Tierras Altas y Bajas, horizontes repletos de lagos, paisajes dramáticos que sonríen a cada rayo de sol, una capital reconocida como Herencia del Mundo, olores a malta fermentada que flotan en el aire, juegos de atletas que compiten en faldilla, un monstruo llamado Nessie, islas que preservan su virginidad, ciudades que se animan al son de las gaitas, un pueblo cordial que se viste de tartán, estas son algunas pinceladas que esbozan Escocia, una tierra de castillos y leyendas.

 


Edimburgo, capital de Escocia y sede del mayor festival interdisciplinar del mundo, dispensa una gran acogida. Instalada sobre un cerro volcánico, la capital escocesa es un cóctel de historia medieval, literatura y artes escénicas. Tiene el color gris oscuro de la lava que ha servido a su construcción, pero es una ciudad viva, misteriosa y cautivadora. Entre el castillo y el palacio, los edificios antiguos que bordean la calle empedrada del Royal Mile ofrecen un recorrido a través de los siglos. La costa con bahías arenosas y roca escabrosas queda a dos pasos. Es inolvidable la panorámica del estuario o Firth of Forth encaramados a lo alto de la colina de Calton al atardecer. En agosto, durante el Festival de Edimburgo, la ciudad brilla con más fuerza que nunca.

Atravesando el estuario de Forth por un puente moderno doblado por un puente ferroviario de la época victoriana, se llega a St Andrews, sede religiosa de Escocia. Esta antigua ciudad episcopal debe su nombre a una leyenda que asegura que San Rulo trajo a la cuidad las reliquias del apóstol Andrés en el siglo IV. A los aficionados al golf les importará saber que el Old Course en el club de golf de St Andrews es el más antiguo del mundo.

 

Un aire embriagador

El contraste entre los fotogénicos pueblos de la costa y las montañas que anuncian Perth es un preludio paisajístico. Marca el inicio de los Highlands, las Tierras Altas. Aparecen atractivas ciudades como Pitlochry, el centro de veraneo que frecuentaba la reina Victoria, en el siglo XIX. Surgen castillos nobles como Blair Castle y residencias reales como Balmoral, actual estancia de verano en Escocia de la Reina Isabel II. La proximidad de la Ruta del Whisky deja efluvios a malta en la atmósfera. La Malt Whisky Trail como dicen en inglés, incluye siete destilerías y una fábrica de toneles en funcionamiento, el Speyside Cooperage Centre. La elaboración del whisky de malta no varía pero cada destilería lleva un sello distintivo: una nave embotelladora en Glenfiddich, un jardín victoriano en Glen Grant, la cuna de Johnnie Walker en Cardhu, única destilería fundada por una mujer.

 

La ruta es la meta

Inverness en el estuario de Moray abre una ruta bañada de aguas profundas. El misterioso inquilino del lago Ness propicia lindas horas de espera en las ruinas del castillo Urquhart. El romántico castillo de Eilean Donan enlaza el Loch Duich con el Loch Alsh. Es el castillo más fotografiado de Escocia. Quizá no sea el más bonito pero fascina su entorno salvaje a la puerta de la isla Skye. Con un puente que la une a tierra firme Las islas Skye regalan silencio y goce visual en un paisaje particularmente accidentado. Los pináculos rocosos y los monolitos forman parte del espectáculo geológico de la isla. Los lagos de Los Trossachs se esconden entre montañas cubiertas de brezo. No se conoce los Trossachs sin descubrir la personalidad de Mc Gregor, un popular héroe escocés retratado por Holywood en la película Rob Roy. Las laderas del Loch Lomond conducen a Stirling, un cruce de comunicación de tal envergadura que controlar su castillo equivalía a controlar toda Escocia. Y es que el castillo de Stirling domina una ciudad que no ha olvidado la lucha de Sir William Wallace, un libertador encarnado por Mel Gibson en la película Braveheart. Glasgow, finalmente, pese a su perfil de ciudad industrial, cuenta con el mejor conjunto de museos de Gran Bretaña después de Londres.

 


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