Cuando el calor aprieta y la costa se llena de gente buscando el sol y el mar, los amantes de la montaña tienen en Asturias un paraíso de verdor y frescura repleto de ofertas de ocio y cultura.

El Parque Nacional de los Picos de Europa es el destino ideal tanto para quienes son felices calzándose unas buenas botas y practicando el senderismo como para los más comodones que prefieren disfrutar de las vistas elevándose hasta las cimas en teleférico. Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, el parque tiene en la Peña Santa y el Naranjo de Bulnes dos majestuosas cimas de más de 2.500 metros de altura. Para contemplarlo en todo su esplendor, nada como tomar el teleférico de Fuente Dé, que transporta al boquiabierto pasajero a través de las nubes hasta un mirador a 1.850 metros de altitud. Impactante es también el trayecto del funicular de Bulnes, que une los bonitos pueblos de Poncebos y Bulnes y atraviesa la Peña Maín.

De entre las numerosas excursiones que se pueden llevar a cabo entre los valles y ríos de la zona cabe destacar, por la extrema belleza del paisaje, la ruta del Cares. Transcurre entre Caín y Poncebos, paralela al desfiladero del río y a lo largo de once kilómetros entre impresionantes rocas.

Pero el majestuoso paisaje, en el que por cierto también hay magníficas playas, no es el único reclamo de Asturias. La historia y la belleza se aúnan en Cangas de Onís y en el conjunto monumental de Covadonga, lugar en el que comenzó la reconquista de la península en el año 722 y desde el que se accede a los apacibles lagos de Enol y Ercina. Asimismo, la visita al monasterio de Santo Toribio de Liébana es un baño de arte y espiritualidad, pues los monjes franciscanos que lo habitan custodian las valiosas obras del Beato de Liébana y el que se supone que es el mayor fragmento conservado de la cruz de Cristo.

¡Ah! Y no olvides saborear los exquisitos cocidos montañeses, el excelente queso de cabrales y la refrescante sidra asturiana, tu paladar también se merece disfrutar de nuevas experiencias.