Una rica historia, una naturaleza exuberante y una deliciosa gastronomía se entremezclan con el azul del mar en Sicilia, una de las perlas del Mediterráneo que, sin duda, hay que conocer.

Sicilia permite saborear el sur de Italia en estado puro: un pasado esplendoroso, una herencia histórica y artística cortesía de la mismísima Magna Grecia, un barniz decadente que dota de cierto encanto a la isla, el carácter bullicioso de los sicilianos, una deliciosa gastronomía y el mar, el casi infinito mar Mediterráneo que impregna toda la isla, con sus aguas cristalinas y colores de ensueño. Sicilia presume además de contar con el único volcán activo de toda Europa, el Etna, paraíso para los senderistas, que rivaliza con el vecino Strómboli.
Esta tierra de volcanes se presenta como una joya para conocer, sentir, vivir. Para recorrerla de principio a fin sin prisas, disfrutando de los detalles que la impregnan, deleitándonos con el amplísimo abanico de experiencias y actividades que nos brinda.

Palermo, la capital de los contrastes

Empezamos este recorrido en coche en Palermo, la capital. Quinta ciudad italiana en importancia, es magnífica para disfrutar de los contrastes de la isla: señoriales avenidas para recorrer, repletas de refinadas tiendas, bellas iglesias y edificios rematados con soberbias cúpulas y campanarios. Pasearemos por barrios hoy herederos de la otrora grandeza de la nobleza que conviven con zonas populares, de callejuelas y casas en los que se advierte el paso del tiempo. El geógrafo árabe Edrisi, embriagado por su belleza, la definió en el siglo XII como la «hermosa e inmensa ciudad, el máximo y espléndido lugar, la más amplia y extensa metrópolis del mundo».
Palermo presenta una amalgama de estilos e ingredientes arquitectónicos e históricos, fruto de los pueblos que han cruzado estas tierras. Paseando por ella descubriremos desde la mezquita árabe-normanda de San Giovanni degli Eremiti, con sus inconfundibles cúpulas rosadas, hasta el palacio Normando, construcción iniciada por los árabes, aunque fueron los propios normandos quienes la dotaron de esplendor y la convirtieron en el corazón político de la isla. El palacio alberga la capilla Palatina, donde se puede observar un precioso artesonado de muqarnas, una obra maestra del siglo XII. Los mosaicos de fondo de oro permiten que la capilla se presente ante nosotros como una explosión de luz y de color.
Muy cerca, asomada al mar Tirreno aparece la estampa de Cefalú, con su espléndida catedral señoreando sobre el barrio medieval, su aroma a pueblo marinero y sus deliciosas playas.

Arqueología y barroco para los amantes del arte

Proseguimos la ruta en dirección hacia la costa oeste para deleitarnos con Segesta, antiguo asentamiento ateniense que conserva un magnífico teatro y un soberbio templo dórico. A continuación, visitaremos Erice, una joya del medievo situada sobre el monte San Giuliano, que ofrece espectaculares vistas, y Selinunte, todo un museo al aire libre y uno de los enclaves arqueológicos griegos más destacados.
Reanudamos nuestro itinerario a través de la carretera del sur hasta alcanzar Agrigento, paraíso de la cultura griega antigua. En el camino, los amantes del arte romano pueden desviarse para llegar a Piazza Armerina y deleitarse con la lujosa villa romana de Casale y sus valiosos mosaicos.
Nuestra ruta hacia al sur nos encamina a la cuna del barocco siciliano, con sus típicas curvas y florituras, sus máscaras sonrientes y puttis —ángeles, querubines, cupidos—, un universo de cierta extravagancia que le ha dado a Sicilia una identidad arquitectónica única. Ragusa es la indiscutible capital del barroco. Encaramada a la colina Iblea, es el contrapunto a las bulliciosas Palermo y Catania, un lugar para pasear relajadamente y sin agobios. El barroco siciliano tiene otra de sus joyas en Noto, Patrimonio de la Humanidad y conocida como el Jardín de Piedra.
En la costa oriental nos aguardan las soberbias Siracusa y Catania. Siracusa, fundada por los corintios sobre la isla de Ortigia, hoy unida a tierra firme por un puente, conserva su trazado de patios, callejuelas y plazoletas escondidas, revestidas con la elegancia del barroco siciliano.
Catania ha sido griega, romana, bizantina, árabe, normanda, borbónica, española y, por supuesto, italiana. Hoy es el resultado de esa riqueza histórica, con el permiso del Etna, cuyas erupciones han arrasado la ciudad hasta siete veces a lo largo de la historia. Patrimonio de la Humanidad desde 2002, es un tesoro de aire intelectual y universitario en la que no debemos perdernos la plaza de la Catedral y el Duomo.

El Etna es un paraíso extraterrestre para senderistas

Descubrir el paisaje del monte Etna, casi de otro planeta y salpicado de cráteres, es una experiencia inolvidable. Las vistas casi infinitas que en días despejados ofrece desde sus laderas, en las que podemos practicar senderismo, son inigualables. Muy cerca nos aguarda el maravilloso enclave de Taormina, situada sobre el monte Tauro y repleta de rincones románticos y encantadoras placitas. La belleza de este famoso enclave vacacional cautivó a Tennessee Williams, Truman Capote, Greta Garbo o Dalí.
Recorriendo la costa disfrutaremos de estupendas playas, de aguas cristalinas, de lugares en los que practicar submarinismo gracias a unos espectaculares fondos marinos, de paseos en barco para admirar Sicilia desde otro punto de vista. Es el mar Mediterráneo en estado puro.

Mamma mía la gastronomía

A lo largo de esta ruta tendremos la oportunidad de saborear la comida siciliana, fusión de Mediterráneo y de la herencia árabe: pescados —atún, merluza, pez espada—, y las ricas pastas, que se sirven por toda la isla acompañadas de anchoas, tomates de Pachino, alcaparras de Pantelleria, aceite de oliva, berenjenas, frutos secos, albahaca, perejil, limón… Hay que probar también las típicas croquetas de arroz y queso pecorin, conocidas como arancini; las croquetas de patata, llamadas cazzilli, o los crispeddi de Catania. Todo ello regado con los ricos vinos de Sicilia, provenientes de Marsala, Trápani, Belice o Vittoria.

Vivir y sentir el arte, de Sicilia a Grecia

Los amantes del arte, la arquitectura y de la Grecia clásica pueden disfrutar en Sicilia de todo un paraíso: en Agrigento se conserva el conjunto de templos griegos mejor conservados del mundo, ubicado en un valle encantador en el que los almendros y el sol son protagonistas. Los atardeceres son aquí, además, espectaculares. La visita a Agrigento suele comenzar por el famoso Valle dei Templi, donde admiraremos una decena de templos dóricos bien conservados. Desde el complejo del Museo Arqueológico y la iglesia de San Nicola disfrutaremos de una panorámica del valle. Junto a la iglesia descubriremos el Ekklesiaterion, lugar de reunión del consejo de los ciudadanos griegos. Frente a la iglesia se abre el barrio helenístico-romano, espléndidamente conservado y que ofrece una visión de la estructura de la ciudad antigua, con sus drenajes, alcantarillado, cisternas, restos de frescos, mosaicos y calles perfectamente definidas.

De ruta en coche por Sicilia

Las carreteras del sur de Italia y los conductores de la zona siempre han sido conocidas por ser algo agrestes. La isla cuenta con buenas autopistas que invitan a recorrerla, así como carreteras secundarias para perderse y dejarse sorprender por la riqueza artística y paisajística de Sicilia. Viajar en coche por Sicilia es una maravilla.

Descubre nuestra ruta recomendada por Sicilia, en cada rincón espera una leyenda. Ver la ruta