Si una cosa tienen los Pirineos de Cataluña es una naturaleza bien conservada con un parque nacional y cuatro parques naturales. Esta ruta en coche nos llevará a saltar de valle en valle, desde el cabo de Creus donde se hunden las estribaciones más orientales de esta cadena montañosa, hasta Val d’Aran, reducto de confort y patrimonio.

 



Paisajes de excepción van pasando frente a nuestros ojos, cuando, desde los miradores situados a pie de carretera, divisamos verdes valles salpicados de pueblos cuyas casas se arremolinan alrededor de iglesias románicas. Es la postal que podemos tocar con nuestras propias manos; es el sueño de los colores tornasol del otoño donde los árboles de hoja caduca aún compiten en esplendor con el verde del abeto.

 



Es tiempo de setas, de recogerse alrededor de una buena mesa de un hostal de montaña, antigua parada de diligencias por donde transitó Picasso en sus años jóvenes. Es época de un buen civet, de un trinxat o de un tiró amb naps, después de una jornada de senderismo en la que podremos descubrir alguno de los 400 lagos de origen glaciar que se esconden entre montañas que rozan los tres mil metros.

Pocos lugares en España son accesibles en un tren-cremallera que supera más de mil metros de desnivel para acceder al Vall de Núria. La virgen encontrada nos hablará de leyendas, mientras podemos descansar en un confortable hotel junto al santuario.

 



Las campanas de la catedral románica de la Seu d’Urgell nos advierten de la presencia de este magnífico templo, lo mismo que el conjunto de iglesias de la Vall de Boí reconocidas Patrimonio de la Humanidad. En Sant Climent de Taüll, un mapping permite ver en tiempo real como las pinturas cobran vida. Cerca, el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici nos sugiere un corto paseo de un par de horas. Los cencerros de caballos y vacas pastando compiten con el tañido de tanta iglesia que, en el siglo XII, intentaba con sus pinturas murales adiestrar al pueblo.

 



Y todo esto con la presencia de queserías artesanales donde se producen los mejores quesos del Pirineo. Si nuestro recorrido en coche termina en el Val d’Aran declarado Reserva de la Biosfera, después de recorrer sus agradables rincones, se impone probar el caviar de esturión que allí se produce, acompañado de un trago de vodka. Si queremos ser más tradicionales con Aigua de Nodes, la ratafía aranesa, un licor producido con la maceración de nueces verdes… entre otros secretos.

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