A pesar de tener unas dimensiones más bien pequeñas, Suiza ofrece unos paisajes tan espectaculares como variados. Son bien conocidas sus vertiginosas cumbres alpinas, por las que descienden caprichosos glaciares, pero tiene mucho más con lo que sorprender al viajero: valles de frondosa vegetación, lagos cristalinos, caudalosos ríos, encantadores pueblos tradicionales y elegantes urbes con una interesante oferta cultural.

Con esta ruta por Suiza que os proponemos tendréis ocasión de ver y de disfrutar de lo mejor que este país alpino ofrece al visitante, aunque también podéis escoger algunos tramos de la ruta y dejar el resto para otro viaje. Sea como sea, estamos seguros de que os va a encantar. ¡ Es la Gran Ruta de Suiza !.

 



La cosmopolita ciudad de Ginebra, sede europea de la ONU y de la Cruz Roja, tiene unas dimensiones abarcables a pie y paseando por ella os encontraréis con la catedral de Saint-Pierre, la Place du Bourg-de-Four, el entretenido bullicio de los muelles, sus abundantes parques y los animados callejones del casco antiguo.
Nuestra ruta en coche por Suiza pasa por otras poblaciones como Basilea, una ciudad universitaria a orillas del Rin con el mayor número de museos del país; Friburgo, con su casco antiguo repleto de fachadas góticas; Interlaken, que como su nombre indica está flanqueada por dos bellos lagos alpinos; Lucerna, a orillas del lago de los Cuatro Cantones y una de las localidades más hermosas del país; Berna, con un bello centro urbano que ostenta el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco; Montreux, con su atmósfera señorial y sus jardines; Lausana, sede del Comité Olímpico Internacional y de su museo; Zurich, con su emplazamiento privilegiado a orillas del río Limmat y rodeada de colinas; o Gruyères, un pueblo encantador bien conocido gracias a la fama de su queso.

 




Y si al llegar a Suiza veremos las imponentes cimas de los Alpes desde abajo, ha llegado el momento de ascenderlas. Pero no os preocupéis, que no os hará falta equipo de escalada: podéis llegar en tren de vía estrecha hasta la estación de Jungfraujoch, a 3.454 metros, rodeados por los mayores glaciares de Europa. O llegar al Stanserhorn con el primer teleférico descapotable del mundo de dos pisos que asciende hasta la cima de una montaña. O subir en un curioso teleférico giratorio hasta la cima del monte Titlis. O si lo preferís, en tren cremallera o teleférico al Rigi, la montaña ideal para excursiones que regala unas impresionantes vistas panorámicas de 360º. O subir al ferrocarril de cremallera más empinado del mundo para extasiaros ante las vistas que se tienen desde el monte Pilatus y para divertíos en el fantástico parque de aventuras que hay en su cima. O tomar un teleférico que nos plantará en la cresta del glaciar Aletsch, una enorme lengua de hielo de 23 kilómetros que desciende serpenteando entre montañas, creando un auténtico espectáculo de la naturaleza. O desde Zermatt subir con el tren de cremallera al Gornergrat para deleitaros con las vistas espectaculares al Monte Cervino.

 



Hablando de espectáculos de la naturaleza, ni os imagináis lo que se siente al encontrarse al pie de las cataratas del Rin, las mayores de Europa, viendo caer esa constante masa de agua con un brutal estruendo. Tampoco hay que olvidar el castillo de Chillon, una fortaleza del siglo XIII de grandes torreones, bellos salones y lúgubres calabozos erigida en pleno lago Lemán. Y si viajas con niños no dejéis de visitar Heidiweg, el pueblo de Heidi, donde podrás ver la cabaña donde vivía con su abuelo.
Como podéis ver, son muchas las oportunidades que tendréis de pasarlo bien y de colapsar la tarjeta de memoria de vuestra cámara. Y también lo pasaréis bien en la mesa, disfrutando de una típica fondue o raclette acompañada de un buen vino del país.

 


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