La monarquía francesa quedó prendada de la belleza del valle del Loira y decidió engalanarlo con multitud de castillos rodeados de impresionantes jardines, que se conservan en todo su esplendor. Al final de la ruta, Orléans alberga una imponente catedral, que preside un restaurado centro histórico.

La ruta por los majestuosos castillos del Valle del Loira, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, tiene como puerta de entrada al valle Tours, bonita ciudad que se muestra como una ciudad activa y animada, en especial en los alrededores de la plaza de Plumereau donde podremos pasear entre callejuelas peatonales, flanqueadas por fachadas con colombages o entramados de madera. Su catedral deslumbra por sus impresionantes vidrieras.

 



A partir de TOURS, la ruta de los castillos zigzaguea entre los valles de los afluentes del Loira. Pero el orden de las visitas no altera la calidad de los castillos. Antes de llegar podemos hacer una parada en la Abadía de Fontevraud, la abadía medieval más grande y mejor conservada de Francia que alberga las tumbas de Leonor de Aquitania y su famoso esposo, Ricardo Corazón de León. Los edificios, con especial atención a la cocina octogonal, y jardines dan una perfecta idea de la vida monástica. Y en el castillo de Ussé, que construido en el siglo XV, se encuentra en un paraje bucólico, a la orilla del río Indre. Sus blancas y puntiagudas torres inspiraron a Perrault su Bella Durmiente.

De estilo sobrio, el castillo de Villandry destaca por sus jardines de estilo renacentista. Sobrio y simétrico, este castillo destaca sobre todo por la originalidad de sus jardines, en los que se combinan armoniosamente flores, plantas ornamentales y decorativos macizos vegetales. Perfecto ejemplo de arquitectura del siglo XVI. Entre el jardín del amor y el de los placeres, circulan trovadores modernos que tocan la trompa para el deleite de los visitantes. Desde aquí el recorrido por el Valle del Loira continúa hacia el Castillo de Azay-le-Rideau, femenino y seductor, con torreones ornamentales y pintorescos fosos. Su interior, muy espacioso y detallista, confirma la inspiración renacentista del edificio. El día de hoy también nos depara una sorpresa en Loches, pueblo medieval en perfecto estado, presidido por un castillo que esconde las mazmorras más profundas de todo el valle del Loira.

Cuando Leonardo da Vinci se instaló en Amboise, llevaba la Gioconda en su equipaje. Ahora descansa en la capilla del castillo que domina el Loira mientras una tropa de artistas actúa en las salas de la residencia real para recordar que la comedia del arte estaba en boga cuando Francisco I invitó al ilustre pintor. Una enorme rampa en espiral da la entrada a un castillo de gran relevancia histórica. En su fachada fueron colgados en ganchos de hierro 1.200 conspiradores hugonotes, que en el siglo XVI intentaron destronar a Francisco II.

Muy cerca aguarda el castillo de Chenonceau, antigua propiedad de Diana de Poitiers y luego de Catalina de Médicis, merece su apodo de “castillo de las damas”. Romántico castillo que fue creado y habitado por mujeres y que forma una bella imagen al reflejar sus arcos en el río Cher. Sus interiores son también grandiosos y muy delicados, con hermosos cuadros y tapices. Fiel a su reputación de armonía y elegancia, abre al público el taller floral que se encarga de adornar los aposentos del castillo.

Si el río Loira tuviera que darse una capital, seguramente sería Blois. Ciudad que conserva un aire refinado gracias a sus nobles mansiones y patios románticos. En su castillo de cuatro alas bien diferenciadas destaca la escalera octogonal de Francisco I. Deslumbra en la noche cuando las fachadas de su patio interior se cubren de mil y un trajes luminosos. La casa de la magia, frente al castillo, completa la oferta lúdica de la ciudad.

 



Pero ningún castillo produce una impresión tan fuerte como Chambord. El castillo más grande y célebre del valle es también la manifestación más grandiosa del Renacimiento francés. Son imprescindibles sus terrazas, la sala de armas y la gran escalinata, en la que nunca se encuentran las personas que suben y bajan. Seduce por sus techos, sus increíbles chimeneas, sus campaniles, su escalera de doble revolución y su espectáculo ecuestre que hace del caballo el rey del recinto. Antes de llegar, si el tiempo lo permite, se puede hacer una parada en Montrichard, donde una vieja torre cuadrada en lo alto de las ruinas del castillo sirve de marco a un espectáculo de cetrería. Los grandiosos rapaces que se prestan a demostraciones de vuelo desde la orilla derecha del río Cher devuelven a las ruinas algo de su esplendor perdida.

 



Los lectores de Tintín reconocerán la clásica silueta de Cheverny que sirvió de modelo al dibujante Hergé en algunas de sus viñetas. Clásico, elegante y lujosamente amueblado, acoge de forma permanente una recreación del mundo de Tintín, ya que Hergé se inspiró en este edificio para crear la mansión del capitán Haddock. En sus libros, el dibujante sólo omitió las alas del castillo. Una espléndida jauría, un globo cautivo, botes y coches eléctricos en los jardines enriquecen la tradicional visita de los interiores.

Apenas transcurren una veintena de kilómetros y ya aparece la silueta de otro castillo excepcional: Chaumont- sur- Loire. De estilo renacentista y apariencia defensiva, ocupa un lugar privilegiado a orillas del Loira. Su puente levadizo aún funciona pasados cinco siglos de su construcción. Un inmenso parque conduce al Festival Internacional de los Jardines que recrea cada año los proyectos de los treinta paisajistas finalistas. La creatividad de los artistas-jardineros es un regalo para la imaginación.

El río Loira conduce a Orléans, liberada de los ingleses por Juana de Arco. La ciudad de Juana de Arco, a la que se recuerda con un desfile a finales de abril, cuenta con una exposición dedicada a la heroína francesa y una imponente catedral, que preside un restaurado centro histórico. El núcleo más antiguo se localiza entre la catedral y el Loira, cuajado de edificios con entramados de madera en la fachada, palacetes renacentistas, dos colegiatas y una torre de origen galorromano.

Con la vista puesta ya en el viaje de regreso, una última parada para descubrir por qué cada verano, el castillo de Sully-sur-Loire vibra con los acentos de la música del festival que lleva su nombre. Entre los conciertos, los niños de todas las edades se inician a los juegos medievales. De pronto, dados, aros, flechas, fichas, cartas, bolas vuelven a la luz a pesar de los video juegos.

 



Concluye así esta mágica ruta por el Valle del Loira, que va desgranando uno a uno los más bellos castillos de Francia, encaramados en colinas, ocultos en el bosque, envueltos por jardines o reflejándose coquetos sobre algún río. La rica gastronomía del Valle del Loira está presente en los mercados, rebosantes de quesos de cabra, verduras y frutas. Los restaurantes ofrecen entre otros, los excelentes vinos tintos de Chinon, los rosados de Anjou, y el vino blanco seco de Saumur.

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