Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, el valle del Loira reúne decenas de castillos que recuerdan el lujo palaciego de la historia de Francia. Uno de ellos, el de Cheverny, inspiró a Hergé en la creación del castillo de Moulinsart, hogar de Tintín y sus inseparables compañeros. El valle del Loira encierra un patrimonio excepcional e hilvana una fantástica ruta entre viñedos, castillos y pueblos medievales.

Esta es una ruta de castillos y magia, tocada con la gracia del trazo del creador de Tintín y muy adecuada para unas vacaciones familiares en las que no nos vamos a privar de ciertos lujos. El primer día partimos de Orleáns, la ciudad que vive alrededor de la figura de Juana de Arco. Considerada la máxima heroína del país, esta campesina humilde que afirmaba escuchar voces divinas agitó a las masas en mayo de 1429, hasta el punto de conseguir la liberación de la ciudad del poder inglés. Juana fue apresada por el ejército borgoñés en 1430 y juzgada por un tribunal eclesiástico. Fue acusada de brujería y quemada en la hoguera, pero sus hazañas bélicas fueron decisivas para la victoria francesa en la Guerra de los Cien Años. Beatificada en 1909 y canonizada en 1920, es desde esta fecha la patrona de Francia. En el nº3 de la Place de Gaulle se halla la Maison de Jeanne d’Arc. Se trata de la reproducción de la casa en la que vivió, durante once días, la Doncella de Orleáns (la vivienda original fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial), y en ella se explica la vida de Juana de Arco, así como el sitio sufrido por la ciudad en 1429.
A partir de aquí, muchas son los atractivos de Orleáns y de la vecina localidad de Blois. Cada uno sabrá escoger los que más se ajusten a sus gustos y necesidades. Por ejemplo, merecen una visita el Musée des Beaux Arts, donde las pinturas italianas, flamencas y holandesas del siglo XV conviven con obras de Renoir, Monet, Picasso, Miró y muchos otros artistas de los siglos XIX y XX; y la catedral Ste-Croix iniciada en 1601 y finalizada en 1858 con el remate de su impresionante aguja. Las vidrieras de la segunda nave, que describen la vida de Juana de Arco, datan de 1895. El templo gótico se halla en el Vieil Orleáns, el barrio antiguo por el que merece dar un paseo.
De Orleáns a Blois, nuestra siguiente etapa, hay 62 kilómetros por la vía rápida A-10/E05. Blois es un punto neurálgico en la ruta de los castillos, ya que a pocos kilómetros de ella se encuentran varias de las construcciones imprescindibles del valle del Loira. Además, en la misma ciudad ya podemos empezar a familiarizarnos con el lujo palaciego de esas fortalezas, porque aquí se encuentra el castillo de Blois, un edificio enorme formado por cuatro castillos de diferentes estilos arquitectónicos: medieval, gótico flamígero, renacentista y clásico. Aquí se encuentra la Salle des États Généraux, que servía de tribunal en la Edad Media y donde Luc Besson grabó, en 1999, la escena del juicio de su película Juana de Arco. Ahora estos muros albergan el Musée Archéologique et Musée Lapidaire y el Musée des Beaux Arts. Además, el ala de Francisco I contiene la sorprendente escalera de caracol que mandó construir el monarca, con su inicial grabada y vigilada por una salamandra decorativa. Por su parte, en la plaza del castillo destaca el ala de Luis XII, de traza gótico flamígero.
Al sur del castillo, en la Rue St-Laumen, está la iglesia de St-Nicolas. Del siglo XII, disponía, en su tiempo, de un pequeño hospital para peregrinos. Ahora es una de las mejores muestras de la arquitectura religiosa de aquella época.

Podemos pasear por los Jardins de l’Ancien Évêché, jardines de diferentes estilos, con estanques, plantas exóticas y buenas vistas de la ciudad y del castillo. Se accede a ellos desde detrás de la catedral, junto al Ayuntamiento. Y si viaja con niños, en Blois hay una atracción especial para ellos: la Casa de la Magia. Como en una casa encantada, las ilusiones ópticas, salas surrealistas, espectáculos y exposiciones de inventos llenan este museo mágico que entusiasmará a los más pequeños. Está en la Place du Château, frente al castillo.

Nuestra siguiente etapa estará dedicada a la visita del castillo de Cheverny (www.chateau-cheverny.fr. Tel. 02 54 79 96 29), a cuyo interés arquitectónico se suma la exposición permanente sobre Tintín. Cheverny está sólo a 16 kilómetros de Blois por la carretera D-765.
La exposición dedicada a Tintín no es una casualidad. Hergé, el creador del célebre cómic, se inspiró en el castillo de Cheverny para dibujar el castillo de Moulinsart, el hogar de Tintín, el capitán Haddock y el profesor Tornasol. Adentrarse en Cheverny es adentrarse en el mundo de Tintín, pero también conocer uno de los castillos mejor amueblados del Valle del Loira. En sus salas, pueden apreciarse piezas originales de gran valor, como una cómoda de Luis XIV o las 34 pinturas que reflejan diferentes escenas del Quijote colocadas en el comedor del castillo. En su sala de trofeos también pueden admirarse las más de dos mil cornamentas de ciervos, que dan testimonio de la tradición a la montería francesa desde hace más de 150 años. Una parte del castillo no es visitable; aunque desde 1922 está abierto al público, una zona continúa habitada por los herederos de Enrique Hurault, propietarios de esta joya arquitectónica.
El castillo está rodeado de un gran parque y un canal. Entre abril y noviembre ambos pueden recorrerse en vehículos eléctricos y en barca, respectivamente.
La siguiente visita será el espectacular castillo de Chambord. Este antiguo palacio del rey Francisco I –utilizado como base para sus jornadas de caza- tiene un aspecto imponente. Aquí trabajaron, desde 1519 y durante más de treinta años, 1.800 obreros al servicio del monarca. Una de las piezas clave del lugar es la escalera de doble hélice –dos escaleras de caracol engarzadas sobre el mismo eje- que algunos expertos atribuyen a Leonardo da Vinci. El interior dispone de más de 400 habitaciones con muebles, tapicerías y piezas de arte decorativo. Recorreremos también la enorme azotea, sus chimeneas, cúpulas y torres. La vista desde allí es espectacular.

Es el turno de otro de los castillos más mágico del Valle del Loira, se trata del castillo de Chenonceau, que es uno de los castillos del Loira más visitados. No en vano, su estampa robusta, clásica y elegante convierte este castillo renacentista en uno de los más bonitos de la ruta. Fue un regalo de Enrique II a su amante, Diana de Poitiers, quien añadió los jardines y el puente sobre el río Cher. Tras la muerte del rey, Catalina de Médicis lo reformó ampliando los lujuriosos jardines y levantando una elegante galería sobre el agua. La última propietaria, Madame Dupin, lo convirtió en centro de reunión literaria; entre sus invitados figuraron Montesquieu, Voltaire y Rousseau.
Sus interiores están decorados con muebles, tapices y pinturas de gran valor. En el exterior, contribuyen a su majestuosidad el puente levadizo y los torreones, además de los jardines y bosques de alrededor. El castillo posee un restaurante (L’Orangerie), cafetería self-service y una sandwichería.

Salimos de Chenonceaux por la N-76 hasta pasar Bléré, donde enlazamos con la D-31 hasta Amboise (total, 22 kilómetros). Esta población también cuenta con un hermoso castillo, convertido por Carlos VIII en el de estilo más italiano de todos los del Valle del Loira, influido por su visita a Italia en 1492. Dividido en tres alas, ofrece diferentes puntos de interés, como la Tour des Minimes, con hermosas vistas del río; las habitaciones del monarca, que nació y murió aquí, y la Salle des États, donde se hacía justicia en la época. Los amplios jardines y las murallas bien merecen un paseo pero, sobre todo, no hay que olvidar la capilla St-Hubert, de estilo gótico flamígero, donde está la tumba de Leonardo da Vinci.

En la pequeña localidad de Amboise también es famosa la casa Le Clos Lucé, el gran edificio donde residió y trabajó al final de su vida el genio renacentista Leonardo da Vinci, invitado por el rey Francisco I. En ella, ahora se exponen sus bocetos, planos y diseños, además de modelos a escala de los inventos que ideó pero que nunca llegó a construir. Puede verse un “protoautomóvil”, un tanque e incluso un paracaídas. Los hermosos jardines y vistas de los alrededores del museo completan la visita.

Dejamos Amboise para dirigirnos a Tours, rodeada por el río Loira y su afluente, el Cher. Tours albergó el gobierno francés en dos momentos críticos de su historia: durante la guerra franco-prusiana, en 1870, y a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, en 1940. Podemos acabar el día con un paseo por la plaza Plumereau, rodeada de casas de madera de los siglos XII a XV, y lugar ideal para disfrutar de los excelentes vinos blancos de la región, como el de Vouvray.

En Tours podemos visitar el Musée des Beaux Arts situado en el palacio arzobispal. Sin duda, la pieza estrella de este museo es La huida de Egipto, de Rembrandt, aunque aquí también puede apreciarse una importante colección del siglo XV al siglo XX que reúne a artistas como Mantegna, Rubens, Degas, Delacroix o Boulanger. La catedral de St-Gatien, con sus altísimas torres renacentistas, cuenta con unas enormes vidrieras construidas entre el siglo XIII y el siglo XV que, en los días soleados, crea unos maravillosos juegos de luces en el interior.

La ruta continúa hasta el castillo de Villandry, que es famoso, sobre todo, por sus jardines simétricos, que pueden visitarse sin entrar al castillo pagando una tarifa más reducida. Construido por Jean le Breton, ministro de Finanzas de Francisco I, y acabado en 1536, el de Villandry es el último de los castillos renacentistas construidos en el valle. En 1906, el edificio fue comprado por el doctor Joaquín Carvallo, quien creó los jardines tal y como se conocen hoy, siempre buscando la armonía con la arquitectura del siglo XVI. Destaca el jardín de Ornement, con sus setos podados con formas llenas de simbolismos. El potager es el antiguo huerto que los monjes medievales plantaban para alimentarse.

El siguiente castillo importante es Ussé. Pero antes haremos una pequeña parada en Azay-le-Rideau (a 18 kilómetros de Villandry). Este pueblo tranquilo debe su belleza de cuento de hadas a su molino sobre el puente, la iglesia con esculturas carolingias y al castillo, rodeado de estanques, nenúfares y el río Indre, que fue admirado por Balzac.

Desde Azay hay 14 kilómetros hasta el romántico castillo de Ussé. Junto al río Indre, el edificio inspiró a Perrault la historia de la Bella durmiente del bosque. Ubicado estratégicamente en el frondoso bosque de Chinon, numerosos torreones, adarves y matacanes coronan sus fachadas renacentistas. En el interior, colecciones de armas y objetos orientales, muebles del siglo XV, tapicerías flamencas y varias salas ambientadas con maniquís muestran la vida en el castillo hasta el siglo XIX.

Si se viaja con niños, la última sorpresa del castillo la proporciona un camino de ronda que, al seguirlo, reproduce la historia de la bella durmiente, a través salas y maniquís que representan a los personajes principales.

Seguimos hacia Saumur, la población fue un antiguo núcleo protestante en los tiempos de las luchas religiosas. Hoy luce una fisonomía muy bella con la estampa del castillo sobresaliendo por encima de las aguas del Loira. La fortaleza se levantó a finales del siglo XIV y está rodeada de bastiones y fosos del XVI.
En la localidad, nos situaremos en el Ayuntamiento (plaza de la Republique), un edificio del siglo XVI ornamentado con almenas. La plaza tiene buenas vistas sobre el río. También merece una visita la Escuela de Caballería, un museo que repasa la historia de la escuela militar y la caballería francesa desde el siglo XVIII hasta la Segunda Guerra Mundial.
Los pueblos de alrededor de Saumur, asentados en suelo blando de piedra calcárea, están plagados de antiguas casas trogloditas excavadas en la tierra. En el siglo XII gran parte de la población habitaba estas casas, pero hoy son sólo atractivos turísticos o bares y restaurantes curiosos.

Y si el tiempo lo permite, antes de abandonar el Valle del Loira, podemos visitar Angers. Atravesada por el río Maine, la ciudad de Angers parece toda ella construida con piedra blanca sobre la que resalta el color de los jardines que rodean la catedral gótica de Saint Maurice. Si queremos rematar la ruta con otro castillo no podemos obviar su gran fortaleza. Construido en el siglo XIII, las 17 torres circulares y la gran robustez del castillo de Angers lo convierten en una de las mejores muestras de la arquitectura feudal de la región. Su mayor atracción es un enorme tapiz de 104 metros de largo que representa el Apocalipsis según San Juan. Tejido a finales del siglo XIV por un encargo de Luis I, duque de Anjou, hoy se expone en una sala de seguridad dentro de la fortaleza y es el más antiguo del mundo de estas dimensiones. Las visitas a los aposentos reales y a las murallas, son también de gran interés.

Para conocer los castillos más bellos del Valle del Loira, sigue nuestra ruta recomendada: Castillos del Loira. Ver la ruta