Como una pasarela, la Costa Azul despliega, entre Marsella y la frontera con Italia, una alfombra de terciopelo por la que ruedan coches de lujo, navegan yates de ensueño y pasean sus encantos lo más significado de la jet set mundial. Y, entre tiendas de alta costura, se esconden parajes donde la naturaleza todavía es la protagonista, donde aún se percibe el esplendoroso pasado romano y medieval, donde, en definitiva, el recuerdo de las villas marineras es algo más que una postal. La Costa Azul se revela como un destino excepcional para una ruta al volante.

Empieza la ruta en Bormes-les-Mimosas, desde cuyo castillo se disfruta de una excelente vista de la costa y de Le Lavandou, apreciada por su playa de arena fina de de 12 Km. De Le Lavandou parten los barcos a las paradisíacas islas de Hyères.
Fácilmente accesibles con los barcos que parte de Le Lavandou, estas islas han escapado a la especulación y conservan todo el encanto original del Mediterráneo, es especial Port Cros, parque nacional y reserva marina de primera magnitud a pesar de su escasa superficie. Porquerolles es una de las mayores, Port-Cros es reserva marina y Île du Levant es colonia naturista. Pueden visitarse fácilmente en bicicleta.

En el camino de Toulon a Saint-Tropez, los 26 kilómetros de la espectacular carretera costera de la Cornisa de los Maures, bordea el macizo del mismo nombre. Además de vistas extraordinarias que quitan el aliento, el camino permite acercarse a algunas playas tranquilas y menos saturadas que en otros puntos del litoral.

Ya en las cercanías de St-Tropez, podremos relajarnos en la playa de Tahití o en su continuación, la de Pampelonne. Un poco antes, hacia Cap Camarat, hay diversas calas nudistas. Al final llegaremos a Saint – Tropez, una de las estaciones balnearias de moda en Francia desde que Brigitte Bardot la hiciera famosa en 1956. Según las revistas de moda, Saint-Tropez, era antes lo más chic, y hoy es lo más cool. Etiquetas aparte, los cierto es que esta localidad es un mito turístico y destino preferido de la jet set internacional desde que, en 1950, se convirtió en lugar de veraneo del mundo artístico e intelectual parisino, con personalidades como Sagan, Picasso o Prévert. El lujo y glamour se respira a todas horas y en todos los lugares: en los enormes yates anclados, las terrazas de los cafés o las bulliciosas fiestas privadas. Por la mañana, la plaza Aux Herbes ofrece verduras, frutas y flores al lado del puerto, mientras que los martes y sábados, la Place des Lices acoge un típico mercado provenzal.

Al noreste de St. Tropez nos encontramos con las ciudades de Fréjus y de St-Raphaël, que casi se confunden en una. Del pasado romano, Fréjus conserva un anfiteatro y algunos restos dispersos entre sus casas color pastel. Pero es también una ciudad moderna, con cafés y restaurantes que invitan a descansar tras largos paseos por sus calles.

Camino de Cannes nos adentraremos por la N-98, sinuosa carretera de la cornisa del Macizo del Esterel. El espacio natural más espectacular de la Costa Azul, situado en la zona interior de Cannes, ofrece múltiples rutas a los excursionistas, con la recompensa de un baño y una bebida fría al llegar a alguno de los pequeños resorts que salpican la zona, como Le Trayas o Mandelieu-La Napoule, que disfruta de un magnífico castillo del s. XIV. El Semáforo del Dramont, un suave paseo nos acercará a un mirador con fabulosas vistas de la costa y montañas. Después llegaremos a Cannes, ciudad famosa por su festival de cine. El elegante Boulevard de la Croisette bordea por un lado el Port Vieux y por otro una alineación de hoteles y tiendas de lujo. El barrio antiguo de Le Suquet es encantador. Cannes se ha ganado a pulso su reputación de glamour y sofisticación gracias al festival de cine anual. Mientras se almuerza al sol en la Croisette, es posible asistir al espectáculo de los yates que se dirigen a las Iles de Lérins

Abandonamos Cannes por la A7, echando un vistazo a las Îles de Lerins, justo frente a la ciudad, donde sufrió prisión el Hombre de la Máscara de Hierro según la novela de Alexandre Dumas. Otro famoso, Napoleón, desembarcó algo más adelante, en Golfe-Juan, a su regresó de la isla de Elba. Tras pasar Juan-les-Pins, llegamos a Antibes, ciudad que ha conservado su pintoresquismo mediterráneo a la sombra del castillo de los Grimald. Hoy alberga gran cantidad de obras de Picasso, quién trabajo durante años en esta localidad. La Costa Azul fue también testigo de las múltiples historias de amor que protagonizó Pablo Picasso a lo largo de su vida. En Villauris se puede visitar el Museo Nacional Picasso, instalado en una capilla romana del siglo XIII. Abandonando la costa por unas horas, hacia el interior destaca Grasse, meca del perfume. No hay que perderse la fiesta del jazmín en julio, los campos floridos en primavera ni las perfumerías Fragonard, Gallimard o Molinard.

Ponemos ahora rumbo a Antibes, la Capital mundial de los yates de lujo, su corazón antiguo ha sabido sobrevivir al desarrollismo de los años cincuenta, reteniendo su dignidad y atmósfera. En sus calles estrechas, Pablo Picasso buscó taller. Hoy cobija un museo dedicado a la memoria del pintor. Al lado, el Cap d’Antibes concentra las mansiones más exclusivas e inaccesibles de toda la costa.

De Antibes nos desplazamos a Niza, capital de la región, no sin antes detenernos en St-Paul de Vence. Alabada por artistas como Braque, Chagall o Picasso, la ciudad atesora una gran colección de arte moderno en la Fundación Maeght y un laberinto diseñado por el pintor Joan Miró. Ya en Niza, podemos pasar la tarde en la Promenade des Anglais, así llamada por la colonia inglesa del s. XIX, donde destacan los edificios Art Deco como el Palais de la Méditerranée o el Hotel Négresco. La ciudad-faro de la Costa Azul también tiene una ingente cantidad de museos de arte moderno y contemporáneo. Niza, La Gran Dama de la Costa Azul, quinta ciudad de Francia en número de habitantes, es a la vez elegante y popular, con todo el encanto de las ciudades mediterráneas y agradables terrazas. En el centro, la pintoresca Plaza Masséna conduce hacia las animadas callejuelas de la parte vieja, con tesoros del arte barroco, encantadoras plazuelas, coloridos mercados, tiendas de artesanía y restaurantes, cafés y pubs.

Dsde Niza se puede subir a Eze, precioso pueblo en forma de nido de águila, con una arquitectura medieval muy bien conservada y un jardín exótico de raras esencias.

La etapa de hoy nos lleva hasta el Principado de Mónaco. Para llegar allí podemos pasar por el Belvédère d’Eze, impresionante mirador con vistas desde Cap Ferrat hasta los Alpes franceses e italianos, y por La Turbie desde cuyo Trofeo de los Alpes, un monumento romano, se obtiene una espléndida vista de Mónaco. También se puede optar por la ruta de la exclusiva Cap Ferrat, donde las fabulosas villas impiden la vista del mar, y la encantadora Villefranche-sur-Mer. Por su parte, Mónaco conserva todo el esplendor de la arquitectura Piamontesa.

Todo en Mónaco es un privilegio: un decorado natural magnífico, con sol la mayor parte del año; parques y jardines floridos en toda la ciudad; suntuosas boutiques, hoteles y restaurantes, con limusinas y coches de lujo a sus puertas. En esta pequeña capital en pleno auge no hay que perderse el Palais Princier, el Museo del Viejo Mónaco, el cambio de guardia de los carabineros de la Plaza del Palacio, la catedral, el Museo Oceanográfico o el Jardín Japonés.. hasta el de Monte-Carlo, con el mítico Casino y abundancia de tiendas de lujo y villas espléndidas. Alguien la describió una vez como el lugar donde la noche desciende vestida de luz. Y es que en Mónaco todo es un lujo.

También podemos llegar hasta la población de Menton, casi en la frontera con Italia. Sus agradables Promenade du Soleil y plaza St-Michel merecen una visita.

Entre Niza y Menton discurren Las Corniches de la Riviera, las tres carreteras (inferior, media y superior) que recorren la Costa Azul y ofrecen panorámicas magníficas y diferentes de la costa Mediterránea. Corniche, significa acantilado o carretera de acantilados. Son muy famosas entre los visitantes de la Costa Azul, tanto que varios directores de cine han inmortalizado en tantas películas, como Hitchcock en “Atrapa a un ladrón”; o James Bond en “Golden eyes”?. La Grande Corniche (Superior), la carretera panorámica más célebre del mundo y tal vez la más bella, es la más elevada y ofrece vistas panorámicas espectaculares.

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