Si al pasar por un pueblo del sureste de Francia vemos a un grupo de hombres y mujeres lanzando concentradamente bolas de plomo sobre un área alargada de arena, será síntoma de que nos encontramos en la Provenza. También será sintomática la visión de vastos campos de lavanda, que al llegar el verano tiñen la tierra de azul violáceo. Un destino idílico en cualquier época que alcanza su momento más espectacular entre mediados de junio y mediados de julio cuando los campos sembrados de lavanda estallan en flor. La Provenza entera es un encanto para el viajero, un lugar donde los Alpes terminan y se encuentran con los campos cubiertos de lavanda, que se suceden hasta la costa del mismo mar Mediterráneo. Algo especial tiene la Provenza cuando a lo largo de su historia ha atraído a artistas y bon vivants de todas partes del mundo. Es el momento de descubrirlo.
Adentrarse en la Provenza es descubrir una tierra que conjuga el apacible encanto de sus bucólicos pueblos de interior, rodeados de aromáticos campos de lavanda, con ciudades medievales que custodian valiosos tesoros arquitectónicos y muy bien conservados monumentos de la época del Imperio Romano. El encanto de la Provenza ha seducido desde hace siglos a todo tipo de creadores.

 


Prepárese para descubrir un lugar donde de noche el sol también ilumina las estrellas. Además de hermosos viñedos y campos de lavanda, la región alberga varios entornos naturales inigualables. Imagínense un campo tapizado de azul hasta el horizonte y un perfume intenso de mil flores de lavanda que impregna toda una región. Caminos salpicados de castillos, iglesias románicas y pintorescos pueblos de callejuelas adoquinadas que cada mañana cobran vida con el rumor de sus mercadillos.

La Provenza, con sus mantos de lavanda y sus preciosas casas de alegres porticones ha inspirado algunos de los más famosos cuadros de la historia. Su nombre es indisociable del de los pintores impresionistas y vanguardistas de finales del siglo XIX y principios del XX. Van Gogh, Cezanne, Picasso y otros muchos forman parte de la historia y de la realidad actual de la región. Sus cuadros son la muestra que aquellos innovadores maestros dejaron como huella y testimonio de esa luz y ese calor mediterráneo y sureño que tanto les encandiló.
La impronta de Van Gogh se ha fusionado con el paisaje. Nadie como él supo pintar la luminosidad del sur. Es precisamente la luz del Midi, del sur, la que atrajo un día de 1888 al pintor holandés en su búsqueda de luz exterior e interior para sus cuadros. Esa fecha marca el comienzo de una época frenética donde Van Gogh pintará más de trescientas obras en solo quince meses, hasta mayo de 1889.
Cezanne nació en Aix-en-Provence en 1839 y, aunque en la década de 1860 se unió al movimiento impresionista de París, pocos años más tarde, en 1870, regresó, desencantado, permaneciendo en esta ciudad hasta su muerte, en 1906. En su ciudad natal se puede hacer un recorrido por los rincones que plasmó para la posteridad.
Las tradiciones y fiestas de la región transforman estas tierras, sobre todo en los meses de verano, en lugares animados llenos de diversión. Festivales de música, mercadillos, corridas de toros, espectáculos de caballos y procesiones de gitanos en coloridos carromatos, son solo algunas de las ofertas de ocio con las que se encontrará a lo largo de la ruta.

 


Con esta ruta por la Provenza os proponemos admirar los bellos parajes naturales de la Camargue, pasear por Aviñón, que fue ciudad Papal en el siglo XV y sobre cuyo puente se escribió una de las más tarareadas melodías infantiles; y dejarse arrebatar, como Cézanne y Van Gogh, por la belleza de las hermosas ciudades de Aix-en-Provence y Arlés.
También merece la pena asomarse a los miradores de Les Baux-de-Provence o Gordes, bellos pueblos estratégicamente enclavados en lo alto de rocosas montañas y coronados por sendos castillos medievales desde los que se tienen magníficas panorámicas de la región, y sentir el vértigo de las gargantas de Verdón, las más impresionantes de Europa.

 


Cerca de Gordes se halla la abadía cisterciense de Sénanque, una de las postales más reproducidas de la región, la abadía de Sénanque al fondo y un campo de lavanda en primer plano. Nada más llegar, uno cree sumirse en el corazón de la Edad Media y, al mismo tiempo, sentirse dentro de un cuadro de Van Gogh. La poesía del lugar quedará grabada para siempre en la memoria del viajero.

 

No hay que olvidar deambular por las callejuelas del puerto de Marsella, una ciudad cuya condición portuaria la ha convertido en crisol de rasgos, costumbres y culturas convirtiéndola en una de las localidades más pintorescas de Francia.
Concluye así un recorrido dirigido al goce y deleite de los sentidos, donde el arte y la historia se funden con hermosos paisajes y el perfume a lavanda. Aquí se puede soñar.

Descubre esta Ruta recomendada por la Provenza, una ruta que conviene recorrer en el momento preciso, desde mediados de junio a mediados de julio, cuando los campos estallan de color con la lavanda en flor. Esta ruta por el sur de Francia es una maravilla. Ver la ruta