Símbolo de la bondad canina, el perro San Bernardo se ha convertido en uno de los más tiernos emblemas de Suiza. La valentía y lealtad de esta raza le ha valido su reconocimiento en todo el mundo.

Aunque es fácil verlos en otros lugares del mundo, pues se trata de una raza muy popular y apreciada por los amantes de los perros, los San Bernardo tienen su particular hogar en los Alpes suizos. Cerca de Martigny, una encantadora población a orillas del río Ródano en la región de Valais, que es famosa por su impresionante patrimonio histórico y su gastronomía, se encuentra el Hospicio del Gran San Bernardo.

Este singular hogar de perros San Bernardo se fundó en la Edad Media por monjes agustinianos, quienes utilizaban a los canes como animal de carga y, más tarde, como perros de rescate.

La fundación que se encarga de su cría y cuidado en la actualidad lleva el nombre de uno de los más famosos ejemplares de la historia, el mítico Barry, que salvó la vida de cuarenta personas durante sus catorce años de vida, a principios del siglo XIX.

En la visita se pueden contemplar los perros, que en verano residen en un puerto de montaña a 2.500 metros de altitud, y pasear con ellos en grupos de diez personas. En invierno bajan a su hogar de Martigny, donde también se pueden ver y sacar de paseo. En la localidad existe, además, un Museo del Perro en el que hay una exposición sobre la historia de los famosos canes.

¿A qué no adivinas cual es el principal recuerdo de la zona? Pues sí, el pequeño barril que llevaban colgado al cuello los perros y que iba lleno de licor para animar a los que se perdían en las heladas cumbres alpinas.