Las montañas veladas por la bruma rodean puertos pesqueros o castillos cargados de batallas y leyendas. Los lagos dramatizan y embellecen un paisaje duro, salvaje, hermoso. Un entorno tan irreal que ha protagonizado numerosos filmes; tan especial que precisa un buen whisky para admirarlo.

Con un patrimonio arquitectónico apabullante, Edimburgo, la capital escocesa, es un magnífico ejemplo de cómo se puede conjugar el encanto del pasado con el atractivo de la modernidad. Desde el bello castillo que señorea sobre la ciudad hasta el palacio de Holyroodhouse, son cerca de cinco mil los edificios protegidos que alberga esta bella urbe. La Ciudad Vieja de Edimburgo permite empezar a conocer la historia de este país e iniciar la ruta por Escocia hacia el norte. Cerca de Pitlochry está el mirador Queen’s View, con vistas al lago Tummel. Hacia el nordeste se puede seguir la Malt Whisky Trail –ruta por las destilerías del país–, en los alrededores de Keith. Rumbo al oeste, es parada obligada el lago Ness y el castillo de Urquhart. Más espectacular, el castillo de Eilean Donan, cerca de Kyle of Lochalsh, es la etapa anterior a los paisajes sublimes de la isla de Skye. Las montañas del valle de Glen Shiel emocionarán antes de llegar a Fort William y, en el sur, la región de los Trossachs ofrece el romántico lago Lomond y el castillo de Stirling.

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