Al-Andalus denominaron los musulmanes al territorio que ocuparon en la península ibérica. Durante ocho siglos, pueblos, religiones y sensibilidades se fundieron en una sola civilización que dio como resultado verdaderas joyas arquitectónicas: la Giralda sevillana, la Mezquita cordobesa y la Alhambra granadina.

Pero los árabes también dejaron su profunda huella en el carácter y el paisaje andaluz, y también en su gastronomía. Sin ir más lejos, debemos a los andalusíes el orden en que se sirven los platos y la existencia de un comedor en cada casa, refinamiento inimaginable en la Europa cristiana medieval. El paladar se debate entre una cocina de mar y de otra serrana, destacando las frituras de pescado, los potajes de legumbres y las chacinas, sin olvidar el empleo de especias como el comino o el azafrán. Y todo ello regado con caldos de fama internacional.

Con esta ruta que recorre estas tierras con olor a jazmín, proponemos redescubrir este rico patrimonio cultural, viajando a través del tiempo y rememorando su pasado único.

Como primera toma de contacto con la herencia árabe de Andalucía ningún sitio mejor que la fascinante ciudad de Granada. En el laberinto de callejuelas de su casco antiguo se halla la Alcaicería, reconstrucción de un barrio morisco devastado por las llamas. La Plaza Nueva invita a los dos grandes monumentos de la ciudad: la refinada Alhambra con su patio de los Leones, que encarna la idea de edén terrenal de tres califas nazaríes, y la residencia veraniega del Generalife o Yan-nat-al-Arif que constituía, tal como indica el nombre original, “el jardín del alto paraíso”.

Encaramado en una colina opuesta se alza el Albayzín, un barrio que emana todo el sabor de su pasado mudéjar en sus villas y jardines moriscos. Destacan la Iglesia de Santa Ana y los baños árabes del Bañuelo.

Muy cerca de Granada, la carretera GR-420 ofrece un bello recorrido por las cumbres de Sierra Nevada y Las Alpujarras. En sus laderas brotan los manantiales de Lanjarón, cordillera que da el nombre a este antiguo balneario.

De Granada nos dirigimos a Córdoba por la A-44. El corazón de la ciudad es la antigua judería, donde se alza una espectacular Mezquita. Símbolo del poder del Islam durante siglos, el edificio muestra una sorprendente amalgama de estilos arquitectónicos donde despunta el Mihrab, la Capilla de Villaviciosa y la majestuosa Torre del Alminar. Otros rincones evocadores de este barrio son el Alcázar de los Reyes Cristianos, la Sinagoga del siglo XIV, única en Andalucía, y el colorido callejón de las Flores, de fachadas blancas cuajadas de tiestos floridos.

En los alrededores de Córdoba se encuentran las ruinas del suntuoso palacio de Medina Azahara, erigido en el siglo X por Abderramán III, quien le puso el nombre de su esposa predilecta. Esta ciudad palatina, llamada “ciudad brillante” nació para mostrar el extraordinario poder del califato cordobés. Al sur de Córdoba, la ciudad de Montilla presume de sus vinos finos amontillados.

Es el turno de la mágica y señorial Sevilla, que empezamos a recorrer por el barrio del Arenal, antaño refugio de malhechores que se guarecían al amparo de las murallas de la ciudad. Coronando un bonito paseo de palmeras se encuentra la Torre del Oro, construida en el siglo XVI para proteger el puerto. Pero lo que da vida a este barrio es la mítica plaza de toros de la Maestranza, rodeada de bares y restaurantes llenos a rebosar durante la temporada taurina.

El plato fuerte, el pintoresco barrio judío de Santa Cruz, lo reservamos para la segunda jornada. En él se alza la catedral gótica que alberga el tesoro de la ciudad: la Giralda, alminar de una antigua mezquita que ocupaba el lugar. El patio de los Naranjos es otro de los legados de su primigenia estructura árabe.

Al otro lado de la plaza del Triunfo se encuentran los Reales Alcázares, suntuosos palacios cuyos jardines ensalzan la belleza de su exquisita artesanía mudéjar.

Si nos queda algo de tiempo, podemos acercarnos hasta Carmona, una bella ciudad de casas nobiliarias y bonitas iglesias conocida sobre todo por su famosa necrópolis romana.

La magia que acompañará durante todo el viaje nos recuerda porqué los árabes eligieron estas tierras para quedarse durante casi ocho siglos. Esta ruta es toda una aventura del espíritu. ¡Sigue nuestra ruta recomendada por Andalucía y disfrútala! Ver la ruta