El norte de Italia, allí donde la península de la bota se une a Europa a través de los Alpes, no es solo la región más próspera del país, sino también una de las más bellas y exclusivas. Contemplando los magníficos lagos que se han formado en los valles alpinos y las aristocráticas poblaciones que se reflejan en sus aguas, el viajero comprende que, sin duda, el agua es fuente de vida y de riqueza.

Viajar en coche por la Lombardía permite disfrutar tanto de los magníficos paisajes alpinos y de la belleza de sus lagos como de sus elegantes ciudades. La poderosa Milán, la hipnótica Venecia y la romántica Verona sazonan este periplo, dotándolo de un inmenso contenido artístico. La experiencia de recorrer esta región deja en el viajero una huella forjada con arte, naturaleza y un exquisito amor por la vida.

 

Milán, la señora del norte

Conocedora de su poderío, Milán hace pocos esfuerzos por seducir. No lo necesita. El soberbio Duomo y sus lujosos comercios, como los del Quadrilatero d’Oro o los de la Galleria Vittorio Emanuele II, la posicionan como la ciudad más próspera del país; además, su interesante vida cultural está abanderada por el Teatro alla Scala o por la Pinacoteca di Brera.

 

El lugar más bello del mundo

Así calificó Stendhal al lago Como, en cuyas orillas se alza la refinada ciudad de Como y poblaciones como Varenna, Menaggio o Bellaggio, con su exquisito aire decadente, a las que vale la pena llegar en uno de los ferrys que recorren el lago.

 

Mayor no significa el más grande

Y es que el Maggiore, elegido como destino vacacional por las élites de la Belle Époque, ocupa el segundo puesto en el ranking de los lagos de Italia. Reflejadas en sus aguas aparecen poblaciones como Arona o Stresa. Para contemplar su esplendor hay que subir al Mottarone o navegar hasta las islas Borromeas.

Entre lagos

A aquellos que estén interesados por la historia y la religión, les gustará descubrir que Juan XXIII nació en la localidad de Sotto il Monte y que estudió en Bérgamo, una maravilla conocida como la Perla de la Lombardía. Menos frecuentada por los turistas que Verona o Venecia, custodia bellos edificios como el Palazzo della Ragione y una plaza a la que Le Corbusier calificó como el paradigma de la plaza perfecta: la Piazza Vecchia.

La tierra del poeta Manzoni

Una buena forma de adentrarse en la cultura lombarda es visitar la casa museo de Alessandro Manzoni, donde el visitante se hará una buena idea de cómo vivía la clase alta de la región a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se encuentra en Lecco, una población en la orilla del extremo oriental del lago Como, también conocido en esta parte como lago Lecco.

Los caldos del norte

No muy lejos del lago Iseo, el cuarto de la zona en cuanto a tamaño, se encuentra la zona de Franciacorta, famosa por sus vinos espumosos, de entre los que destacan los Prosecco y los Asti spumante.
La localidad de Iseo es un excelente punto de partida para emprender excursiones por la rivera o navegar hasta Monte Isola, la isla lacustre más grande de Europa. De camino al Véneto se halla Brescia, ciudad ya célebre en tiempos del imperio romano.

 

Verona, el amor eterno

¿Quién no ha oído hablar de la pareja de amantes inmortalizada por Shakespeare? Todo en Verona recuerda a Romeo y Julieta, pues la ciudad vive de tan afortunado reclamo turístico. Las cámaras de fotos no paran de disparar; hay que plasmar todos los escenarios de tan romántica tragedia. La casa de Romeo, la de Julieta e incluso la tumba de esta rememoran el más famoso de los amores. Pero Verona es mucho más que el escenario de una tragedia isabelina. Pasear cuando cae el sol por el Lungadige, junto al río Adige, es una experiencia que nada tiene que envidiar a la historia de los Capuleto y los Montecchi.

 

El hermano mayor

Ahora sí. El lago de Garda es el más extenso del país. Situado entre montañas de origen glaciar, sus trescientos setenta kilómetros cuadrados recorren las regiones de Lombardía, Véneto y Trentino.
Recorrerlo en coche por la Via Gardesana resulta sumamente placentero, pues el paisaje se ve salpicado aquí y allá por campos de vid, olivos y alegres limoneros.
El pequeño pueblo medieval de Sirmione, con el castillo de Rocca Scaligera; Desenzano, muy apreciado por los amantes de la navegación; Saló, que fuera sede del gobierno de Mussolini, o Malcesine, con el soberbio castillo Scaligero y el teleférico que asciende 1.760 metros hasta el monte Baldo, son algunas de las elegantes poblaciones que han florecido en sus orillas.

 

Venecia, entre oriente y occidente

Poco se puede escribir de la ciudad de los canales que no se haya dicho ya mil veces. Palacios renacentistas cuyos bajos se inundan cuando sube la marea, magníficas iglesias agasajadas con el libre vuelo de blancas palomas, socarrones gondoleros cantando melodiosas canciones populares…
Venecia ha sido cantada y adorada por infinidad de artistas. Byron, Goethe y Tolstoi sucumbieron a sus encantos, y Wagner y Stravinski incluso decidieron acabar sus días en ella. Thomas Mann la inmortalizó en su novela Muerte en Venecia, llevada al cine por Visconti y genialmente acompañada por la Quinta sinfonía de Mahler.
Pasear por sus callejuelas, adentrarse en los palacios, mercados e iglesias y visitar las fábricas de cristal de Murano es una experiencia que cualquier mortal debería vivir al menos una vez en su vida. Si además lo hace cuando la ciudad se cubre de bruma, aún mejor. Venecia a través de la niebla cobra un aspecto, si cabe, todavía más fantástico y prodigioso.

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