En pocos lugares se conjugan la magnificencia artística y la belleza paisajística con tanta armonía como en la Toscana, una región que parece diseñada para exaltar los sentidos y disfrutar de la vida.

Resulta difícil decidir por dónde empezar… ¿Hablando del Renacimiento, probablemente el movimiento artístico más importante de la historia? ¿De las maravillas de Florencia? ¿De los preciosos campos del valle del Chianti? ¿Del exquisito vino que allí se produce? ¿De los bellos pueblos medievales? ¿De la famosa torre inclinada? Mucho es lo que la Toscana ofrece y no es fácil resumirlo en las breves páginas de este artículo.

Empecemos por ubicarnos: la región de la Toscana se encuentra en el lado oeste de Italia, en el centro-norte, con una población que se acerca a los cuatro millones de habitantes y cuya capital es Florencia. Y sí, es una de las regiones italianas con mayor patrimonio artístico, cultural y económico pero, por si eso no fuera poco, además tiene una geografía envidiable.
La seductora Toscana es una de las mejores rutas de Europa para hacer en coche, y una de nuestras preferidas. Esta región de Italia está repleta de pueblos medievales y colinas con espectaculares campos de viñedos. Viajar a la Toscana en coche es uno de los placeres que tienes que probar.

Pisa y su célebre torre

En la Piazza dei Miracoli nos espera la famosa torre pendente, cuya peculiar inclinación la ha convertido en uno de los monumentos más fotografiados de toda Europa. La construcción de la torre, que en realidad es el campanario de la catedral, se inició en el año 1173 y su inclinación —actualmente del 10%— es debida a la falta de estabilidad del terreno. Si desea ascender por sus 257 escalones, asegúrese de llegar a primera hora, pues las visitas están limitadas a 500 por día.

Pero no cometa la equivocación de pensar que la torre es el único monumento destacado de la ciudad natal de Galileo. En la misma plaza se hallan la catedral, el baptisterio y el Camposanto, un cementerio medieval ubicado en un claustro del siglo XIII. También vale la pena acercarse a la plaza de los Caballeros, rodeada de fastuosos palacios, y a las orillas del río Arno, donde admirar las construcciones más representativas del estilo pisano y donde visitar alguna de sus trattorias para degustar la afamada gastronomía local.

La muralla de Lucca

Desde lo alto de la torre de Guinigi, coronada por un insólito grupo de encinas, se obtiene una excelente vista panorámica de Lucca. Se trata de una ciudad más bien pequeña y apacible cuyo mayor atractivo es la muralla que la rodea, una imponente construcción defensiva de cuatro kilómetros construida entre los siglos XVI y XVII que, paradójicamente, nunca tuvo que hacer frente a ningún ataque. Un paseo por la parte superior de la muralla nos permitirá admirar tranquilamente la que es conocida como la ciudad de las cien iglesias debido a los numerosos edificios de culto que alberga.

Ah, y si viaja con niños, dedíqueles una mañana visitando Collodi, el pueblo de Pinocho. Se halla a quince kilómetros de Lucca y en él encontramos un parque dedicado al famoso muñeco de madera.

Florencia, la ciudad del arte

Se ha catalogado en muchas ocasiones a Florencia como un museo al aire libre, pero es más que eso: la ciudad entera es una colosal obra maestra del Renacimiento, quizás la más importante de toda la historia del arte, y en su descripción es inevitable utilizar un buen número de los adjetivos superlativos de que dispone el castellano.
Florencia está dominada por la sobrecogedora cúpula de la basílica de Santa Maria dei Fiore, obra de Brunelleschi, y a su alrededor se despliegan, según el esquema de estrella de las ciudades medievales, las encantadoras plazas, iglesias, palacios y museos, símbolos de su glorioso pasado.

En la Piazza del Duomo se hallan los edificios religiosos más destacados: el Duomo o catedral de Santa Maria del Fiore, el baptisterio de San Giovanni y la torre-campanario de Giotto. A poca distancia encontraremos el palacio Medici-Riccardi, la basílica de San Lorenzo, el convento de San Marco, la galería de la Academia y la celebérrima estatua de David, la iglesia della Santísima Annunziata, el Palazzo Vecchio, la iglesia de Santa Croce, los puentes Vecchio y de Santa Trinità o la imprescindible Galeria degli Uffizi, entre otras muchas maravillas que nos tendrán con la boca abierta, incluso después de dejar atrás la ciudad.

El valle del Chianti

Una vez saturados de obras maestras, nada mejor que coger el volante para atravesar la bella campiña toscana y disfrutar de la placidez de sus parajes y de la exquisitez de su gastronomía. Resulta un auténtico placer conducir a través de las suaves colinas cubiertas de viñas y de olivos, atravesando bosques de castaños y parando cuando nos apetezca en alguno de los numerosos pueblos medievales que encontraremos en nuestra ruta, como Grève in Chianti, Gaiole in Chianti, Castellina in Chianti, Radda in Chianti, o la amurallada y pequeña Monteriggioni.por citar algunos de ellos.
Y para finalizar el viaje, la guinda del pastel: Siena, la bellísima ciudad medieval asentada sobre tres colinas que durante los siglos XIII y XIV compitió con Florencia en poder y en esplendor. Para rematar tan espectacular viaje tres visitas más: San Gimignano, conocida como la ciudad de las torres, la misteriosa Volterra, fundada por los etruscos hace tres mil años y Arezzo, donde se rodó la entrañable película La Vida es Bella.

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