Junto a la orilla del río Saane y situada sobre una pequeña colina, se alza majestuosa la noble Gruyères, una población que parece sacada de un cuento de hadas.

Junto a la orilla del río Saane y situada sobre una pequeña colina, se alza majestuosa la noble Gruyères, una población que parece sacada de un cuento de hadas.

El pueblo de Gruyères, cuna del famoso queso y célebre también por su importante patrimonio arquitectónico, se encuentra muy cerca de Friburgo, una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa. De origen medieval y presidido por un espléndido castillo, este agradable pueblo cuenta con varias queserías en las que se puede degustar y comprar queso gruyère.

Por cierto… ¿Sabías que el auténtico queso suizo de Gruyère no tiene agujeros? El de los agujeros es el gruyère francés, que se fabrica en las montañas de Saboya. Esta y otras muchas curiosidades se pueden aprender en la Maison du Gruyère, un interesante museo dedicado al mayor reclamo turístico de la localidad, en el que se explica el proceso de elaboración y su historia.

Gruyères cuenta, además, con otros dos museos. Los golosos no pueden dejar de acudir a la Maison Cailler, una fábrica de chocolate en la que se puede realizar una interesante y dulce visita interactiva.

El tercer museo está dedicado a la historia de la ciudad y se halla en el incomparable marco del castillo medieval. Desde el balcón de esta distinguida fortaleza del siglo XIII, antigua residencia de nobles, se tienen unas vistas magníficas del monte Moléson que, con sus dos mil metros de altitud, es el símbolo de la ciudad de Friburgo.