Tierras de reyes y de batallas, el valle por el que avanza el Loira posee una riqueza natural e histórica encarnada en los más de cien castillos emplazados entre Angers y Orleáns. Encaramados en lo alto de una colina, ocultos entre la maleza del bosque, en las calles de sus ciudades aristocráticas, rodeados de bellos jardines o reflejándose coquetos sobre algún río, estas fortalezas surgidas del apogeo renacentista sumergen al viajero en un mundo de intrigas cortesanas, de noches de poesía y fiesta con tañido de mandolina.

Iniciamos nuestro viaje en Angers, capital del antiguo condado de Anjou, cuna de los Plantagenet y puerta de entrada al Valle del Loira. Su castillo del siglo XIII es una de las mejores muestras de la arquitectura feudal de la región. En su interior guarda el Apocalipsis, una hermosa tapicería medieval del siglo XIV de 104 metros de longitud, que se considera el más antiguo del mundo. Muy cerca se encuentra Saumur, célebre por su bonito castillo del siglo XIV, escuela de equitación, champiñones y vinos espumosos. Pero su verdadero encanto reside en las viviendas trogloditas de los alrededores, excavadas en la piedra calcárea.

En Fontevraud se encuentra la abadía medieval más grande y mejor conservada de Francia. En el castillo de la cercana localidad de Chinon, Juana de Arco persuadió a Carlos VII de que le dejara guiar un ejército contra los ingleses. Junto al río Indre, el romántico Château d’Ussé inspiró a Perrault la historia de la Bella Durmiente. Muy diferente es el castillo feudal de Langeais, concebido en el siglo XV exclusivamente para la defensa.

Seguimos explorando esta ruta de cuento de hadas en Azay-le-Rideau, un pequeño castillo que Balzac calificó de diamante. Rodeado de estanques, nenúfares y por el río Indre, este elegante château es el más seductor del Loire y uno de los más bellos del primer Renacimiento. Nada que envidiarle tiene el Château de Villandry y su jardin d’ornement, de una exquisita simetría.
A 17 Km. se encuentra la ciudad de Tours. Erigida sobre un antiguo núcleo romano, posee una gran belleza arquitectónica reflejada en las casas que rodean la Plaza de Plumereau, lugar ideal donde disfrutar de sus excelentes vinos blancos como el de Vouvray.

A 41 Km. al sureste de Tours se encuentra el Château de Loches. En su castillo Juana de Arco convenció al delfín para que se hiciera coronar en Reims.

El Château de Chenonceau merece un punto y aparte. Robusto, clásico y elegante, este castillo renacentista figura entre los más bonitos del Loira. Fue un regalo de Enrique II a su amante, Diana de Poitiers, quien añadió los jardines y el puente sobre el río Cher. Tras la muerte del rey, Catalina de Médicis lo reformó a su elegante gusto. Construido sobre un antiguo molino, este romántico palacio del siglo XVI, que Flaubert describió como flotante, conserva la impronta de las damas de la alta aristocracia que habitaron en él.

La ruta recala ahora en Amboise, pequeña y agradable localidad relacionada con tres de las más notables personalidades del siglo XV y XVI. Carlos VIII nació aquí y dio esplendor a su enorme castillo, Francisco I eligió este lugar para sus célebres fiestas y Leonardo da Vinci vivió en él los últimos años de su vida. Convertida en museo, su casa muestra bocetos y reproducciones de sus inventos.
Desde aquí hay que recorrer la Sologne y visitar cuatro magníficos castillos. En el Château de Blois se encuentra la Salle de États Généraux, lugar que servía de tribunal en la Edad Media y donde Luc Besson grabó la escena del juicio de su película Jeanne d’Arc. A tan sólo 15 Km., el castillo de Cheverny ocultó la Mona Lisa durante la II Guerra Mundial. Fue rebautizado por Hergé como Moulinsart, el castillo del capitan Haddock en las aventuras de Tintín. Desde el Château feudal de Chaumont se obtienen unas magníficas vistas sobre el río Loira. Pero la verdadera perla de esta región es el Château de Chambord, el castillo más grande del Loira. Construido en el siglo XVI por orden de Francisco I, hicieron falta 1.800 obreros que trabajaron durante más de treinta años para levantar este magnífico castillo. La huella de Leonardo da Vinci se intuye en algunas curiosidades arquitectónicas como un escalinata de doble hélice. Es imperativo gozar de un suculento almuerzo de carne de caza de los bosques de la región, acompañada con un buen vino de Cheverny.

Al norte con dirección a Orleans, nos desviamos 34 km para acercarnos a St-Benoît-Sur-Loire. Esta población posee una de las iglesias abaciales más bonitas de Francia. Si se dispone de tiempo puede acercarse a Sully-sur-Loire para admirar su hermoso castillo, monumento histórico desde 1962. A pocos kilómetros se encuentra la ciudad de Orléans, la ciudad donde Juana de Arco logró vencer a los ingleses en 1429. En la Maison donde se alojó podemos conocer la historia de la heroína de Francia. El Vieil Orléans y la catedral gótica de Sainte-Croix invitan a finalizar el viaje con un tranquilo paseo.

Y para los que sigan con ganas de descubrimientos, la ciudad de Bourges nos aleja un poco del itinerario de castillos del valle del Loira, pero el desvío merece la pena para visitar la catedral de St-Étienne, una de las construcciones góticas más impresionantes de Francia. La ciudad alberga un conjunto de palacios y jardines de gran interés monumental que bien merecen dedicarle un día.

Los castillos del Valle del Loira seducen a todo visitante. Si te apetece descubrirlos entra en nuestra web y reserva la mejor ruta para descubrir los castillos más bellos del Loira.
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