Conocida por los celtas como Armorique, tierra del mar, Bretaña tiene un pasado legendario. Buscaban el sol y dieron con su accidentada costa, barrida por grandes mareas que borran playas, por vientos atlánticos que azuzan las olas contra los acantilados dibujando el paisaje de Finistère, Fin de la Tierra, reflejo de la trágica belleza que evoca su nombre. Sus bosques esconden aún los secretos de Merlín, el último gran druida. Sus ciudades, el espíritu alegre del carácter bretón.

Viajamos a esta región francesa para recorrer algunos de sus paisajes marinos salvajes, pueblos medievales y ciudades de arte más encantadoras, que invitan a sumergirse en el alma bretona y a disfrutar de sus leyendas y tradiciones, y de su reconocida gastronomía. Esta ruta por la Bretaña Francesa no deja a nadie indiferente.

Esta ruta por Bretaña empieza por dos castillos impresionantes, el de Fougères, del siglo XII, con 13 torres y muros de más de 3 metros de espesor, y el de Vitré, ambos muestra casi intacta de las fortificaciones fronterizas que protegían los territorios bretones antes de su anexión con Francia en 1532. Desde lo alto de sus almenas podremos rememorar antiguos asedios y batallas legendarias.

A 41 Km. de Vitré se encuentra Rennes, capital de la región. Devastada por un gran incendio en 1720, hoy es una ciudad joven y de ambiente universitario, que combina arquitectura medieval con elementos de gran modernidad como el VAL, un metro ligero totalmente automatizado. Son visita obligada la catedral de St-Pierre, el Parlament de Bretagne y la iglesia de St-Germain, con un campanario típicamente bretón. Y por supuesto hay que probar sus crêpes, especialmente las dulces, rellenas de cualquier ingrediente imaginable.

Muy cerca se encuentra Paimpont, el legendario bosque de Brocéliande que aún guarda entre su espesura las leyendas de Merlín, del rey Arturo y del gigante Gargantúa.

Nos dirigimos a la costa haciendo un alto en Dinan, una ciudad que parece de cuento, las callejuelas de esta ciudad amurallada conducen directamente a la Edad Media. Su basílica de St-Sauveur alberga el corazón de Bertrand du Guesclin, un caballero del siglo XIV. Proseguimos hasta St-Malo, puerto que le debe su fama a las hazañas de sus marinos y sus piratas. En el barrio de Saint-Servan se encuentra el Fort de la Cité y el Museo Marino de Cabo de Hornos, dos puntos imprescindibles de la localidad además de sus crêperies y marisquerías. Su Grand Aquarium con forma de iglú es uno de los más modernos de Francia.

A 16 km llegamos a Cancale, famosa por el vaivén de sus mareas y los criaderos de ostras, especialidad de los bares del puerto donde recalan sus barcos.

Desde allí se puede divisar el Mont-St-Michel, Patrimonio de la Humanidad, situado entre la frontera entre Normandía y Bretaña. En medio de su amplia bahía, se alza la abadía francesa (s.XIII) más hermosa y original por su emplazamiento nunca vista. La bahía, la ciudad medieval y la abadía benedictina forman una de las siete maravillas del mundo actual.

Este recorrido en coche por la Bretaña Francesa nos descubriremos ahora la Côte d’Émeraude, de contrastes entre sus promontorios rocosos como el cabo Fréhel o el fuerte medieval La Latte, con sus muros colgando sobre el mismísimo acantilado, y hermosas playas de arena como las de Val-André, que han convertido esta zona en un prestigioso destino vacacional.

Continuamos bordeando la costa bretona hasta la Côte de Granit Rose, de acantilados de granito muy utilizado como material de construcción. En ella se encuentra Paimpol, activo puerto pesquero antaño asociado a la pesca del bacalao en Islandia. Una bonita excursión es acercarnos en barco hasta la Île de Bréhat, un paisaje pastoril que podemos recorrer en bicicleta. Aquí se encuentra una auténtica vivienda celta que sirvió de inspiración a Walt Disney para la casa de La Bella y la Bestia. Desde la capilla de Saint Michel, el punto más alto de la isla, la panorámica es excepcional.

Algo apartada de los centros turísticos encontramos Tréguier, típica ciudad bretona de estrellas callejuelas que conducen a su catedral. Pero las mejores vistas de esta costa se encuentran entre las localidades balnearias de Trégastel y Trébeurden.

Por la D-788 llegamos a los recintos parroquiales, los conjuntos arquitectónicos más fascinante de la cultura bretona. Los enclos paroissiaux de St-Thégonnec, Guimiliau y Lampaul-Guimiliau son las mejores muestras del fervor espiritual de sus gentes. Muy cerca se encuentra Huelgoat, el bosque donde, según la leyenda, el rey Arturo encontró el Santo Grial.

En el extremo occidental de Finisterre se encuentra la Península de Crozon, un entorno natural irrepetible como las ruinas de la Abadía benedictina de St-Guenolé, la más antigua de Bretaña. También hay que acercase hasta la punta de Pen-Hir, el Cabo de la Chèvre, y el pueblecito de Locronan, que parece sacada de un decorado de cine, y que forma parte de “ los pueblos más bonitos de Francia”, con un elegante conjunto de edificios renacentistas.

La ruta sigue para explorar la costa sur de Bretaña. En la ciudad de Quimper, podemos degustar una de las mejores crêpes de Bretaña acompañada de su excelente sidra. Históricamente ligado al mar, Concarneau dispone de un islote en medio de la bahía que alberga una de las zonas más antiguas del pueblo. Acabamos la jornada en Pont-Aven, cuya luminosidad fascinó a pintores como Gaugin.

Damos un salto en la historia hasta el 4.000 a.C. para visitar los megalitos de Carnac, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Europa formado por miles de menhires, numerosos dólmenes y túmulos, distribuidos en las proximidades del pueblo. El Golfe du Morbihan, un golfo salpicado de islas y pequeños puertos pesqueros, pone el broche de oro a nuestra ruta.

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