El vino Albariño de las Rías Baixas es fino, seco y equilibrado en acidez. Se elabora a partir de una uva escasa, pequeña de tamaño pero grande en sabor. Lo mismo se puede decir de la tierra que le da vida. Concentradas en escasos kilómetros, las Rías Baixas presentan una variada costa abrupta, bañada por un mar que olvida la bravura para lamer con tiento sus abrigados puertos. En el interior, la llovizna pinta de verde los caminos que llevan a Santiago. Los soportales de sus calles brindan abrigo y conversación.

Santiago de Compostela hace honor a la tradición milenaria de ciudad abierta a todas las lenguas y a todo tipo de visitantes, desde los devotos peregrinos que buscan consuelo espiritual hasta aquellos que se recrean con la afamada gastronomía de sus mesas. Todos admiran, sin excepción, la plaza del Obradoiro con la famosa catedral. Contemplar al detalle el Pórtico de la Gloria puede llevarnos un buen rato, por no hablar de las catorce capillas que hay en el interior del templo. En la Edad Media era el tercer destino de peregrinación cristiana, después de Roma y Jerusalén. Siempre activa gracias al ambiente estudiantil, esta ciudad tiene mucho que ofrecer, desde la plaza del Obradoiro al Hotel de los Reyes Católicos, pasando por el Colegio de San Xerome. Luego, hay que perderse de plaza en plaza, las de Azabachería, Platerías o Quintana nos acabarán conduciendo a las animadas tavernas de las Rúas da Raíña y del Franco.

Partiendo de Santiago por la AC-543 y pasando por Noia, llegamos a la Península de Barbanza, brazo de tierra que separa las rías de Muros de la de Arousa. La playa que se encuentra en su extremo constituye el Parque Natural de las Dunas de Corrubedo. Este frágil ecosistema de dunas móviles se visita con ayuda de unas pasarelas de madera, dejando a un lado las lagunas marismeñas de Vixán y Carregal, una de agua dulce y otra de salada. Las Rías Baixas disfrutan de un clima más benigno que las del norte, así como de playas seguras. Entre estas destaca la de Corrubedo, Parque Natural de las Dunas. De regreso, al pasar por Padrón hay que hacer acopio de sus pimientos. Cerca, en Iria Flavia se encuentran las casas de Rosalía de Castro y Camilo José Cela. Tanto a la ida desde Noia como a la vuelta hacia Padrón, es interesante visitar el Castro galaico-romano de Baroña y contemplar la vista desde el mirador de A Curotiña.

La AP-9 nos lleva directos de Padrón a Pontevedra, aunque con tiempo, resulta mucho más interasante demorarse un poco por la carretera de la costa, de manera que podamos ver a los mariscadores en Vilagarcia de Arousa, contemplar el tráfico pesquero en O’Grove, o fotografiar los pazos del centro histórico de Cambados. Ya en Pontevedra, la ciudad marca su personalidad a partir de la muralla que la rodea y que constituye un agradable paseo. En su interior, las plazuelas y calles medievales, muchas con soportales, constituyen un sobresaliente conjunto arquitectónico. Los soportales y los laberintos de calles empedradas de Pontevedra definen el casco antiguo de una ciudad situada tierra adentro, a distancia prudente de la cabecera de la ría que lleva su nombre. Las plazas de la Peregrina, de la Herrería o de la Leña son algunos de los rincones restaurados que han recuperado el sabor medieval.

Si no nos vence la pereza, a cinco kilómetros de la ciudad se encuentra Combarro, el pueblo con más hórreos de toda Galicia.

Volvemos a la autopista para desplazarnos de Pontevedra a Vigo, con la intención de visitar el Parque Nacional de las Islas Atllánticas. Los archipiélagos de Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada, componen este espacio natural, siendo los más populares los primeros. Playas de arena blanca y recortados acantilados son sus notas comunes. En las Cíes se encuentra la mayor colonia de gaviotas de Europa, en las de Ons abunda el pulpo y en Cortegada crece el mayor bosque de laureles del continente. Las Islas Cies forman parte del Parque Nacional de Galicia, que engloba las Cíes, Sálvora y Ons. Desde Vigo salen los barcos que llevan a sus playas de aguas claras y al santuario de aves. Su colonia de gaviotas es la mayor de toda Europa. En el mirador de La Campana hay un observatorio ornitológico. Vigo, es la mayor ciudad de Galicia y el mayor puerto pesquero del país. El barrio marinero de Berbes concentra una increíble cantidad de tascas donde saborear el mejor marisco. El puente colgante que atraviesa la ría es su imagen más típica, donde hay que visitar el Pazo de Santa María de Castrelos.

Sigue la ruta hacia Baiona, municipio histórico de la provincia que cada día congrega un número más importante de turistas. Emplazada en una amplia bahía, Baiona es un popular centro de veraneo. En su puerto conviven las barcas de recreo con los yates deportivos y una reproducción de la carabela Pinta, que arribó al mismo después del primer viaje de Colón. La estatua del Virgen de la Roca constituye un soberbio mirador. La gran superficie peatonal del casco urbano invita al relajo, lo mismo que las seis playas que lo rodean. El promontorio de Monterreal y su fortaleza constituyen un espléndido mirador, desde el que sin duda se advirtió de la llegaba a puerto de la carabela Pinta durante el primer viaje de Colón. Durante el V Centenario del Descubrimiento, se ubicó en la rada una reproducción a tamaño real de la embarcación, que sirve de museo.

Dejamos atrás la costa para adentrarnos en el secreto mejor guardado de Galicia: las comarcas de la provincia de Orense, y en especial, las tierras del Ribeiro. La aldea de Pazos de Arenteiro, conjunto histórico artístico rodeado de laderas con terrazas donde crece la vid, es todavía un lugar poco visitado por el turismo de masas. El bosque de ribera del río Arenteiro es todo un espectáculo natural, en el que árboles, musgos y helechos ilustran un cuento de hadas. Muy cerca, el pueblo medieval de Allariz reluce tras una acertada rehabilitación junto al río Arnoia. El más popular de los vinos gallegos, O Ribeiro, nace en la provincia de Orense. En Vilanova dos Infantes, el Centro Comarcal da Terra Celanova cuenta su historia. El conjunto histórico-artístico de la aldea de Pazos de Arenteiro y la judería de Allariz son otras de sus bazas.

Desde Orense, se toma la N-120 para acercarse a la Ribera Sacra, así bautizada por la reina Teresa de Portugal por la abundancia de santuarios, iglesias románicas y monasterios que salpican el canón del Sil. Allá donde se encuentra el río Miño con su afluente, el Sil, surge una garganta salvaje jalonada de edificios religiosos que construyeron los monjes que buscaron allí su retoro espiritual. El Monasterio de Ribas de Sil es el más evidente, puesto que se ubica sobre un tremendo farallón de roca. Una caminata hasta el monasterio de Santo Estevo de Ribas do Sil o una jornada de navegación en catamarán por el río nos darán una buena perspectiva del variado bosque de castaños, robles, alcornoques y madroños de las orillas. En otoño es simplemente imprescindible.

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