de adaptarlas a las nuevas necesidades.

 


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La enigmática Bastia, ciudad de Arte e Historia, es la puerta de entrada ideal a la isla. De ambiente marinero y estrechos callejones custodiados por viviendas de vívidos colores, invita a perderse en ella. La ciudadela, las plazas de Saint-Nicolas o la del Mercado, la iglesia de Saint-Jean-Baptiste o la comercial y cosmopolita calle de Napoleón nos están esperando. El Vieux Port es el lugar perfecto para sumergirse en la cocina local, elaborada a base de productos del mar y unos excelentes vinos.
En la plaza de Saint-Nicolas son de obligada visita los Établissements Mattei, que ocupan un edificio emblemático con una fachada en forma de diamante, donde podremos descubrir una muestra de los mejores vinos de Córcega y probar el Cap Corse Mattei, un afamado aperitivo a base de vino local y quina.

 

Proseguimos esta ruta en busca de una de las estampas más famosas de la isla, la que conforman las torres genovesas que salpican el Cap Corse, la inconfundible península que marca la silueta de la isla, un dedo imaginario que apunta hacia el Viejo Continente. La fusión de tierra y mar alcanza aquí su máxima expresión gracias a la cordillera que atraviesa la península de norte a sur. La carretera que la rodea, la D80, serpentea casi a pie del Mediterráneo y nos regala maravillosas vistas, guiándonos a través de encantadores pueblos de pescadores y tradición vinícola: el inspirador Erbalunga; el majestuoso Rogliano y su puerto, Macinaggio; Centuri, un pequeño puerto de aguas cristalinas famoso por sus langostas; Nonza, mirador de miradores asomado al golfo de Saint-Florent; y Patrimonio, la capital de los vinos corsos.

 


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Sin duda alguna, la visita a Patrimonio es una invitación a recorrer los viñedos más apreciados de la Alta Córcega y descubrir sus excelentes vinos. Se pueden seguir diferentes rutas del vino y descubrir los viñedos del DOP Corse Coteaux du Cap Corse y del Muscat du Cap Corse con viñas plantadas en finas terrazas en terrenos vertiginosos. En las 33 bodegas existentes, se producen tintos potentes y a la vez delicados, rosados de gran carácter y varios blancos, a los que se une el muscat du Cap-Corse, un vino dulce elaborado con moscatel blanco. La producción se basa en pequeños cultivos con diferentes variedades de uva, lo que permite lograr vinos complejos, tanto en su estructura como en nariz. Los viticultores muestran con pasión sus viñedos y bodegas, su saber hacer secular, y dan a degustar los diferentes vinos. Entre ellas, Domaine de Pietri, en el pueblo de Morsiglia, una bodega que vela por la preservación de las técnicas tradicionales de elaboración del vino, con el fin de preservar el legendario bouquet de sus vinos; o Domaine Orenga de Gaffory, donde sus 56 hectáreas de viñedo han entrado en conversión biológica, en una clara apuesta por la fusión de Tradición y modernidad.

 

Muy cerca, Saint-Florent disfruta de una ubicación privilegiada entre el Cap Corse y el desierto de Agriates, la reserva natural más grande del Mediterráneo, que hemos de atravesar para llegar a nuestro siguiente destino: Calvi, uno de los enclaves costeros más bonitos de Córcega. La ciudadela de Calvi se presenta ante nosotros encaramada a un promontorio rocoso con sus muros que se adentran en el mar. Rodeada de playas paradisíacas, está unida históricamente a Cristóbal Colón y a Napoleón Bonaparte, quien nació aquí hace 250 años. En ella visitaremos las iglesias de Saint-Jean Baptiste y de Sainte-Marie-Majeure, el puerto y la marina. Cerca del puerto y la ciudadela, hemos de visitar el taller de cuchillería de Pol Demangeot en Fort Mazello (se recomienda pedir cita) que da forma a piezas únicas de cuchillos, y donde podremos descubrir el arte de la cuchillería corsa.

 


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Calvi es el punto de partida de la llamada Ruta de los Artesanos (Route des Artisans), que nos permite recorrer los pueblos del interior de la Balagne y disfrutar en primera persona las tradiciones y los oficios artesanos más auténticos de la isla. En 1964 se fundó en Pigna, Corsicada, una cooperativa creada con el firme propósito de revitalizar los oficios de otro tiempo y promover su innovación. Hoy es posible conocer lo mejor de la tradición artesana local a través de sesenta artesanos que abren las puertas de sus talleres, y donde se puede admirar el trabajo con infinito mimo y destreza de sopladores de vidrio, lutieres y fabricantes de violines y cajas de música, alfareros, grabadores, .. o reposteros especializados en los deliciosos canistrelli, galletas cuyo aroma nos sumerge en el corazón de Córcega.

La ruta que discurre entre la ciudad de Calvi y L’Ile Rousse por el interior, también reserva sorpresas, como algunos de los pueblos más bonitos y pintorescos de Córcega: en Calenzana, arranca la magnífica ruta senderista GR20, que atraviesa la isla de norte a sur; Sant’Antonino, es uno de los Pueblos Más Bonitos de Francia que, además, ofrece una imponente vista del litoral y del interior de la Balagne, repleta de pueblos «esculpidos» en la montaña; y la medieval Pigna, que seduce a primera vista con sus callejuelas y casas de color amarillento y persianas azules. Es también un activo centro artesanal. Y, como colofón, la Île-Rousse, ciudad costera que debe su nombre a las rocas de pórfido rojo de la cercana isla de Pietra, uno de los emblemas de la localidad. Sus playas de arena blanca, sus bonitas calles empedradas o el precioso mercado cubierto con 21 columnas hacen muy recomendable su visita.

 

A continuación nos adentraremos en el golfo de Porto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, para descubrir sitios excepcionales como la Reserva Natural de Scandola, el golfo de Girolata y las calanques de Piana.
Desde la marina del pueblo de Porto Ota tomaremos un barco rumbo a la Reserva Natural de Scandola, 1900 hectáreas de reserva marina y terrestre de enorme biodiversidad. El golfo de Girolata, en el que se ubica la reserva, es otro encantador rincón marinero rodeado de montañas, que parece una réplica en miniatura del golfo de Porto. Entre Porto y Piana, conviene no perderse las calanques de Piana, imponentes bloques esculpidos en piedra de varios cientos de metros de altura que parecen, a veces, siluetas de animales. El pintoresco Piana es otro de los pueblos corsos más bonitos.
Antes de poner rumbo a la capital de Córcega, Ajaccio, pararemos en la singular Cargèse, fundada en 1676 por griegos huidos de los otomanos. Y en Sari d´Orcino, para ver el taller de cuchillería Bertrand Gilhol, que nos explicará con pasión los procesos de elaboración artesana del famoso cuchillo corso, el cuchillo plegable, también llamado cuchillo de pastor o Cornicciolu, uno de los productos más emblemáticos de Córcega.

 

Ajaccio es Ciudad de Arte e Historia y la cuna de Napoleón. Esta maravillosa metrópoli, abierta al mar y con las montañas a su espalda, preside un magnífico golfo. Al recorrerla, nos seduce con los colores vivos de sus viviendas, que juegan con la luz maravillosa del Mediterráneo, con la jovialidad que se respira y con su ambiente nocturno. Está repleta de lugares, estatuas y calles que recuerdan al emperador Bonaparte: la casa en la que nació el 15 de agosto de 1769 —la Maison Bonaparte, en la calle Saint-Charles—, la catedral en la que fue bautizado, los salones napoleónicos del ayuntamiento… El Museo Fesch nos permite conocer la fastuosa colección de pintura reunida por el cardenal Joseph Fesch, tío de Napoleón, con cerca de 16000 obras de los siglos XIV a XIX. Al atardecer, es imprescindible acercarse a la punta de la Parata para ver la puesta de sol sobre las islas Sanguinarias, en las que el sol parece desangrarse.

 


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Muy cerca de Ajaccio podremos visitar la pequeña fábrica de quesos de Jean-François Brunelli, el único maestro quesero de la isla, para probar y ver cómo elabora un riquísimo queso brocciu, fresco y suave, que todavía prepara en calderos de cobre casi centenarios, siguiendo la más pura tradición corsa.

 

Situada en el centro de la isla, Corte, nuestro siguiente destino, es un escenario excepcional para vivir la cultura corsa más auténtica. Antigua capital de la isla y hoy vibrante ciudad universitaria, está situada en un «Nido de Águilas». Sus sinuosas callejuelas nos conducen hasta rincones como la iglesia de la Anunciación, la plaza Paoli o el Palazzu Naziunale. Los más golosos tienen parada obligada en la cercana Sovéria, en la Confiserie Saint Sylvestre, en la que se pueden comprar y degustar frutas confitadas, turrones de diversos tipos, caramelos, chocolates… ¡Una delicia!

 


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Cogemos de nuevo el coche para visitar el yacimiento arqueológico de Aléria, que nos trasladará ocho mil años atrás, hasta la primitiva capital de Córcega. Aquí podremos sumergirnos en el Museo Arqueológico Jérôme Carcopino, emplazado en el fuerte de Matra, y podremos pasear por el estanque de Diana. Muy cerca de Aléria, visitaremos la destilería Domaine Mavela, para conocer mejor el universo Mattei y los secretos de fabricación de los aguardientes, licores y wiskis corsos; el Moulin Oltremonti, una almazara en el que se produce un excelente aceite de oliva virgen, la finca vitivinícola Domaine Terra Vecchia, y el taller de aceites esenciales Domaine Amuredda, donde muestran cómo elaboran las tradicionales esencias locales.

 


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