La Costa Amalfitana —Amalfi, Ravello y Positano— unida a Herculano, Pompeya o la misma Nápoles conforman una de las zonas más deliciosas de todo el Mediterráneo, declarada Patrimonio de la Humanidad.

La Costa Amalfitana combina una gran belleza natural con la monumentalidad de la antigua república de Amalfi. Gracias al agua color turquesa que caracteriza esta zona del Tirreno, que se extiende de Sorrento a Salerno, es conocida como el paraíso azul de Italia o, como la Costa de las Sirenas o, simplemente, Bella Costeira.
La popular Nápoles, la fascinante Pompeya y la presencia casi turbadora del Vesubio imprimen carácter al resto de la región, dotando de nuevos matices al encanto natural del resto del país. Es la Italia del Sur, de la Dolce Vitta, la Italia del inolvidable cine de los 1950, de la Isla de Capri.

Nápoles, bulliciosa y encantadora

Nápoles es la capital de Campania y la tercera ciudad del país, tras Roma y Milán. Bulliciosa y llena de vida, domina el golfo del mismo nombre junto con el monte Vesubio. Debe su merecida fama a su encantador y algo decadente casco histórico, de 2.500 años de antigüedad, reconocido también como Patrimonio de la Humanidad. Con permiso del calcio y del mítico Diego Armando Maradona.
La vitalidad que se respira en sus calles, cafés y terrazas, la naturalidad y hospitalidad de los napolitanos y el rico legado histórico y arquitectónico (de las ruinas romanas al barrio Español) la convierten en visita obligada. Se trata de una ciudad para disfrutar a pie, atento para no ser arrollado por un motorino, para descubrir el Castel Nuovo, el teatro San Carlo, el palacio Real, San Francesco di Paola o Il Duomo.

Viajar hasta la antigua Roma

Camino de Amalfi, salimos del bullicio napolitano rumbo a la quietud de Pompeya, uno de los yacimientos arqueológicos más famosos de mundo. El tiempo parece que se ha detenido en las calles empedradas de esta ciudad, la mejor conservada que queda del Imperio Romano, gracias a que durante siglos estuvo sepultada bajo la lava del Vesubio. Si se recorre a primera hora de la mañana, a salvo del grueso de los visitantes, al contemplar en silencio sus calles, templos, termas y villas casi se logra viajar en el tiempo hasta la época de esplendor de la ciudad y sentir que todavía vive. En el año 79 d.C, una devastadora erupción del volcán acabó con ella, sumergiéndola en una gigantesca cápsula del tiempo para traerla intacta hasta nuestros días.
Como también lo hizo con Herculano, fundada, según cuenta la leyenda, por el mismísimo Hércules, que da nombre a la ciudad. Algo menos conocida que Pompeya, cuenta igualmente con edificios en perfecto estado de conservación, sepultados durante siglos por una capa de 16 metros de fango volcánico: la casa del Bicentenario y la casa de los Ciervos, de amplios y ricamente decorados patios, los baños, el colegio de los Sacerdotes de Augusto y uno de los teatros principales permanecen casi intactos. Como próspera y lujosa ciudad comercial que era, contaba con numerosos almacenes repletos de vasijas y cántaros, que todavía perduran hoy.
Más allá de Pompeya y Herculano, la región cuenta con otras joyas históricas como Paestum, conocida como Posidonia, uno de los recintos arqueológicos griegos mejor preservados, reconocido por la UNESCO. Atesora tres impresionantes templos dedicados a Neptuno, Atenas y la diosa Hera y magníficas pinturas en la tumba del Nadador.
Cual navegantes, llegaremos a Sorrento atraídos por la belleza de su privilegiado entorno natural y por su orientación hacia la bahía de Nápoles y el Vesubio. Desde su puerto salen diariamente los barcos hacia la isla más famosa de la bahía, Capri, que ha fascinado a emperadores, políticos y directores de cine por su belleza salvaje.

Costa Amalfitana, la Bella Costiera

Ya sumergidos en la costa Amalfitana, un litoral escarpado salpicado de pueblos de pasado renacentista ofrece estupendas vistas del mar Tirreno y de un paisaje puramente mediterráneo, en el que parecen superponerse viñedos, buganvillas, limoneros, olivos y naranjos, solo interrumpidos por la serpenteante carretera 163 que recorre toda la costa. Tal es el encanto de esta parte de Italia, que se la conoce con el sobrenombre de Bella Costiera o Costa de las sirenas.
Una de estas localidades más encantadoras es Positano, la ciudad más turística de la zona. Su imagen de postal, formada por un enjambre de casas blancas, rojas y naranjas que ascienden desde la playa por las laderas es la más utilizada a la hora de representar la magia de la región. Positano conserva el encanto arquitectónico de épocas pasadas, formado por una colección de arcos, cúpulas y callejones, unidos en ocasiones por escaleras casi secretas que conducen a suntuosas villas y lujosos hoteles.
La ruta prosigue hacia Ravello. Situada montaña arriba, a 350 metros sobre el mar, es un magnífico balcón sobre el que disfrutar de inolvidables panorámicas de la zona. Tal y como sucede en la gran mayoría de pueblos y ciudades de Italia, la plaza del Duomo, aquí conocida como Piazza Vescovado, es el corazón de Ravello.
Para acabar, la histórica Amalfi, que da nombre a esta zona de la costa y que allá por el siglo XII fue capital de la más antigua de las repúblicas marineras, capaz de competir con las poderosas Génova y Pisa. La comercial calle Lorenzo d’Amalfi es una de las arterias de la localidad, conocida como la Citta Bianca. Parte de la plaza del Duomo, en la que se levanta Santa Andrea de Amalfi, una de las catedrales más bellas de Italia. Construida en el siglo IX, está formada por las basílicas de la Cruz y de San Andrés. Destaca por su característica escalera de acceso, un maravilloso mosaico que representa a Cristo y los evangelistas y por un precioso campanario románico, terminado en 1276.

Trattorias con vistas, pasta y pizza

Cafés, pequeños restaurantes, trattorias, bulliciosas terrazas, rincones para tomar un espresso o degustar un limoncello tras una copiosa cena. La costa Amalfitana presume de una rica gastronomía que aprovecha los deliciosos productos que ofrecen el Tirreno y una agricultura que desafía a la fuerza gravedad, laderas arriba. Del mercado y la lonja, directamente al plato y a la copa, puesto que esta es también tierra de ricos vinos.
La pasta y la pizza al taglio siguen siendo los platos más afamados, con el permiso, por ejemplo, de la ensalada caprese, la especialidad de la isla de Capri, o la mismísima pizza Margarita, nacida en Nápoles en 1889 como homenaje a Margarita de Saboya. La mozzarella di Buffala se produce también en esta parte de Italia.
El limoncello es un poderoso digestivo elaborado a partir de cáscara de limón, aprovechando que esta es tierra de limoneros que se extienden por toda la región, sobre todo, en torno a Sorrento.

Un paraíso para soñar

No te pierdas este recorrido por la Costa Amalfitana, uno de los litorales mediterráneos por excelencia, quizá el más impactante de toda Italia. Son unos pocos kilómetros de costa y cientos de rincones por descubrir…
Aquí siempre apetece perderse. Sigue nuestra ruta recomendada por Nápoles y la Costa Amalfitana: Ver la ruta