Rodeada de montañas que sobrepasan holgadamente los dos mil metros, esta elegante ciudad imperial es conocida por sus tesoros arquitectónicos, su magnífico entorno natural y por ser un paraíso del senderismo y de los deportes de invierno.

Innsbruck reúne todo lo que un amante de la naturaleza y de los deportes de montaña pueda desear, aunque hay que tener en cuenta que no son pocos sus atractivos culturales. Su ubicación en el valle del Inn es inmejorable, pues está protegida por las cimas del Nordkette, el Patscherkofel y el Nockspitze, y cuenta con un interesante y valioso patrimonio artístico y arquitectónico.

Albergó los Juegos Olímpicos de Invierno en 1964 y en 1976, además de los JJOO de Invierno de la Juventud en 2012, y dispone de varias instalaciones deportivas que vale la pena visitar. Entre ellas destaca el mítico trampolín de saltos de Bergisel, magistralmente reformado en 2001 desde cuya torre, obra de la prestigiosa arquitecta iraquí Zaha Hadid, recientemente fallecida, se tienen unas magníficas vistas sobre el valle. Desde el centro histórico de la población se puede tomar el Nordkettenbahnen, un funicular que nos eleva hasta casi 2.000 metros de altura donde las vistas sobre la capital de los Alpes y el parque natural de Karwendel son, sin lugar a dudas, espectaculares. Además en lo alto hay un restaurante, el Seegrube, que todos los viernes ofrece cenas ambientadas con música de jazz en directo.

Pero no solo de deporte vive Innsbruck. Su pasado como ciudad del imperio austríaco se refleja en el encanto de las calles de su centro histórico y en el exquisito esplendor de sus edificios, como el palacio Imperial de Hofburg y su fascinante sala de los Gigantes o la imponente catedral de St. Jakob.

Paseando por las calles Herzog Friedrich y Maria Theresien se respira un intenso ambiente imperial. Aquí encontrarás algunos tesoros imprescindibles, como el Altes Landhaus, el antiguo parlamento del Estado federal y actual sede del gobierno provincial; la columna de Santa Ana o el delicado Tejadillo de Oro, símbolo indiscutible de Innsbruck. Desde este elegante y coqueto mirador, adornado con 2.657 tejas de cobre doradas al fuego, Maximiliano I se deleitaba, allá por el siglo XVI, con los espectáculos de los artistas que actuaban en la plaza. Y hablando de Maximiliano I, no hay que olvidar uno de los monumentos más interesantes de la ciudad: su impresionante mausoleo, ubicado en la Hofkirche o iglesia de la Corte y custodiado por 28 imponentes estatuas de bronce de tamaño natural conocidas como los hombres negros (Schwarzen Mander), que representan a personajes históricos como el rey Fernando de Portugal, el mítico rey Arturo, los reyes Católicos o Juana la Loca.
Entre visita y visita, seguro que apetece pasar un momento tranquilo en alguna romántica cafetería, como el Café Im Hof o el Café Central, degustando el tradicional Strudel de manzana o la famosa tarta Sacher.

Nuestras rutas Tirol, el sueño de los Alpes y Esplendor alpino de Austria te permitirán descubrir la ciudad de Innsbruck, la vital y refinada capital de los Alpes austríacos.