Con un esplendoroso pasado romano y medieval, las villas de pescadores de la Costa Azul se han transformado en destino turístico de fama mundial. Coches de lujo, yates de ensueño y mansiones inaccesibles lo certifican, así como la presencia de la jet set paseando al atardecer por Cannes o jugando en el Gran Casino de Mónaco. Pero la Costa Azul es mucho más. Bajo la apariencia deslumbrante se ocultan pueblos marineros bien conservados y parajes donde la naturaleza es la protagonista.

Saint-Tropez y Monaco enmarcan este recorrido por el litoral más glamuroso de Francia, donde lugares como Niza, Cannes, Saint Tropez o Mónaco no necesitan presentación.

La ruta por la Costa Azul arranca en St-Tropez, que dominando el golfo y el macizo de Esterel, es una de las estaciones balnearias de moda en Francia desde que Brigitte Bardot la hiciera famosa en 1956. Saint Tropez cuenta con sabrosos barrios de pescadores como La Ponche, y también con plazas encantadoras como la Plaza des Lices, donde la sencillez y tipismo contrastan con los yates de lujo del puerto.

Al noreste de St. Tropez nos encontramos con las ciudades de Fréjus y de St-Raphaël, que casi se confunden en una. Del pasado romano, Fréjus conserva un anfiteatro y algunos restos dispersos entre sus casas color pastel. Camino de Cannes nos adentraremos por la N-98, sinuosa carretera de la cornisa del Macizo del Esterel. La primera parada será en el Semáforo del Dramont, donde un suave paseo nos acercará a un mirador con fabulosas vistas de la costa y montañas. Otros puntos de interés paisajístico son la Punta del Observatorio y en la Punta del Esquillon. El resort de Mandelieu-La Napoule disfruta de un magnífico castillo del s. XIV. Después llegaremos a Cannes, ciudad famosa por su festival de cine. El elegante Boulevard de la Croisette bordea por un lado el Port Vieux y por otro una alineación de hoteles y tiendas de lujo. El barrio antiguo del Suquet es encantador.

Abandonamos Cannes por la A7, echando un vistazo a las Îles de Lerins, justo frente a la ciudad, donde sufrió prisión el Hombre de la Máscara de Hierro según la novela de Alexandre Dumas. Otro famoso, Napoleón, desembarcó algo más adelante, en Golfe-Juan, a su regresó de la isla de Elba. Tras pasar Juan-les-Pins, llegamos a Antibes, ciudad que ha conservado su pintoresquismo mediterráneo a la sombra del castillo de los Grimaldi. Hoy alberga gran cantidad de obras de Picasso, quién trabajo durante años en esta localidad.

Abandonando la costa por unas horas, hacia el interior destaca Grasse, meca del perfume, y rodeada de campos de lavanda, jazmín y rosas. No hay que perderse la fiesta del jazmín en julio, los campos floridos en primavera, su Museo Internacional del Perfume, ni las perfumerías Fragonard, Gallimard o Molinard.

De Antibes nos desplazamos a Niza, capital de la región, no sin antes detenernos en St-Paul de Vence, un pequeño y encantador pueblo fortificado que aún conserva toda la esencia medieval en su casco histórico. Alabada por artistas como Braque, Chagall o Picasso, la ciudad atesora una gran colección de arte moderno en la Fundación Maeght. Ya en Niza, que a pesar de ser una ciudad grande sigue conservando un casco histórico con mucho encanto, podemos pasear por la Promenade des Anglais, así llamada por la colonia inglesa del s. XIX, uno de los paseos marítimos más cosmopolitas de Europa y escenario de su famoso carnaval, donde destacan los edificios Art Deco como el Palais de la Méditerranée o el Hotel Négresco.

La ruta por la Costa Azul nos lleva ahora hasta el Principado de Mónaco. Para llegar allí podemos pasar por el Belvédère d’Eze, impresionante mirador con vistas desde Cap Ferrat hasta los Alpes franceses e italianos, y por La Turbie desde cuyo Trofeo de los Alpes, un monumento romano, se obtiene una espléndida vista de Mónaco. También se puede optar por la ruta de la exclusiva Cap Ferrat, donde las fabulosas villas impiden la vista del mar, y la encantadora Villefranche-sur-Mer. Por su parte, Mónaco conserva todo el esplendor de la arquitectura Piamontesa. No hay que perderse las fascinantes vistas que se obtienen desde la famosa carretera panorámica Grande Corniche que, a 500 metros sobre la costa, se extiende entre las montañas de Niza y Menton, casi en la frontera con Italia.

La última jornada en la Costa Azul aprovecharemos para conocer a fondo la ciudad de Mónaco, desde el barrio Le Rocher, donde se encuentra el Palacio del Príncipe, la catedral y el Museo Oceanográfico, hasta el de Monte-Carlo, con el mítico Casino y abundancia de tiendas de lujo y villas espléndidas.
Esta ruta te permitirá conocer las visitas imprescindibles de la Costa Azul. Ver la ruta