Las tierras que atraviesa el río ibérico son dominio de millones de vides que puntean el paisaje substituyendo antiguos bosques de alcornoques. Dispuestas en hileras meticulosamente ordenadas, se precipitan por las laderas escoltando el viejo Douro en su lento fluir hacia el Atlántico. Sus frutos, más de cien variedades de uva que conforman los preciados caldos de la región. La ciudad en la que desemboca, Oporto, también Patrimonio Mundial, es visita más que obligada. Tras el viaje, una buena copa en la intimidad nos desvelará los secretos del mejor vino de Oporto.

Los aficionados a la enología harán de estas tierras, dominadas por millones de vides, su paraíso. Más de cien variedades de uva conforman los preciados caldos de una región que tiene mucho que ofrecer. En un paisaje imponente, el valle de un río con nombre de oro produce uno de los vinos más famosos del mundo, el Porto.

Viejas tradiciones explican la simbiosis del río, la tierra y el vino. El río Duero nace en los Picos de Urbión, riega las tierras españolas de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca y, sin conocer fronteras, cambia presumido su nombre por el de Douro para seguir por los distritos portugueses de Braganza, Guarda, Vila Real, Viseu, Porto y Aveiro. A su paso crecen algunos de los mejores viñedos de la Península y se alzan bellas localidades como Oporto y Guimarães, ciudades donde se fraguó la historia de Portugal.

Junto a la desembocadura de tan magno río se encuentra la ciudad de Oporto, un amasijo de empinadas callejuelas en las que todavía se respira el aire colonial de sus mejores años de esplendor. El puente Don Luis I une Oporto con Vila Nova de Gaia, en cuya ribera se encuentran las principales bodegas de porto, bellamente decoradas con barricas y maderas nobles, que son de visita muy recomendable. El viaje continúa hacia Guimarães, capital de Portugal en el siglo XII bajo los auspicios del primer rey de Portugal, Dom Afonso Henriques. Su magnífico castillo y la plaza de la Oliveira son prueba del glorioso pasado de esta ciudad, llena de bellos edificios construidos entre los siglos XV y XIX.

Dejando la costa atlántica, la ruta en coche por Oporto se adentra en el valle del Douro, declarado Patrimonio de la Humanidad por su rica historia relacionada con la producción de vino. Aquí se encuentran poblaciones como Amarante, ubicada junto al río Tâmega y terriblemente romántica; Pinhao, donde se unen las aguas del río homónimo con las del Duero; Lamego, cuyo Santuario de Nossa Senhora dos Remedios es una joya del barroco, o Peso da Régua, el punto central de la región y donde se encuentra el imprescindible Museo do Douro. Todos ellos están rodeados de campos de viña, que cambian del verde al rojo o al marrón según la época del año.

La vida aquí gira alrededor del vino, por lo que la mejor forma de imbuirse en el espíritu del Douro es, además de pasear por su hermosa ribera, sentarse en una de sus muchas y acogedoras tabernas y pedir que nos pongan un vaso de su mejor caldo.

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