Cuatro poblaciones, que nos hacen rememorar tiempos pasados e insignes de la historia del país. En Leiria resuenan todavía los pasos del primer rey de Portugal, D. Afonso Henriques, y la incipiente convocatoria de Cortes realizada por Afonso III. En Tomar, un armónico conjunto medieval con un convento templario, un castillo y la sinagoga mejor preservada de Portugal. En Batalha está vivo el recuerdo de la batalla ganada a las tropas castellanas. Y en Alcobaça es imposible no recordar, en los muros de su abadía cisterciense, las historias que contó Umberto Eco en ‘El nombre de la rosa’…
La historia deja su última huella en Lisboa una ciudad legendaria con más de 20 siglos de historia. El Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO tiene también una cita obligada.

 



Nos adentramos en el recorrido en dirección a Tomar, población acogedora y cargada de historia vinculada a los templarios, situada a los pies de un castillo, con un convento impresionante y una deliciosa plaza mayor con iglesia. La UNESCO declaró, El Convento de Cristo, Patrimonio de la Humanidad, este monumento inigualable de la Historia de Occidente que conserva los símbolos de la apertura de Portugal a otras civilizaciones.
Quien pasea por las antiguas calles de Tomar o bordeando el frondoso parque bañado por el río nunca pierde de vista el castillo templario. Gualdim Pais, Maestro de la Orden del Templo en Portugal, escogió el alto de este otero para construir la fortaleza en 1160. Sabía que ahí se encontraba el vértice del ángulo que une la tierra con la constelación de Géminis, signo de los Templarios. La iglesia templaria está decorada con pinturas y esculturas de calidad excepcional. Es necesario dirigirse a Occidente hacia la sala del Capítulo que alberga una sorprendente ventana. Como en una revelación, toda la mística de la Epopeya se revela en la piedra: olas, cuerdas, animales fantásticos, ángeles, reyes, esferas armilares, la cruz de Cristo.

Romanos, visigodos, árabes y judíos pasaron por Leiria, ciudad ubicada a los pies del río Lis, en una riquísima zona natural en la que fluyen multitud de cuencas fluviales, en Leiria se nota el peso de la historia nada más contemplar su castillo, que vigila imponente los alrededores de la comarca.
El castillo de Leiria fue mandado construir por el mismísimo Dom Afonso Henriques en 1135, encontrándose hoy en perfecto estado gracias a la rehabilitación realizada por el arquitecto Ernesto Korrodi. La capilla románica de San Pedro, que hasta finales del siglo XIX se utilizó como granero, es otro atractivo arquitectónico de esta ciudad, a la que también se suman la catedral y la iglesia de San Francisco, ambas con toques renacentistas. A todo esto hay que añadir el placer que supone pasear tranquilamente por la alameda del Dr. José Lopes Vieira, junto al Lis, y sentarse en el jardín Luis de Camoes que mira con placidez al río.

 



En Leiria tomamos la Estrada a Batalha. Apenas son doce kilómetros los que separan una población de otra, pero en la villa de Batalha la historia vuelve a pedir la palabra. La majestuosidad del Monasterio de Santa María de la Victoria o de Batalha se aprecia desde la carretera. Estamos ante la cumbre del estilo gótico en Portugal, una construcción que fue mandada edificar por el rey Joao I como cumplimiento de una promesa realizada a la Virgen por vencer a las tropas castellanas en la batalla de Aljubarrota en 1385.
En este monasterio también hay un hueco para el estilo manuelino. Los arbotantes, arcos, ventanales, pináculos y ornamentos vegetales adquieren un protagonismo supremo. La imponencia del Sepulcro al Soldado Desconocido y la techumbre inconclusa de las Capillas Imperfectas, junto a los claustros y la Sala del Capítulo son obras supremas de la arquitectura.
Por todo ello, no es de extrañar que este Monasterio sea Patrimonio de la Humanidad.

 



Saliendo de Batalha por la carretera 356, con dirección a Fátima, entre olivares y pinares, encontramos la iglesia de la Misericordia, un templo donde el manierismo y el barroco son los protagonistas, y el mirador de Reguengo do Fetal. Sin embargo, nuestra ruta nos ha de llevar hasta Alcobaça, a través de la N- 8. Recorremos los veinte kilómetros que nos separan de esta población que está rodeada por verdes colinas y que es famosa por sus manzanas, sus cerámicas, sus cristales y las dulces “broinhas” del Monasterio.

Y es que en Alcobaça se encuentra el Monasterio que fue fundado por el rey Afonso Henriques y donado a la Orden del Cister. La abadía francesa de Claraval dictó los cánones a seguir para su construcción, siendo posible “escuchar” todavía los cantos y rezos de los monjes… En realidad, estamos ante la iglesia más grande de Portugal, dominada por la austeridad de la regla de San Bernardo y en la que sobresalen los sepulcros de Don Pedro y Doña Inés de Castro. El claustro y el refectorio contribuyen también a engrandecer el misticismo que rodea a este monasterio, declarado Patrimonio de la Humanidad. No obstante, de Alcobaça no nos podemos marchar sin contemplar tampoco el Museo Nacional del Vino donde, incluso, se puede apreciar la pelusilla que rodea a los racimos: todo natural. Alojamiento en Lisboa.

 



Sobre la orilla derecha del río Tajo, Lisboa es una ciudad legendaria con más de 20 siglos de historia. A pie, en tranvía, en barco en un paseo por el Tajo, o incluso metro, verdadero museo subterráneo de arte contemporáneo portugués, todos los medios son buenos para descubrir la diversidad cultural que Lisboa ofrece. Comenzaremos la visita en la zona histórica de Belém, dónde se encuentran los monumentos más emblemáticos de Lisboa, la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos. Máximos exponentes de belleza arquitectónica y del estilo manuelino, que evoca los Descubrimientos portugueses. Ambos son Patrimonio Mundial.
El Padrón de los Descubrimientos, es un homenaje a los grandes navegantes portugueses. Desde su parte más alta, podrá observar la Rosa de los Vientos trazada en el suelo. Si se quiere conocer la Lisboa de los Descubrimientos, Belém es el lugar para aprender más sobre esta época histórica tan importante para Portugal. Imagine que en los siglos XV y XVI Belém era un barrio popular, un puerto ajetreado de donde partían naves y carabelas hacia los grandes viajes del Atlántico. Hoy sigue siendo un barrio importante para la ciudad, aunque por distintas razones. Varios monumentos, museos y una gran zona ajardinada que acompaña al río, han hecho de Belém un espacio muy agradable para pasear.

Muy cerca del Monasterio encontrará deliciosas cafeterías donde probar el afamado pastel de nata (pastéis de Belém) hecho con una receta guardada en secreto desde hace siglos. Para saborearlo mejor, ponga azúcar y canela al gusto y deléitese con el sabor a Descubrimiento.

Después podrán saborear la Lisboa histórica (Baixa, Alfama y Bairro Alto). La ciudad debe sorberse paso a paso porque cada rincón tiene su historia y su foto. Estas tres zonas concentran lo esencial de la vida en la calle y algunos de sus puntos más monumentales Parque das Nações y Fundación Calouste Gulbenkian. La Lisboa de la modernidad se refleja en el parque donde se celebró la Expo 98 -que incluye el mayor acuario de Europa- y en el puente Vasco da Gama. El museo Calouste Gulbenkian es uno de los secretos mejor guardados de la capital, con obras impresionantes.

El Fado nació en los barrios de Mouraria, Alfama, Bairro Alto y Madragoa, acompañando la historia de la ciudad. Vinculado a la fatalidad del destino, a la noche y al desencuentro, fue compartido por hidalgos, vagabundos y marineros, cantado de forma desgarrada e intensa. Pero también lo conocemos más alegre, relatando conquistas, los amores y las vivencias de cada barrio que José Malhoa, el pintor del Fado, inmortalizó magníficamente en sus telas.

Restaurantes y Casas de Fado siguen siendo los mejores lugares para oírlo. Con una atmósfera particular y en un espacio intimista, pasar una noche a la luz de las velas al son de esta música es una experiencia única e inolvidable. Se afinan las guitarras. La luz tenue. «¡Silencio, se va a cantar el fado!». Así es como comienzan las noches en Lisboa.

La lista de ciudades y monumentos de esta ruta que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es tan grande que sólo el viajero que se lance a recorrerlas lo comprenderá. Entra en nuestra web y reserva esta espectacular ruta desde Coimbra a Lisboa. Ver la ruta