Noruega es uno de los pocos países europeos que retiene algo del espíritu salvaje que en otros tiempos animó el Viejo Continente. A grandes rasgos, se trata de un país largo y estrecho, de cantos afilados, cortados con el hacha de hielo de su glaciares. Son antiguas tierras vikingas donde el agua del mar se remansa en fiordos de aguas pintadas de azul puro, que con sus caprichos detienen el avance de la carretera a cada tanto, imponiendo un ritmo de visita alejado de las prisas.

Bergen es la segunda ciudad de Noruega y una excelente puerta de entrada a la región de los fiordos. Berg, en noruego, significa montaña, así que los montes abrazan la urbe. Bergen respira un ambiente relajado y estudiantil, donde es fácil oír hablar español, ya que dio refugio a fugitivos de las dictaduras sudamericanas.. Segunda ciudad en extensión de Noruega, Bergen creció al abrigo de la Liga Hanseática, asociación de ciudades que dominó el comercio marítimo del norte de Europa durante la Edad Media. El barrio de mercaderes y marinos de Bryggen, todo en madera, es Patrimonio de la Humanidad. Cerca, el mercado del pescado permite probar las especialidades locales en múltiples tenderetes. Las construcciones de madera del barrio de Bryggen sumergen en el ambiente marinero de fines del siglo XVII.

Partiendo de Bergen dedicaremos un par de jornadas a recorrer los Fiordos del Oeste, y en particular el de Songdal o de Los Sueños. Viajando al norte por la E16 se accede a la localidad de Flåm, donde el trayecto en tren hasta el fiordo de Aurland supone una popular y panorámica excursión. La pequeña población de Flåm es famosa por las vistas que se obtienen desde el tren cremallera que la une con Myrdal. Son 20 Km. con un desnivel de vértigo y algunas paradas para tomar fotos, como la que hay junto a la cascada de Kjosfossen. Desde lo alto se aprecia todo el Fiordo de los Sueños. De vuelta, el túnel que une Aurland con Lærdal es el más largo del mundo en carretera y nos lleva a esta bella población con casas de los s. XVIII y XIX al fondo de uno de los brazos del Songdal. La mejor manera de disfrutar del Fiordo de Sogne, el más profundo y extenso del país, con 204 Km. de longitud, es navegar por uno de sus brazos, el Nerefiord, hasta la población de Gudvangen. Los amantes de las excursiones a pie apreciaran los senderos del valle de Saurdalen. La estancia en la región se puede aprovechar para ver algunas iglesias vikingas como la de Borgund o la de Urnes. Noruega conserva una treintena de iglesias de madera construidas durante la Edad Media. La de Borgund en Lærdal es la mejor preservada y la de Urnes una de las más antiguas. Todas sorprenden con su forma de nave invertida, sus aleros con forma de dragón y sus techos que recuerdan escamas.

Un ferry nos traslada de Lærdal hasta Kaupanger para seguir por tierra hacia las estribaciones del parque Jostedal. Dejando atrás Songdal y muy cerca de la “Capital del Libro” en Fiorland, se accede a los glaciares de Supphellebreen y Boyabreen, que avanzan a pesar del calentamiento global. Más adelante, Stryn es la capital oficiosa del Nordfjord y punto clave del esquí estival. Una vez instalados allí, tenemos dos posibilidades: una es tomar el tramo oeste de la Golden Route hacia la localidad costera de Måløy, bordeando el Nordfjord. Otra es dirigirse al este, hacia Olden y el glaciar de Briksdal, en el corazón del parque de Jostedal. Tras un indescriptible recorrido por carreteras panorámicas, aparece Briksdal, el más espectacular de los glaciares del Parque Nacional de Jostedal. Desde el parking, el acceso a los pies de glaciar se lleva a cabo a pie o en calesa tirada por caballos. Diversas empresas ofrecen excursiones sobre hielo. Excursiones de distintos niveles permiten andar sobre el hielo. En la cabecera norte de Fiorland se accede con facilidad a las lenguas de hielo de Supphellebreen y Boyabreen. De la primera se extrajeron los bloques que sirvieron de podium en las olimpiadas de invierno de Lillehammer, mientras que la segunda constituye uno de los pocos glaciares del mundo que aún avanza.

Dejamos Stryn para dirigirnos a Geiranger. La carretera de alta montaña RV-63 nos lleva hasta allí a través del tramo de la Gamle Strynefjellsveg, pasando a los pies del monte Dalsnibba, al que es conveniente subir por la pista de tierra para obtener las mejores vistas del fiordo de Geiranger. Desde la cumbre, accesible en coche por una pista de tierra bien cuidada, es posible disfrutar de una panorámica de 360º a vista de pájaro. A los pies de la montaña hay diversos lagos de deshielo, muy adecuados para un picnic junto a sus aguas de un azul abisal. En el descenso nos acercaremos a la Flydalsjuvet, una fotografiadísima roca que asemeja un balcón sobre el fiordo. Saltos de agua como el de Las Siete Hermanas nos cuentan leyendas que se pierden en la noche de los tiempos. Los observamos desde el ferry que lleva de Geiranger hasta Hellsylt.

Para tomar las mejores fotos, salimos de la población de Geiranger en dirección a Åndalsnes, nos elevamos de nuevo por la Carretera de las Águilas. Otra vía espectacular, en este caso esculpida en la Montaña del Troll, nos dejará en nuestro destino. Es la Trollstigveien. De Åndalsnes hacia la costa circulamos por la E39/E136 para llegar a Ålesund, simpática ciudad costera construida en estilo Art Nouveau. Los edificios ornamentados con gárgolas, torreones y filigranas fascinan al visitante de este enclave marinero. La culpa es del Káiser Guillermo II, que tras la destrucción del pueblo por el fuego en 1904, mandó provisiones y materiales para reconstruirlo en estilo Art Nouveau.

Nos espera otra larga jornada. Desde Ålesund nos dirigimos hacia el Norte, por carretera o combinando el uso de ferries, para visitar Molde, que también forma parte de la Golden Route. Destruida durante la 2ª Guerra Mundial, hoy disfruta de las fantásticas panorámicas del mirador de Varden y de un afamado festival de jazz en julio. El itinerario prosigue hacia Sunndalsøra, conduciendo primero por el Langfjorden hacia Mardalsfossen, con su impresionante salto de agua, un tanto mermado por culpa de una hidroeléctrica. Por el camino quedará el lago Eikesdalsvatnet. La jornada prosigue por la carretera de montaña de Aursjøvegen vía Lilledalen, que desemboca en Sunndalsøra, ciudad industrial rodeada de picos de más de 1800 m. Por el valle Sunndalen nos desplazamos hasta el pueblo de montaña de Oppdal, con reputadas instalaciones de esquí alpino.

El viaje hasta Lillehammer permite conocer dos parques nacionales. Partiendo hacia el sur, pronto encontramos el de Dovrefjell, que rinde pleitesía al los 2.286 m. del pico Snøhetta y al escaso buey almizclero. Luego, hacia el sudeste, la carretera Rondaneveien va hasta el Parque Nacional de Rondane, el primero creado en Noruega, donde sus picos de 2.000 m de altura componen la región más apreciada por los montañeros. La zona también contiene el recuerdo de Henrik Ibsen, que se inspiró aquí para escribir Peer Gynt. Este año se conmemora el centenario de su muerte. Los mitos que dieron alas a su imaginación perviven en el parque temático de Hunderfossen, dedicado a los trolls. Poco más adelante llegamos a Lillehammer. Reputado resort de esquí, se popularizó durante las Olimpiadas de 1994.
La última etapa nos lleva a la animada capital de Noruega, no sin antes conocer el lago Mjøsa a bordo del Skibladner, un antiguo barco de rueda a vapor. Otra atracción en ruta es Gjøvik, con su fábrica de vidrio. Tras recorrer todo el perímetro del Mjøsa, alcanzamos Oslo, la capital escandinava más antigua. Está situada en plena naturaleza, junto a un fiordo cubierto de islotes. La península de Bygdøy posee algunos de sus mayores atractivos. Oslo siempre invita a disfrutar del apretado calendario musical y teatral de la ciudad.

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