Baviera, La región más visitada de Alemania lo tiene todo. Mientras el arte se concentra en la capital y ciudades del norte, el sur es sencillamente fantástico. Los castillos del Rey Loco y los hermosos pueblos bávaros son pura leyenda. Este fascinante recorrido a través de los Alpes alemanes en busca de los castillos de Luis II, de fama mundial, conquistará a los amantes de la fantasía y la montaña. Como complemento, Innsbruck aporta la visión austriaca de estas tierras inigualables.

 


Día 1: Munich, la gran ciudad del sur de Alemania

Munich es la tercera ciudad de Alemania en número de habitantes, tras Berlín y Hamburgo, con una población próxima a un millón y medio de personas. Se trata de una de las zonas con una mayor concentración de riqueza en el mundo, donde se mezcla lo tradicional con el estilo más vanguardista.
Podemos recorrer a pie gran parte de los puntos más destacados de la capital de Baviera ya que no se encuentran muy distantes.

La Marienplatz es la plaza central de Munich, siempre muy animada. Allí empieza la Neuhauser-Strasse, la calle peatonal más comercial. Prácticamente en la misma plaza está la Catedral, un grandioso edificio del gótico tardío, construido con ladrillo rojo y que se caracteriza por las dos torres de casi cien metros, coronadas en forma de bulbo. Un ascensor nos lleva a lo alto de una de las torres.
En la misma Marienplatz está el Nuevo Ayuntamiento, de estilo neogótico, que tiene como máxima atracción su carillón que a las 11, a las 12 y a las 5 de la tarde suena acompañado de unos autómatas de cobre esmaltado que bailan la Danza de los Toneleros, conmemorando el final de la epidemia de peste en el siglo XVI. Al lado están el Antiguo Ayuntamiento y la iglesia de San Pedro, donde se puede subir a la torre. Detrás de esta iglesia se encuentra el Mercado de las Vituallas (Viktualienmarkt), una de las zonas más acogedoras de Munich. El mercado vende productos de calidad, pero un poco caros. En la plaza hay el típico jardín de cerveza (biergarten), para comer productos locales además de tomar una de estas bebidas, una de las grandes aficiones locales.

Entre las pinacotecas de la ciudad recomendamos la Alte Pinakothek, la Neue Pinakothek y la Pinakothek der Moderne, con obras maestras de la pintura europea del siglo XIV al XVIII, del XIX, y del XX respectivamente.

Para acabar el día nos trasladamos al Jardín Inglés (Englischer Garten), uno de los mayores parques del mundo, con casi cuatro kilómetros cuadrados y diseñado hace 200 años. Este gran jardín, que está al final de la Feilitzstrasse, es el sitio ideal para esperar la caída de la tarde, descansar en su césped al lado del lago Kleinhesselohe y visitar luego la Torre China, donde está el biergarten más concurrido de la ciudad.

 


Día 2: El Deutsches Museum: inmenso, divertido y didáctico

Un gran museo centra la visita de hoy a Munich. El Deutsches Museum, dedicado a la ciencia y a la tecnología, es muy amplio y reclama nuestra atención durante no menos de dos o tres horas. Entre las otras opciones de la jornada destacan el Parque Olímpico (Olympiapark), que acogió los JJOO de 1972, y el desplazamiento al campo de concentración nazi de Dachau.

El Olympiapark está a unos 4 Km. al norte de la ciudad. Entre las diferentes instalaciones deportivas resalta el estadio, que está unido al palacio de los deportes y a la piscina. El llamado Tour de Aventura, un recorrido completo por el estadio y otras instalaciones y puntos de interés del Olympiapark, nos harán revivir en la memoria las proezas de los deportistas que intervinieron en aquellos juegos olímpicos. Es posible además caminar por el techo de acero y vidrio del estadio olímpico a través de unas pasarelas, una experiencia excitante de dos horas.

La gran torre olímpica, con sus 290 metros, preside este gran complejo. El ascensor sube hasta los 190 metros para observar una vista extraordinaria de la ciudad e incluso de los Alpes en la lejanía. Vale la pena.

En la misma Villa Olímpica encontramos un santuario para los amantes del motor, el BMW Museum, con un espacio de exposición a más de cinco mil metros cuadrados. Bajo su torre futurista observamos la evolución de la marca, los éxitos deportivos y diferentes modelos de serie y de competición.

Para los aficionados al fútbol hay la posibilidad de dirigirnos a Fröttmaning, donde está el Allianz Arena, el nuevo estadio del Bayern de Munich, reconocido como el más moderno de Europa y con una arquitectura espectacular, sobre todo cuando se ilumina en los partidos nocturnos. Se pueden ver las instalaciones con un guía todos los días, excepto cuando hay partido. El recorrido dura 75 minutos.

Si se prefiere repasar la historia, hay una cita impactante en Dachau, a 25 Km. de Munich. Allí se encuentra el primer campo de concentración nazi, construido en 1933 y que sirvió de modelo para los siguientes. En él, todavía se pueden ver los terroríficos hornos y la cámara de gas. Más de 200 mil personas fueron encerradas en este lugar que, desde 1941, empezó a funcionar como centro de exterminio. Se calcula que se produjeron 30 mil muertes aquí. En 1945 fue el segundo campo liberado por los aliados y desde entonces se exhibe como una de las mayores muestras de denuncia de la brutalidad de Hitler. Abre de 9 a 17 y la entrada es libre.

Vamos a intentar sobreponernos de los horrores del pasado nazi volviendo a Munich. Ya de regreso vamos al siempre animado centro comercial e histórico de la ciudad. En sus bares o restaurantes podemos probar las salchichas típicas de Munich como la Weisswurst, una salchicha blanca que empezó a elaborarse en 1857. También hay que probar el bretzel, una especie de panecillo en forma de lazo que se come en Baviera. En el centro de la ciudad hay numerosos restaurantes para saborear la cocina local. Uno de los más conocidos es el “Augustiner Gaststätten”, que se creó hace más de cien años y que sirve buenos platos en un ambiente típicamente bávaro. El “Bratwurstherzl”, cerca también de Marienplatz, es un mesón que acostumbra a estar lleno y donde puede degustar comida muniquesa.

Por la tarde nos trasladamos a una de las islas del río Isar, que atraviesa Munich, es la Museuminsel, donde está el Deutsches Museum, el Museo de la Historia de la Ciencia y la Técnica Alemana, uno de los más importantes de Europa en su género. Es un museo tan extenso -50 mil metros cuadrados- que es aconsejable seleccionar las áreas que más nos puedan interesar. Abarca sectores tan diversos como todo tipo de transporte hasta la astronomía pasando por las telecomunicaciones. Expone aviones de la II Guerra Mundial, locomotoras diesel o se muestra como se origina un rayo a través de generadores.
La última noche en Munich la podemos destinar a escuchar música en algún club de jazz de los muchos que hay en la ciudad. Uno de los más reputados es el Unterfahrt. Aquí la música en directo se vuelve protagonista cada noche y los domingos el ambiente se anima con sus famosas jam sessions, cuando los diferentes músicos asistentes dejan por unos minutos su papel de público y suben al escenario para improvisar.

 


Día 3: De camino al Tirol por los Alpes Bávaros

Abandonamos Munich temprano –vamos a recorrer más de 300 Km.- para ir a Prien, una pequeña población a orillas del precioso lago Chiemsee, al que llegamos en una hora tras recorrer unos 89 Km. Conocido como el mar de Baviera, el Chiemsee, ofrece numerosas actividades acuáticas. En una isla del lago se halla el castillo Herrenchiemsee. Para llegar al castillo hay que tomar un barco en Prien-Stock y atravesar los espléndidos jardines que lo preceden. Construido por Luis II en 1878, su grandiosidad pretende ser un homenaje al Palacio de Versalles del rey francés Luis XIV, monarca admirado por el germano. Esta construcción que jamás sirvió de residencia real alberga el Gran Salón de los Espejos, de 98 metros de longitud; el Kleines Valúes Schlafzimmer, el dormitorio real, utilizado sólo durante diez días; o la impresionante escalera doble del Embajador. Exagerados y fascinantes castillos como este, que le llevaron a la bancarrota poco antes de su muerte, hicieron que a Luis II le llamaran el Rey Loco. En cualquier caso, su fama y su legado siguen igual de vivos hoy como hace más de un siglo.

Hacia el sudeste está el valle de Berchtesgaden, en plenos Alpes bávaros. Después de pasar durante 13 kilómetros por Austria, rozando Salzburgo, y abandonar la autopista para subir de nuevo a las cimas alemanas, este increíble lugar podría tomarse como el más romántico de todo el país si no fuera porque en estas frondosas montañas de difícil acceso tuvo uno de sus cuarteles generales el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. En Obersalzberg se encuentra el famoso Nido de Águilas “Berghof”, donde además del domicilio de la máxima jerarquía nazi se encuentran el búnker de Hitler y el Kehlstein, un palacio de congresos.

En la frontera con Austria, toda esta zona forma parte del Parque Nacional de Berchtesgaden. Aquí se encuentra el lago a mayor altura de Alemania, el Königssee. En el pueblo del mismo nombre se localiza este lago, rodeado de altas montañas, lo que le da la apariencia de un fiordo. Con sus 190 metros es el más profundo de Alemania y se dice que contiene el agua más limpia del país.. El impacto turístico de la zona contribuye que el municipio de Königssee disponga de numerosos restaurantes. Entre ellos el “Echostüberl, y el “Hotel Königssee”. En ambos, buena comida en un entorno paradisíaco. La bonita capilla de San Bartolomé (Sankt Bartholomä), a la que se accede en barco eléctrico para evitar la contaminación y el ruido, está a unos 25 minutos del pueblo. Desde Königssee parten barcos cada cuarto de hora hasta las 17’30 en verano y hasta las 15’30 en invierno. La capilla data de finales del siglo XVII y queda enmarcada en el fondo por la cara este de la montaña Watzmann, de 2.713 metros, el tercer pico alemán más alto.

Disfrutando de unas vistas impresionantes nos encaminamos hacia Innsbruck, la bella capital de los Alpes, ya en el Tirol.
Al llegar a Innsbruck, ya oscureciendo, podemos callejear por su casco antiguo, entre el Arco de Triunfo y el famoso Tejadillo Dorado, o bien ir directamente a cenar. Sugerimos el restaurante “Jabinger”, que elabora cocina internacional. Más económicos, el “Goldener Adler”, junto al Tejadillo Dorado –Goldenes Dachl, el mesón más antiguo de la ciudad por el que han pasado visitantes ilustres como Goethe y Albert Camus; y el “Theresienbräu”, que mezcla la tradición austriaca con ciertos aires innovadores.

 


Día 4: Innsbruck: Arte entre grandes montañas

A Innsbruck se la considera la capital de los Alpes. Lo primero que nos llama la atención de su arquitectura son los tonos pastel de las fachadas de sus casas, el estilo barroco de muchos de sus edificios y los campanarios en forma de bulbo. Es una ciudad con un casco histórico situado en un meandro donde se unen los ríos Inn y Sill.
Desde el Arco de Triunfo, el itinerario sigue por la Maria-Theresien-Strasse, con multitud de cafés y tiendas. En esta calle está el Ayuntamiento y el Parlamento del Tirol. En la continuación está Burggraben Strasse, el antiguo foso donde se cruzan calles estrechas con balcones en voladizo. Está el Ayuntamiento viejo con una torre vigía, el Stadtturm, con un mirador abierto, y, sobre todo, el hermoso Goldenes Dachl, un palco gótico recubierto de cobre dorado que se ha convertido en el símbolo más famoso de la ciudad. Sus 2.657 tejas fueron mandadas colocar por el Emperador Maximiliano I en el mirador de la que antes era la residencia del archiduque Friedrich IV y lo que hoy es un museo dedicado al gobernante más celebrado de la localidad.

Para los amantes de las arquitecturas palaciegas, la ruta continúa por el flamante Hofburg o Palacio Imperial. Allí mismo está el “Café Sacher”, con la Emperatriz María Teresa como triste protagonista (su marido murió aquí durante las fiestas de la boda de su hijo); o por el castillo de Ambras, donde el mecenas renacentista Ferdinand II mandó construir un museo para exponer su excelente colección de arte, que incluye el famoso retrato de Vlad IV el empalador que sirvió para inspirar la figura del conde Drácula.

En cuanto a arquitectura religiosa, el interior de la basílica de Wilten es una auténtica joya rococó. Sus amplias vidrieras lo convierten en uno de los templos más luminosos de la ciudad, realzando el colorido de los frescos del techo y el brillo de su fabuloso órgano. Reconstruida a mediados del siglo XVIII, la leyenda dice que los legionarios romanos veneraban aquí a una imagen de la Virgen.
Además del “Café Sacher”, que está en la entrada del palacio imperial, hay otras cafeterías encantadoras como el “Alte Testube”, que prepara deliciosos pasteles.

A sólo 19 Km. de la capital tirolesa, el corazón del Tirol alberga un fascinante museo dedicado a las creaciones en cristal de Swarovski. Laberintos de cristal, relucientes y gigantescas esculturas y diminutas figuritas finamente talladas conforman uno de los museos más visitados del país: Los Mundos de Cristal de Swarovski.

Innsbruck ha acogido en dos ocasiones los Juegos Olímpicos de Invierno (1964 y 1976). El trampolín de saltos de esquí de Bergisel, inaugurado en el 2002, fue ideado por la prestigiosa arquitecta iraquí Zaha Hadid, que dotó la instalación de un diseño vanguardista que ha recibido grandes elogios. En la torre del trampolín, situada a unos 50 metros, hay un restaurante con una panorámica espectacular dominando la ciudad, el “Café im Turf”, que proporciona una excelente comida en un lugar impresionante. A la torre se llega a través de un moderno funicular que puede transportar hasta 350 personas por hora y que cubre la distancia en sólo dos minutos.

 


Día 5: De Garmisch al castillo de Linderhof, un pequeño Versalles

La ruta se dirige hoy hacia Garmisch-Partenkirchen, la famosa ciudad alemana de deportes de invierno al pie de la montaña Zugspitze, que se encuentra a 61 kms de Innsbruck. Las poblaciones de Garmisch y Partenkirchen se fusionaron en 1935 para formar la estación de deportes de invierno más importante de Alemania y albergar el año siguiente los Juegos Olímpicos. Toda la actividad en Garmisch gira en torno de la plaza Marienplatz. Y en Partenkirchen, hay que visitar la Ludwigstrasse, una calle histórica que dos mil años atrás formó parte de la Vía Claudia romana. Los edificios que la flanquean, muchos de ellos locales comerciales hoy en día, son un auténtico espectáculo de la arquitectura bávara alpina. No pase por alto la escena del nacimiento de Jesús pintada en la fachada del número 15.

De entre los templos religiosos, el más interesante es la St. Sebastianskircherl, una pequeña capilla de color anaranjado junto al cementerio que se utilizó en la Guerra de los Treinta Años, en el siglo XVII. Las vistas de las cumbres de los alrededores y la tranquilidad del lugar son también destacables.

Después de haber ido al estadio de Bergisel en Innsbruck, es también obligado contemplar de cerca los impresionantes trampolines situados al sur de Partenkirchen, que vemos por televisión cuando disputan los saltos de esquí. Desde allí valoramos aún más el mérito de los esquiadores que practican este deporte.

En Garmish-Partenkirchen podemos comer en el “Alpenhof”. Está en la zona peatonal y ofrece cocina bávara y pasteles caseros.

Si preferimos hacer un corto paseo por Garmisch y empezar hoy mismo la visita a alguno de los castillos cercanos existe la alternativa de desplazarnos al castillo de Linderhof, descubriendo paisajes de ensueño, como Ettal – donde hay una preciosa abadía benedictina. El castillo de Linderhof se construyó en 1870, un año más tarde del de Neuschwanstein – que visitaremos el último día del viaje –, y está inspirado en el palacio de Versalles. Es el mas pequeño de los tres palacios construidos por Luis II de Baviera y el único que vio terminado. Sus dimensiones reducidas contrastan con el gran parque que lo rodea, que alberga un lago y una cascada. En un flanco del jardín hay una cueva artificial que «reproduce» la Gruta Azul de Capri; en realidad, es un decorado real para el Parsifal wagneriano. Un pequeño escenario se abre a un lago sobre el que flota una góndola dorada en forma de cisne.

Por la noche, de nuevo en Garmisch-Partenkirchen, nos podemos acercar a la pista de patinaje olímpica o al Casino a probar suerte…

 


Día 6: El imponente Zugspitze, el techo de Alemania en la frontera con Austria

Con sus 2.962 metros, el pico del Zugspitze es el más alto de Alemania. Y lo es por muy poco ya que la plataforma del espléndido mirador de la cumbre une la parte alemana con la austriaca. El panorama de los Alpes en este punto es sencillamente fantástico.

El tren cremallera que sube la montaña del Zugspitze está al sudoeste de Garmisch-Partenkirchen. El trayecto dura una hora y cuarto aproximadamente. Cuando estamos a unos 2600 metros, en el Zugspitzplatt, cogemos un teleférico que nos llevará en unos minutos a la plataforma de la cima. Tanto en la cumbre como en el Zugspitzplatt hay restaurantes.

Para llegar al pico de esta montaña hay otra opción parecida. Desde la estación de EIbsee (a 9 Km. de Garmisch-Partenkirchen) se toma igualmente el tren cremallera, que ofrece una sensacional vista del lago que lleva el nombre de la población, situado a casi mil metros de altura. Tiene dos kilómetros y medio de largo, uno de ancho, hasta 32 metros de profundidad y posee a lo largo de su lado norte siete pequeñas islas. El lago Eibsee se formó por un enorme deslizamiento de tierra. La parte final del recorrido hasta la plataforma también se realiza en teleférico. Por el camino pasamos por el glaciar de Schneeferner, un paraje maravilloso que no es más que el aperitivo de lo que nos vamos a encontrar en la cima. En días despejados, se pueden ver hasta cuatro países. Como siempre que se sube a la alta montaña, no olvide llevar ropa de abrigo, buen calzado y protección solar.

Antes o después de esta excursión al Zugspitze existe la posibilidad de desplazarnos a la localidad de Oberammergau, conocida por la calidad de los frescos pintados en las fachadas de varias de sus casas. Los dibujos pintados en las casas, mayoritariamente con motivos religiosos, corresponde al artista rococó Matthäus Günther. Hay que destacar también que cada diez años, casi la mitad de los 5 mil habitantes protagonizan la Pasión de Cristo. La próxima representación está prevista para el 2020. La primera tuvo lugar en el año 1634, el año siguiente de una epidemia de peste durante la cual los habitantes del pueblo juraron llevar a cabo la escenificación periódica de la Pasión de Cristo si eran protegidos de la enfermedad. Uno de los mejores restaurantes en Oberammergau es el “Hotel Alte Post”, una comida de altura en un ambiente agradable y muy propio de la región.
Si aun hay tiempo y fuerzas, no les va a defraudar la visita a la preciosa localidad de Mittenwald, a 19 Km. al sudeste de Garmisch-Partenkirchen. Mittenwald, situada al lado mismo de la frontera austriaca. Aquí también hay casas pintadas y una iglesia parroquial, de estilo rococó, con un campanario decorado con unos frescos muy bellos. Cerca de la iglesia está el Museo del Violín. Al final del siglo XVI, Mathias Klotz importó de Italia la tradición de la fabricación de este instrumento de cuerda.
De vuelta a Garmisch-Partenkirchen podemos acercarnos al restaurante “Bräustüberl”. Cocina diferentes tipos de carne que acompañamos con alguna de las mejores cervezas alemanas.

 


Día 7: Neuschwanstein: el castillo del “Rey Loco” y de “La bella durmiente”

Nada mejor para redondear el viaje que trasladarnos al castillo de Neuschwanstein, el más famoso de Baviera y que inspiró a Walt Disney para crear “La bella durmiente”. Este castillo recuerda, más que ningún otro, al de los cuentos de hadas. A un kilómetro del castillo cogemos la Neuschwansteinstrasse, un nombre casi impronunciable para nosotros pero que compensará la espectacularidad del lugar y de su entorno.

Luís II de Baviera vivió en este castillo lleno de fantasía e imaginación. Él mismo lo mandó edificar en el año 1866. La cámara del Rey, las salas del trono y de los cantores son algunas de las partes más interesantes de su interior. A quince minutos, desde el puente de Marienbrücke, se obtiene la mejor vista de esta construcción, que se eleva a casi mil metros de altitud. El coche debe aparcarse frente a otro castillo, el de Hohenschwangau. Desde el aparcamiento hay unos 30 minutos de subida a pie, a no ser que se tome un autobús o una calesa que nos lleva a la entrada.

Si después de visitar Neuschwanstein nos sobra tiempo podemos ir a Hohenschwangau. Este castillo, mucho más discreto, es donde el monarca veraneaba en su infancia. Al no tratarse de un proyecto propio, no se nota tanto la mente fantasiosa de Luis II, que apenas reformó el lugar tras la muerte de su padre. Curiosamente, y a pesar del menor presupuesto respecto a los otros castillos, éste resulta más cálido y acogedor, desde las fachadas exteriores pintadas de un intenso amarillo hasta los interiores, donde el rey conoció a Wagner y escuchó las últimas piezas del compositor en un piano cuadrado que todavía puede verse.

A sólo unos 3 Km. de estos dos castillos está la agradable y coqueta ciudad de Füssen, situada entre suaves colinas y en un bonito paisaje. En este cruce de caminos entre la ruta del Tirol y la ruta romántica de Baviera podemos ir al restaurante “Fischerhütte”, situado a unos 5 Km. al oeste de Füssen, junto a un lago y especializado en pescado. Si optamos por quedarnos en Füssen, en el centro destaca el “Hotel Restaurante Kurcafe” , un lugar con tradición que ofrece platos bávaros e internacionales.

 


Día 8: Garmisch-Partenkirchen: Punto de partida de excursiones espectaculares

Como colofón final a esta magnífica ruta en coche por los Alpes alemanes te proponemos una excursión por las cataratas y los rápidos de la garganta del río Partnach. Una excursión con picnic incluido, para visitar estas gargantas, situadas no muy lejos del centro urbano de Garmisch-Partenkirchen. Declaradas Monumento Natural desde 1912, estas gargantas recorren un estrecho desfiladero con paredes de hasta 80 metros de altura. Sus 800 metros de recorrido es una experiencia que no olvidaremos. Hay que llevar un impermeable porque, aparte de la corriente que circula con fuerza por el fondo, el agua cae en pequeñas cascadas por diferentes tramos del trayecto y la humedad es constante.

Completamos el día con la visita al Jagdschloss Schachen, el pabellón de caza de Luis II, donde el exterior de madera contrasta con el lujo del interior de algunas de sus salas. La excursión, más allá de la visita a la cabaña, supone un recorrido por entornos naturales fascinantes. Aunque el primer tramo coincide con el camino a las gargantas de Partnach, es necesario que se levante temprano esta mañana ya que la ascensión puede durar alrededor de cuatro horas. De vuelta a Garmisch-Partenkirchen podemos pasear por sus calles, hacer compras pendientes y cenar en alguno de los restaurantes como el “Gasthof zum Rassen”, especializado en comida bávara, o el “Poststüberl”, que elabora platos franceses además de sabrosos manjares bávaros en un marco rústico.

Finaliza así esta fascinante ruta saturada de encanto, opulencia y romanticismo.
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