Montañas, lagos, prados, urbes llenas de civismo y excelentes chocolates. ¿Qué más pedir?
Un viaje en coche por la Europa más civilizada, la de los paisajes impecables, caminos campestres con parques infantiles y ciudades impolutas, debe incluir Suiza como destino preferente. Y no diremos único por no herir a nadie. ¡ Pero Suiza es mucho más ¡.. ¡vamos a descubrirlo!.

Las 10 visitas imprescindibles para conocer la variedad de Suiza

Para descubrir todas las claves de Suiza y los mejores lugares para disfrutar del país, nada mejor que seguir el sorprendente recorrido de la Gran Ruta de Suiza, una de las rutas en coche más espectaculares de Europa, que ofrece una visión concentrada del país, con sus mejores atractivos naturales y culturales, mostrando una Suiza única.
Los casi 1.600 kilómetros de La Gran Ruta de Suiza atraviesan lugares Patrimonio de la Humanidad, paisajes alpinos y ciudades llenas de arte y cultura.
Suiza es un país de paisajes bellos y cambiantes y cuenta con una cuidada y extensa red de carreteras. Antes de iniciar cualquier ruta en coche por el país helvético hay que tener en cuenta que se necesita una “viñeta” adhesiva de peaje para circular por las autopistas del país, que se deberá colocar en el lado izquierdo del parabrisas delantero.

 

1. GINEBRA, PEQUEÑA URBE

Ginebra, punto de partida de nuestro viaje y la Gran Ruta de Suiza, es la ciudad más internacional al pie de los Alpes aunque aún conserva el aire regional de aquella ciudad donde Calvino impartió doctrina y que le valió el sobrenombre de “la Roma protestante”. Ginebra es la sede europea de las Naciones Unidas y de la Cruz Roja internacional, pero también la ciudad de relojeros y banqueros y uno de los motores económicos y culturales de la región.
Con 180.000 habitantes, se la considera la metrópolis más pequeña del mundo. Ginebra, es cosmopolita, sede europea de la ONU y de la Cruz Roja Internacional, pero también la ciudad de relojeros y banqueros y uno de los motores económicos y culturales de la región, bañada por el lago Lemán y su Jet d’Eau, que lanza el agua a 140 m de altura.
Arropada por los Alpes y el lago Léman, es la ciudad gourmet, sofisticada, capital de los relojes y sede de la Cruz Roja (interesante museo) y numerosas fundaciones. Ginebra reúne a lo largo del año espectáculos de todo tipo. Y es una ciudad óptima para recorrer a pie o en bicicleta.

 

2. LAGO LEMÁN

Luego continuaremos viaje atravesando la Riviera Suiza, una enorme extensión de viñedos que bordea toda la parte norte del lago Léman, pasando por bellas ciudades como Nyon, Lausana, Vevey y Montreux.
Pequeña e idílica ciudad ribereña Nyon merece una parada obligatoria. Situada a unos cuarenta kilómetros de Ginebra, Nyon es un asentamiento helvético que Julio César convirtió en una ciudad romana fortificada. Esta ruta se conoce como la Route du Vignoble de la Côte de Versoix. En verano, Nyon es un auténtico paraíso para aficionados al deporte acuático y la naturaleza en general. De seguida surge Lausana, ciudad episcopal en el medioevo y hoy capital del movimiento olímpico, Lausana tiene un bonito casco antiguo de calles empinadas y escaleras techadas donde se encuentran sus visitas imprescindibles como la Rue Centrale, un lugar idóneo para el paseo desde donde se contempla el castillo de Santa María, la Place de la Palud, flanqueada por arcadas, el Ayuntamiento renacentista y la catedral medieval de Nôtre Dame. Y no podemos perdernos los elegantes edificios de la zona de Ouchy.
Lausana acoge también el Comité Olímpico Internacional y el Museo Olímpico, que recorre la historia del olimpismo a través de fotografías, documentales y diferentes objetos conmemorativos, como las ánforas griegas que obtenían los vencedores en Atenas, la bicicleta de Miguel Induráin o las zapatillas de Carl Lewis.
La verdadera Riviera Vaudoise o suiza se encuentra entre Lausana y Montreux, un itinerario sembrado de viñedos punteados por majestuosas villas y vigilado de cerca por las imponentes cumbres alpinas. Nuestra ruta en coche atraviesa la región vitivinícola de Lavaux, una zona especialmente bella y reconocida por la Unesco como Patrimonio Mundial. Merece la pena un alto en Vevey, para visitar el mágico museo de Charles Chaplin – « Chaplin’s World» (El mundo de Chaplin). Además de albergar la sede del grupo Nestlé y su Museo de la Alimentación, en esta bonita ciudad medieval podemos disfrutar de uno de los placeres más desconocidos del país, sus vinos. Aquí crecen los mejores viñedos de la región del Valais, que dan origen a excelentes caldos, con especial mención de los suaves y afrutados blancos.
A unos noventa kilómetros de Ginebra se encuentra la apacible Montreux. Desde Vevey, incluso podemos llegar andando bordeando el lago por un agradable paseo de unos seis kilómetros. Adornada por espectaculares paisajes alpinos, la elegante villa de Montreux ha sido destino de vacaciones o residencia de numerosos personajes célebres, como Chaplin, Hemingway o la emperatriz Sisí, entre otros. Hoy en día, Montreux es una joya para los melómanos.
Los más pequeños también disfrutarán con otros animales que podemos observar en esta zona: las marmotas. Desde Montreux, un tren cremallera sube, en menos de una hora, hasta la cima de Rochers-de-Naye (a 2.042 metros de altitud) donde los visitantes pueden disfrutar de una impresionante vista del lago Léman, de los Alpes saboyanos, de Vaud, el Valais y Berna. Aquí se encuentra el Murmeltierparadies, el Paraíso de las Marmotas, donde tendremos ocasión de conocer a estos simpáticos animales.

 

3. EL PARAÍSO DEL VALAIS

El entorno: 47 picos de más de 4.000 metros, entre el lago Léman y el glaciar del Ródano. El clima: verano suave y soleado, con poca lluvia. El resultado: 8.000 kilómetros de rutas entre valles, prados, glaciares, ríos y montañas, ideales para los amantes del descanso y las actividades en plena naturaleza. Los romanos ya descubrieron las propiedades termales de las cálidas aguas de la región. Desde entonces, el abanico de propuestas ha aumentado considerablemente.
El cantón del Valais es conocido por sus más de 40 cimas que superan los 4.000 m, entre ellas el fotogénico Monte Cervino. Desde Zermatt, un pueblo de postal rodeado de montañas y que se enorgullece de permanecer libre de coches, se sube al Gornergrat, accesible en tren cremallera, el mejor mirador para contemplar este paisaje.

 

4. INTERLAKEN Y LA JUNGFRAUJOCH

En Interlaken se halla la famosa tríada alpina: los montes Mönch, Eiger y Jungfrau. Un mundo de vértigo donde destaca el Jungfraujoch, la estación de tren más alta de Europa.
Además de ser la base para los alpinistas y senderistas que quieren subir a la montaña de la Jungfrau, Interlaken propone una visita agradable. Es una preciosa localidad con edificios señoriales del siglo XIX, como el Casino-Kursaal de la avenida Höheweg, un castillo barroco y los vestigios de un convento medieval. Höheweg, un bulevar de unos 700 metros de largo, es el paseo más elegante de la localidad.
La mejor manera de tener una perspectiva de toda la región del Jungfrau y ubicar los siguientes destinos es subir al mirador de Harder Blum, una pequeña excursión con grandes recompensas. Arriba le espera la plataforma panorámica de los dos lagos y un bonito restaurante, con pequeña torre y tejado rojo. Desde aquí, y a 1.322 metros de altura, podrá observar Interlaken, las montañas Eiger, Mönch y Jungfrau y los lagos de Thun y de Brienz.
Los amantes de la naturaleza deberían subir al Jungfrau, en el Jungfraubahn, uno de los trayectos ferroviarios más bellos de Suiza y sin duda el más afamado. El tren parte de la estación de Interlaken Ost para adentrarse en las profundidades del Eiger, donde realiza dos paradas en estaciones subterráneas con ventanas a la cara norte y al glaciar. El destino final es la Jungfraujoch, la estación de tren más alta de Europa, a 3.345 metros de altura y a los pies de los 4.158 de la cumbre del Jungfrau. La vista, espectacular, domina todo el nacimiento del glaciar Aletsch, que, con 22 kilómetros de longitud, es el más largo de los Alpes.

 

5. LUCERNA DESDE LAS ALTURAS

Nuestra siguiente etapa es Lucerna, una bella ciudad que es la puerta de entrada a la Suiza central. Ubicada ante un impresionante panorama alpino, Lucerna se halla a orillas del lago de los Cuatro Cantones y, según cuentan, la villa debe su nombre a un ángel que iluminó su emplazamiento. Esta localidad de origen romano reluce como una de las más hermosas de Suiza. Lucerna es una ciudad mágica, realmente maravillosa, lo suficientemente pequeña como para conocerla paseando a pie sin ninguna dificultad. El emblema de la ciudad es su afamado puente medieval Kapellbrücke, construido en el siglo XIV, con sus frontones pintados es uno de los puentes techados de madera más antiguos de Europa.
El Lago de los Cuatro Cantones centra la atención de la Suiza central, con sus históricos vapores de ruedas y un paisaje similar al de los fiordos, rodeado de montañas que son el paraíso de los excursionistas, como el Monte Titlis, de 3.020 m, para alcanzar la cima lo haremos con el «Rotair», el primer teleférico giratorio del mundo. O La montaña de Rigi, conocida con el sobrenombre de la Reina de las montañas, es un renombrado destino de excursionismo, pues por sus laderas se extiende una red de caminos de más de cien kilómetros. El monte es además conocido por la abundancia de su flora alpina, con más de mil variedades.

 

6. ZURICH DE DÍA Y NOCHE

Más de 2.000 años de historia nos esperan en el casco antiguo de Zúrich. La mayor urbe de la Confederación Helvética. La mayor urbe de la Confederación marca tendencias, meca del arte de vanguardia, con la Kunsthaus y el museo Rietberg como santuarios. ¿Vamos con niños? Se impone un paseo en barco por el lago, una visita al zoo –no se pierda la nave de 11.000 m2 que recrea la selva de Madagascar– o una escapada de senderismo en el Uetilberg. ¿En pareja? Las tiendas asequibles y boutiques prohibitivas de la Bahnhofstrasse o los deliciosos comercios del barrio Niederdorf. Y de noche, la vida no se detiene y la animación es abundante.

 

7. CATARATAS DEL RIN

Muy cerca de Zúrich se encuentra Schaffhausen, ciudad de pintorescas calles medievales y uno de los mejores escenarios para contemplar el espectáculo impresionante de las cataratas del Rin, las más grandes de Europa.

 

8. BASILEA

Basilea, la ciudad universitaria más antigua de Suiza, concentra el mayor número de museos del país: nada más y nada menos que cuarenta. Además, la localidad cuenta con un hermoso centro histórico, destacadas edificaciones de arquitectura moderna y el río Rin que invita a dar largos paseos. Los numerosos edificios del siglo XV combinan de forma armoniosa con creaciones de arquitectos contemporáneos de renombre internacional, como Herzog & de Meuron, Mario Botta, Diener & Diener o Richard Meyer. Gracias a su comedido tamaño, Basilea puede ser explorada fácilmente a pie.
La vida cultural está muy bien representada, pues además de sus casi cuarenta museos, Basilea es sede, entre otros, de la Orquesta Sinfónica y de la Orquesta de Cámara de Basilea así como del Musical Theater, con producciones internacionales. Asimismo, los escenarios del Theater Basel y del Schauspielhaus ofrecen un gran surtido de representaciones clásicas y contemporáneas.

 

9. BERNA

Seguimos hasta Berna, la capital de Suiza y del cantón homónimo, es una pequeña ciudad, fácil de visitar y de disfrutar. Situada en un meandro del río Aar, la ciudad bien merece una parada. Su nombre significa oso, animal que la simboliza desde que su fundador la bautizara así al matar a uno de estos animales. El inconfundible aspecto medieval de su bello centro urbano, uno de los mejor conservados de Europa, plagado de callejuelas abigarradas, pintorescos edificios, acogedoras plazoletas y escultóricas fuentes, le valieron el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.
En la capital de Suiza todo va a otro ritmo, sin duda, más relajado. Caminando tranquilamente por sus callejuelas empedradas mientras se admiran sus decoradas fachadas de piedra, sus numerosas fuentes y torres, comprando bajo los soportales medievales de Lauben –una de las avenidas comerciales cubiertas más largas de Europa- o paseando por las orillas del río Aare es como mejor se disfruta de una ciudad y de su casco antiguo medieval. También tomando altura, para ello nada como subir a lo alto de la catedral y observar la panorámica a 101 metros del suelo. En Berna también es imprescindible visitar en el Zentrum Paul Klee, obra de Renzo Piano, la colección más importante de obras del artista.

 

10. LA REGIÓN DE FRIBURGO

Más al norte, la región de Friburgo refleja el pasado medieval de Suiza. Su tarjeta de presentación, muy clara: “Bienvenidos al país del queso y del chocolate”. Las tradiciones se mantienen y los pueblos parecen de un cuento de hadas: casas de madera, calles adoquinadas, pequeñas plazas. ¿Un ejemplo? Gruyères, capital del queso, un pueblo de cuento donde es un placer pasear, visitar sus famosas queserías tradicionales y su castillo. Aquí es el mejor lugar para degustar una auténtica fondue de queso suizo y saborear el postre típico de la región, el merengue con doble crema, que se sirve con fresas o frambuesas.
Sabrosamente advertidos, hay que acercarse a Broc, situado muy cerca de Gruyères, para disfrutar y saborear otro de los tópicos suizos: el chocolate, porque el chocolate suizo es mucho más que chocolate. En la Maison Cailler nos invitan a realizar un recorrido interactivo para conocer el proceso de fabricación y la historia del chocolate Cailler, y por supuesto a degustarlo.
Llegamos a la ciudad de Friburgo, donde nos encontramos de pronto sumergidos en la Edad Media. Friburgo se encuentra en un enclave realmente espectacular. Rodeada de frondosos bosques, ubicada en un promontorio rocoso y bañada por el río Saane, su belleza natural no tiene nada que envidiar a su grandeza monumental. Y es que Friburgo es una de las joyas arquitectónicas de Suiza y uno de los conjuntos del medievo mejor conservados de Europa.

Con tu pareja, tus amigos o con tu familia Suiza es un destino ideal para tus vacaciones de verano. No te pierdas nuestra ruta recomendada por la Gran Ruta de Suiza: Ver la ruta