Nápoles ha sido siempre una de las grandes capitales de lo que algunos autores denominan “El mediterráneo Ciudad”. Crisol de influencias, la dinastía Anjou, los reyes Aragoneses y los soberanos Borbones dejaron uno tras otro su huella en el lugar. La naturaleza también reclama su parte en la región de la Campania, en forma de relieve volcánico. Pero la presencia del Vesubio se endulza con la vocación marinera de la costa amalfitana, perfumada por los limones de sus acantilados.
Esta ruta por Nápoles y la Costa Amalfitana, encajonada entre la montaña y el mar, despacha uno de los tramos costeros más soberbios de la Europa mediterránea.

 



Fundada por los griegos, Nápoles tiene en el tenor Enrico Carusso y en la pizza sus dos iconos más internacionales. Claro que este plato no sabe igual en la ciudad que lo inventó, y mucho menos si se toma en algún local de la vía de Sta. Lucia o en el restaurante Trianon de via Colletta, el favorito de Vittorio de Sicca. Sábanas blancas secándose al viento, calles empinadas y motoristas alocados definen a la tercera ciudad italiana en extensión. El puerto se ve dominado por la mole del Castel Nuovo o Maschio Angioino, erigido por los Anjou y remodelado por los aragoneses, como demuestra la entrada del Arco del Triunfo, que honra a Alfonso V de Aragón. A sus pies, la Piazza de Trento e Trieste cierra uno de sus lados con el mayor teatro de ópera de Italia, el San Carlo. Enfrente, la galería cubierta Umberto I rivaliza con la de Milán. En la catedral se encuentra la capilla de San Genaro, fuente de devoción gracias a la sangre del santo, que se licua tres veces al año.

Al oeste de Nápoles se extienden los Campos Abrasadores, así llamados por la actividad volcánica, hasta el punto que Homero afirmó que esta era la entrada del infierno. Sin embargo, fueron los griegos los que fundaron Cumas. El recinto arqueológico de este enclave tiene en el Santuario de la Sibila su obra más destacada. Luego, girando hacia el norte, unos 30 Km. nos separan del Palacio Real de Caserta, el Versalles Italiano. Como su sobrenombre indica, los jardines del s.XVIII son excepcionales, cosa que no sorprende cuando se sabe que los encargó de Carlos III de Borbón.

 



A los pies del Vesubio, Pompeya es, después de la propia ciudad de Nápoles, otra de los grandes atractivos del sur de Italia y de esta ruta. A poco más de 20 Km. de la capital, Pompeya inquieta porque sus calles adoquinadas no dan la impresión de estar paseando por lo que entendemos como ruinas. La erupción del 79 d.C. sepultó la ciudad, pero en la actualidad se puede recorrer y revivir cómo era esta ciudad romana que conserva calles, templos y villas con mosaicos y frescos. Es como si sus habitantes hubieran abandonado la ciudad minutos antes. El sistema de alcantarillado y las conducciones de agua hablan de la técnica y el refinamiento de los romanos, pero aún resultan más excepcionales los frescos que decoran las Termas Stabianas o el Lupanaro, un burdel decorado con pinturas tan vívidas que avergüenzan a más de uno.
Otra ciudad sepultada por las iras del Vesubio es Herculano. Menos famosas pero igual o mejor conservadas que Pompeya, no decepcionan.

Si la visita de la ruinas de Pompeya y Herculano no colman nuestra ansia de aventura, a buen seguro que una excursión a la cima del Vesubio lo hará. En sus laderas, como si el humo que sale del cono no significara nada, se extienden residencias y campos de vid, con cuya uva se elabora el escaso vino Lacrima Cristi. Hay que subir al cráter y visitar el observatorio astronómico. El ascenso se efectúa en coche hasta los mil metros de altura, desde donde hay que andar un buen trecho hasta el cráter, a 1.158 metros. También se puede tomar el telesilla desde Torre Annunziata.

 



La ruta recorre el Golfo de Nápoles y entra en la costa sorrentina donde espera la agradable ciudad de Sorrento. Su pintoresco puerto es un buen lugar para saborear la cocina napolitana y el limoncello que se elabora de manera tradicional en esta región.. Cerca hay algunas de las calas más bonitas de la península sorrentina.

La jornada de hoy es de las que hacen disfrutar a los amantes de las carreteras sinuosas encaramadas en paredes junto al mar, es la Costiera Amalfitana. Sólo son 32 km. los que distan de Sorrento a Amalfi, pero seguro que nos detendremos más de una vez a tomar fotografías. Amalfi es la más antigua de las repúblicas marineras y disfruta de un núcleo medieval pintoresco que en ocasiones recuerda una kasbah árabe. Enemiga de las repúblicas marineras de Pisa y Génova, sus casas se superponen en equilibrio sobre un acantilado y resulta fácil encontrar en sus callejuelas tiendas de alfombras y cerámica, recuerdo de sus lazos con Oriente. Tras visitar el Duomo del siglo IX, hay que tomar un vino Sammarco de aperitivo, típico de la zona. En la bahía de Conca se esconde la Grotta dello Smeraldo. También merecen un alto Ravello, un magnífico balcón natural abierto sobre el golfo de Salerno. De visita inexcusable son su Catedral, con la puerta de bronce de Barisano de Trani, obra cumbre de la escultura del siglo XIII, el jardín de Villa Rúfolo, cuyo ilustre y último habitante fue el compositor Richard Wagner, y las vistas más espectaculares de la costa en la Villa Cimbrone. Imprescindible también es el exclusivo Positano, que se encuentra dividida en dos por un barranco, por el que sus casitas blancas se encaraman hacia el cielo. Sin duda, su imagen es una de las más bellas de la costa amalfitana, además de ser una de las poblaciones con más glamour, a juzgar por sus elegantes comercios. El film “Una casa en la Toscana” se rodó en parte en sus calles.

La exclusiva isla de Capri es accesible en barco desde Sorrento, Positano, Amalfi o Nápoles. Casitas blancas en calles muy estrechas le otorgan un aire señorial, al igual que las residencias de los emperadores romanos Tiberio y Augusto. Sus villas se pueden visitar, pero lo que atrae al turismo como un imán es, sin duda, la célebre Grotta Azzurra o Gruta Azul, así llamada por los efectos combinados de la luz y el agua del mar. Tras la visita en barca, es posible bañarse junto a los farallones de roca o tomar el telesilla de Anacapri al monte Solaro, punto más elevado de la isla y excelente mirador.

Para concluir nuestra estancia en la región, dejando atrás la Costa Amalfitana y Salerno encaramos la carretera 518 hacia las ruinas de Paestum, dominadas por tres templos dóricos que se encuentran entre los mejor conservados de la Grecia antigua. Fundado en honor de Poseidón. Paestum formó parte de la Magna Grecia o colonias griegas de ultramar.

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