Dicen que es una de las montañas más fotografiadas del mundo y lo cierto es que, cuando se observa su reflejo en el lago Riffel, se comprende. Ante semejante belleza uno no puede sino intentar inmortalizar para siempre tan sublime imagen.

Los italianos la llaman Cervino y los suizos Matterhorn, pero ambos están de acuerdo en que, con sus 4.478 metros de altura, es una de las más bellas estampas de Valais, una preciosa región alpina que cuenta además con numerosos glaciares, lagos y elegantes ciudades.

Los amantes de la naturaleza quedarán deslumbrados ante el paisaje de esta zona de Suiza. Alienados entre el glaciar del Ródano y el lago de Ginebra, se pueden admirar más de cuarenta picos que superan los cuatro mil metros de altura. El Matterhorn es uno de los más anhelados por los escaladores, pues la ascensión es realmente difícil  y no son pocos los experimentados montañistas que han perdido la vida en el intento.

Desde la prestigiosa estación de esquí alpina de Zermatt parte un teleférico hasta la cima del Klein Matterhorn, el pequeño Matterhorn. Es la estación de teleférico más alta de los Alpes y desde ella se goza de una magnífica vista panorámica sobre la mítica montaña, separada de su hermana menor por el glaciar de Theodul.

Otra de las espectaculares obras de ingeniería de Zermatt es el tren cremallera que conduce hasta Gornergrat, a 3.089 metros de altitud y también con unas vistas impresionantes, aunque quizás sean aún mejores las que se obtienen desde el teleférico de Rothorn, que lleva hasta Sunnegga y que, colgado del aire por un férreo sistema de cables, es un mirador en sí mismo.

Pero Valais es más que altas cimas, pues bajo las soberbias cumbres se extienden frescos lagos, verdísimos prados e incluso campos de viña de los que se obtienen excelentes vinos. Paseando por sus pueblos y ciudades se descubre un rico patrimonio arquitectónico de atractivas callejuelas medievales, románticos castillos y altos campanarios.