En el corazón de la península se extiende un manto de llanuras erosionadas por los ríos que la recorren, creando bellos paisajes trufados de encinares y villas de piedra. Fortalezas inexpugnables protegen el legado histórico que forjó su carácter, atemperado sólo por la calidez de sus vinos. Son tierras que merecieron mil y un versos, y que en fecha más reciente han visto como tres de sus ciudades se convertían en Patrimonio de la Humanidad. Ellas son las protagonistas de esta ruta.

 


Itinerario detallado:

Una ruta para disfrutar en coche y descubrir cómo historia, arte y arquitectura se mezclan de manera singular formando lugares irrepetibles y de importancia universal: Segovia, Ávila y Salamanca, las Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Un sabroso asado y un buen tinto esperan al final del camino. Vamos a descubrirlas, ¿nos acompañas?.
Los dos primeros días de nuestro viaje transcurren en Segovia, la ciudad más sensual de la Castilla austera. Punto de partida emblemático es su Acueducto, impresionante obra de ingeniería romana conocido también como Puente del Diablo, a quien una leyenda atribuye su construcción allá en el siglo I d.C. Desde aquí, la ciudad despliega un casco histórico protegido por murallas y torreones fortificados. Un paseo por la Calle Real conduce a la parte alta, dejando atrás mansiones renacentistas como la Casa de los Picos o el palacio mudéjar del Conde de Alpuente. El románico segoviano se manifiesta en la iglesia de San Martín, construida en el siglo XII sobre un templo mozárabe. Muy cerca se encuentra la Cárcel Real y la Plaza Mayor, centro social de la ciudad, presidida por el Ayuntamiento y el teatro Juan Bravo. Por sus inmediaciones se extiende la Judería, que conserva hermosas sinagogas.
En el segundo día nos espera la Catedral segoviana, del siglo XVI, uno de los últimos grandes templos góticos construidos en España. De entre sus innumerables capillas destaca la de la Piedad, que alberga el Retablo del Santo Entierro y el Tríptico del Descendimiento. Seguimos por la calle Marqués del Arco, repleta de tiendas de artesanía, y dejamos atrás el palacio renacentista del que toma el nombre, hasta llegar al Alcázar, un auténtico castillo de cuento de hadas que se erige majestuoso en un promontorio en la confluencia de los ríos Clamores y Eresma.
No se puede abandonar la ciudad sin probar el cochinillo y los chorizos de Cantimpalos en alguno de sus mesones. Te recomendaremos dónde degustarlo para que disfrutes al máximo del viaje. También es recomendable acercarse a las villas medievales de Pedraza y Sepúlveda y a la Granja de San Ildefonso, a 12 Km., especialmente cuando funcionan las fuentes de sus maravillosos jardines.

 




El tercer día de nuestro viaje, la AP-61 nos conduce a Ávila, una de las ciudades más antiguas de Castilla y León. Su gran cordillera amurallada del siglo XI, con más de 2.500 almenas, es la mejor conservada de Europa y ha dado fama universal a esta villa, que atrae viajeros de todas partes siguiendo la estela de su hija predilecta, Santa Teresa de Jesús. Ésta ha dejado un legado místico imborrable en el Convento que lleva su nombre, erigido donde estuvo su casa natal. También en la Iglesia de San Juan, donde se conserva su pila bautismal, o en el Monasterio de la Encarnación.
Fundida con la muralla y realzando el conjunto se encuentra la Catedral. Destaca la Capilla Mayor, presidida por el retablo más importante de la pintura medieval española. Desde aquí, la Puerta de los Leales conduce hasta el corazón abulense por callejuelas salpicadas de iglesias románicas, palacios renacentistas y plazoletas que cobran una magia especial al caer de la noche, con la muralla completamente iluminada. Extramuros, son visita obligada la Basílica de San Vicente, el edificio románico más representativo de Ávila, y el monasterio de Santo Tomás, que alberga un interesante Museo de Arte Oriental.

 




Es el turno de adentrarnos en la ciudad rebosante de historia y de literatura, Salamanca merece por lo menos dos días de visita. Nos adentramos en ella cruzando el Tormes por el Puente Romano del siglo I hasta la Casa de Lys, edificio modernista que alberga una impresionante colección de Art Déco y Art Nouveau. Junto a él se abrazan sus dos catedrales, la Vieja, románica, y la Nueva, gótica, formando un imponente conjunto catedralicio que compite en belleza con la fachada plateresca de la Universidad, la más antigua de España. Por sus aulas han pasado profesores tan ilustres como Fray Luis de León o Miguel de Unamuno. La Rúa Mayor conduce a la Casa de las Conchas, una verdadera joya del gótico isabelino que destaca por las cuatrocientas que recubren su fachada. Un poco más allá, pasada la iglesia románica de San Martín, llegamos al corazón salmantino, la elegante Plaza Mayor proyectada por el maestro Churriguera, con sus típicos y concurridos cafés.
Durante la última jornada de esta ruta retomamos la visita desde la Plaza Mayor, pero esta vez por la calle de San Pablo. Dejamos atrás el palacio de Fonseca y el de Orellana, ambos del siglo XVI, hasta llegar a la plaza Concilio de Trento, donde se reúnen el conjunto más representativo del plateresco salmantino: los conventos de San Esteban y el convento de las Dueñas.
Antes de emprender la vuelta es aconsejable hacerse con unas longanizas salmantinas, el mejor souvenir para conservar en el paladar el sabor de este viaje.

Descubre el placer de viajar en coche y disfrutar de la historia en estos lugares de importancia universal. Un sabroso asado y un buen tinto esperan al final del camino. ¡Una ruta para disfrutar! Ver la ruta