Al abrigo de los Alpes se encuentra uno de los países menos conocidos de la costa mediterránea. Con un paisaje interior de extrema belleza y un rico pasado histórico, que bebe de fuentes austrohúngaras y venecianas, Eslovenia conserva la capacidad de sorprender.

La encantadora población medieval de Bled es, sin duda, el mejor lugar para asentarse y lanzarse a descubrir este pequeño y fascinante país. Está situada junto al lago homónimo y bajo la atenta protección del macizo de Triglav, por lo que la cantidad de excursiones y opciones de ocio que ofrece al visitante son incontables. Destaca entre todas el paseo en barca por el lago, una formación glaciar con una minúscula isla donde se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Dicen que si tañes las campanas de este pequeño templo barroco mientras pides un deseo… ¡todo puede suceder!

La belleza de tan romántico paraje se contempla maravillosamente recorriendo el sendero que rodea el lago o desde el majestuoso castillo de Bled. Esta impresionante fortificación se alza sobre la orilla norte y es la más antigua de Eslovenia, pues data de principios del siglo XI.

Tras disfrutar del lago y sus atractivos alrededores es recomendable acercarse a descubrir los asombrosos parajes de Triglav. Es el Parque Nacional más importante del país y alberga numerosos tesoros geológicos, entre los que destacan los desfiladeros de Tolmin, el Gran Cañón o la impresionante cascada Slap Savica que, con una caída de agua de casi ochenta metros, deja boquiabierto al viajero más avezado.