Los enérgicos trazos de los impresionistas son un intento desesperado por captar la mágica luz del sur de Francia. Las fotografías del Mont Sainte-Victoire, pintado por Cèzanne, o bien de la iglesia de Auvers, que plasmó Van Gogh, palidecen sin remedio ante sus obras. Muchos de los rincones plasmados en sus pinturas se unen al legado romano y medieval de Arles y Aviñón y trazan esta ruta hasta Aix-en-Provence. Sin olvidarnos disfrutar de la campiña Hay mil pretextos para ir a Provenza, pero esta ruta conviene recorrerla en el momento preciso, en las últimas semanas de junio y primeras de julio, cuando los campos estallan de color con la lavanda en flor y el ambiente se invade de su aroma.

 



Nuestro itinerario se inicia a las puertas del Parque de la Camargue con la visita de la ciudad amurallada de Aigues-Mortes, construida por Luís IX. Rodeada de salinas, sus fortificaciones disponen de 20 torres entre las que destaca la de Constance. La Camargue es una zona de marismas en la desembocadura del Ródano, donde es habitual cruzarse con toros negros y caballos en libertad, así como bandadas de flamencos rosas.

La ruta continúa hacia Aviñón, ciudad que en su día se convirtió en el centro de la cristiandad. Sin ir más lejos, el Palacio de los Papas es el mayor palacio gótico del mundo. Cruzando el puente de St-Bénézet sobre el Ródano, el de la canción infantil Sur le pont d’Avignon, llegamos a la Cartuja de Villeneuve-lès-Avignon. La ciudad de los papas, además del aire medieval de su palacio gótico, de su famoso puente del siglo XII, sus murallas y otros monumentos, presenta cada verano el más famoso festival de teatro. Los que gustan del vino visitaran las cercanas bodegas de Châteauneuf-du-Pape.

 



El día de hoy vendrá marcado por la presencia de Vincent Van Gogh. Camino de Arles y a pocos kilómetros de Aviñón se encuentra Barbentane, conocido por su hermoso palacete. A partir de ahí nos internamos en el macizo de Les Alpilles, donde se encuentra Les Baux-de-Provence, uno de los pueblos más visitados de Francia, encaramado en un promontorio y presidido por una ciudadela medieval derruida. Tras la evocación romántica llega St-Rémy-de-Provence, un encantador pueblecito provenzal. En las inmediaciones, la ciudad romana de Glanum solicita una breve parada. Ya en Arles, el aura de Van Gogh lo impregna todo, atrayendo a admiradores de su obra y a artistas en busca de la luz que le dio la inspiración. Es muy recomendable seguir el itinerario señalizado desde el que se obtienen los puntos de vista que el artista reflejó en sus obras, como por ejemplo la plaza del Forum para el cuadro Café de Noche, el muelle del Ródano y La Noche Estrellada, etc. Además, la Fundación Van Gogh y la galería La Rose des Vents presentan exposiciones permanentes sobre el pintor.
La figura de Van Gogh a menudo eclipsa el hecho de que Arles también es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la riqueza de su patrimonio romano y románico.
Poco ha cambiado desde que Vincent Van Gogh inmortalizó los paisajes provenzales de Arlés con su paleta. Recuerdos de la gloriosa época romana, entre los cuales un coliseo en directa competencia con el de Nîmes y abundantes pistas del paso del pintor por la población, son sus atractivos.

Unos 40 Km. por la E80 hacia el este separan Arles de Salon-de-Provence, ciudad donde vivió Nostradamus, conocido por sus profecías. Tras visitar la casa del adivino, enfilamos hacia Aix-en-Provence. Esta relajada ciudad, pletórica de encanto y un tanto olvidada por los circuitos turísticos más populares, invita a prolongar la estancia para saborear el ambiente meridional y estudiantil de sus calles. La esencia de la tranquila ciudad provenzal con encanto se concentra en la ciudad de Aix-en-Provence. Por sus calles rebosantes de tipismo, pasean estudiantes de la universidad fundada en el s. XIV. La sombra del pintor impresionista Paul Cèzanne también se hace notar Por eso no importa dónde se inicie el paseo mientras se acabe en Les Deux Garçons, el delicioso café del Cours Mirabeau donde se refugiaba Cézanne.

 



Al norte d’Aix la ruta transcurre en el Luberón, macizo montañoso a mitad de camino entre los Alpes y el Mediterráneo. Lourmarin merita una parada por ser donde vivió el escritor Albert Camus, enterrado en el cementerio del pueblo. En sábado vale la pena el gran mercado de Apt, del que son muy valoradas la uva y las fresas, así como los fleurions o frutas confitadas y cristalizadas con azúcar. Muy cerca de la población de Roussillon, un interesante sendero natural nos conduce a través de un paisaje de fábula pintado en ocre y todas las variedades del terracota. El juego de la erosión y la acción del hombre en las canteras de Rustrel han desembocado en un entorno alucinante. Pero si de colorido se trata, las canteras de Rustrel son nuestro destino, en especial al atardecer. Claro que a esa hora no podemos faltar a la cita con la abadía de Sénanque, una de las imágenes más conocidas de la Provenza, con los campos de lavanda extendidos a sus pies. Muy cerca aparece Gordes, un burgo sobre una colina con casas suspendidas, inmortalizado en pinturas por Chagall. No es de extrañar que sea uno de los pueblos más fotografiados de Provenza.

En las últimas semanas de junio y primeras de julio es la mejor época para viajar a la Provenza. Entra en nuestra web y reserva ahora la ruta y recibirás gratuitamente nuestra Guía de la Ruta de Provenza, con toda la información y sugerencias día a día, para que disfrutes al máximo del viaje.
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