Con sus más de 23 kilómetros de longitud, el Aletsch es el glaciar más grande de Europa. La mejor forma de contemplarlo es subir en telecabina a alguna de las enormes cimas que lo rodean y dejarse cautivar por el esplendor alpino.

Entre las muchas maravillas que depara el paisaje suizo, sobresale por su espectacularidad el Parque Natural de Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Limita al sur con el valle del Ródano, en la región de Valais, y está formado por un extraordinario grupo de altísimas montañas, profundos valles y gigantescos glaciares.

El Aletsch nace a cuatro mil metros de altura, en la montaña de Jungfrau. De allí parten tres enormes lenguas de hielo y nieve que, tras confluir en Konkordiaplatz, van a morir al Ródano.

Para poder vislumbrarlo en todo su esplendor hay que tomar dos telecabinas: uno que va de Fieschy a Fiescehralp y otro que desde allí alcanza la estación de Eggishorn, a 2.869 metros de altitud. Además de tener las mejores vistas sobre el famoso glaciar, se puede aprovechar el ascenso para practicar senderismo, pues en la cima hay varias rutas perfectamente indicadas. Una de las mejores es la que lleva a los lagos de Marjelensee y Vordersee.

Y no hay que olvidar que la región de Valais tiene mucho que ofrecer, además de sublimes paisajes de montaña. Al abrigo de los tremendos picos alpinos se extienden preciosos lagos navegables, bucólicos pueblos y preciosas ciudades medievales.