Puede que sea por su música, que emana desde cualquier rincón evocando el pasado celta. O por la inmensa gama de verdes de los bosques que protegen la historia de sus castillos. O por sus costas indómitas, rematadas por imponentes acantilados que se desploman sobre el mar. O quizás sea por sus pubs, donde conversar paladeando una pint de Guinness o un buen whisky de malta se convierte en el mejor momento del día. Por cualquiera de estas razones o por todas ellas, Irlanda es un país que hechiza.

Nos adentramos en esta ruta por tierras irlandesas desde Dublín, su capital. Su tamaño la hace perfecta para el paseo, que podemos iniciar en la zona norte del río Liffey, donde se abre paso O’Connell Street, la principal arteria de la ciudad. Tres edificios oficiales otorgan elegancia a la zona: la Custom House que luce en su fachada catorce grandes bustos, personificación de los ríos irlandeses, el edificio central de Correos, en cuyas escalinatas se proclamó la República de Irlanda en 1916 y el Four Courts, que refleja su solemnidad en las aguas del río.
Los amantes de la literatura no deben perderse el James Joyce Cultural Centre y el Dublín Writers Museum. Los del whisky, la destilería Old Jameson’s.

El segundo día podemos lo dedicamos ak Dublín que se extiende por el otro margen del río. Empezamos junto al Westin Dublín en el Trinity College, fundado en 1592, donde se guarda el valioso manuscrito iluminado El Libro de Kells. Cerca, la National Gallery y el National Museum albergan las principales obras de arte del país. Hacia el oeste se encuentran sus dos catedrales: la Christ Church Cathedral y la de St. Patrick. En el corazón del casco antiguo se erige el castillo de Dublín, símbolo del dominio inglés durante siglos. Acabamos paseando por las calles de Temple Bar, donde podemos degustar una pinta de Guinness, la cerveza irlandesa por excelencia, en uno de sus típicos pubs.

La Ruta por Irlanda pone rumbo ahora a Connemara, región de paisajes indómitos que alcanza su máxima belleza en el Connemara National Park, antaño propiedad de la Abadía de Kylemore. Este romántico castillo neogótico, que se alza a orillas del lago del mismo nombre, se transformó en abadía durante la I Guerra Mundial. Más al sur, anclada a los pies de las montañas Twelve Bens se encuentra Clifden, una bonita ciudad repleta de pubs acogedores donde se puede disfrutar de un buen plato de pescado y las sean-nos, canciones típicas de la ciudad.

Al sur de Cong, un pintoresco pueblo situado entre dos lagos, se encuentra el castillo neogótico de Ashford, antaño propiedad de la familia Guinness, donde pasaremos la noche. El Castillo Ashford es uno de los mejores hoteles de vacaciones del mundo. La majestuosidad del Castillo, y la belleza de su entorno, rodeado de sus extensos jardines y de la ría evocan una sensación de paz y tranquilidad inigualable.

Galway es hoy nuestro primer destino, una alegre ciudad universitaria con un atractivo casco antiguo donde sus monumentos más emblemáticos conviven con pubs de coloridas fachadas y restaurantes especializados en las ostras de su bahía. Continuamos bordeando la costa hasta El Burren, una meseta caliza de vegetación singular, salpicada de pequeños lagos y cabañas de piedra. Muy cerca se encuentra Ballyvaughan, una aldea de pescadores ideal para reponer fuerzas en un restaurante muy peculiar, el Gregans Castle. Después nos esperan los sobrecogedores acantilados de Moher, que protegen de la furia atlántica a multitud de aves marinas.

Otra alternativa es pasar el día en Inishmore, la mayor de las Islas Aran, un archipiélago calizo con bellos acantilados, restos prehistóricos y toda la esencia de Irlanda. Se accede a ellas en ferry desde Rossaveal, Galway o Doolin.

El itinerario de hoy nos conduce por Limerick y desde aquí nos adentramos en el condado sureño de Kerry, donde se encuentra la Península de Dingle, con espectaculares paisajes marinos y pueblos de pescadores de lo más auténtico. Más al sur, Killarney destaca por los lagos de su Parque Nacional y un paisaje romántico y brumosos salpicado de abadías y castillos en ruinas. Es hora de recorrer el famoso Anillo de Kerry, una carretera que rodea la península de Iveragh atravesando paisajes de montaña con excelentes panorámicas sobre la costa.

Último día en Dublín para emprender el viaje de regreso. Si el reloj nos lo permite, podemos repasar las impresiones de esta ruta descansando sobre el césped del parque St. Stephen’s Green.

Un recorrido de lujo, un placer, al alcance de la mano.

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