En el corazón de Europa, Alsacia esconde tesoros naturales, arquitectónicos y culturales. Viñedos, castillos medievales y pueblos de patrimonio excepcional adornan una tierra verde entre la cordillera de los Vosgos y las aguas del Rihn. Estrasburgo, la capital, es símbolo de reconciliación.

La historia de Francia y Alemania pervive en Alsacia en siglos de patrimonio arquitectónico y cultural y en una excelente cocina de tradición que se degusta en grandes braserías a la orilla de un río o en una plaza colmada de flores.

Estrasburgo, que también es capital de Europa, conserva un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí se funden pasado y presente; basta con dar un paseo por los puentes y canales de La Petite France y visitar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo para entenderlo.

La región está repleta de pequeños pueblos de casas antiguas con entramados de vigas de madera y flores que adornan las fachadas, cómo en Barr, Eguisheim o Turckheim, en plena Ruta de los Vinos. La buena mesa es una constante en Alsacia y en especial en esta zona que atraviesa pueblos coquetos, rodeados de viñedos. Ribeauvillé, Riquewihtr o Kaysesberg (la montaña del emperador), son el escenario perfecto para una buena degustación.

Otra seña de identidad son los castillos medievales como el de Haut-Koenigsbourg. Colmar, situada en el centro de Alsacia, es conocida como la pequeña Venecia. Imprescindible visitarla al atardecer para no perderse los juegos de luz que iluminan los edificios más emblemáticos. Y para los amantes de los museos, Mulhouse, polo industrial de la región, acoge la interesante Ciudad del Tren, un clásico para descubrir una soberbia colección de locomotoras del siglo XIX y XX.

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