Abunda la literatura en la que un personaje poco dado al sentimentalismo llega a la Toscana y acaba descubriendo que tiene un alma sensible. Parece una exageración, pero seguro más de uno, tras seguir esta ruta, sentirá la necesidad de quedarse a vivir en la región. Sin duda hay algo especial en ese paisaje de suaves colinas coronadas por cipreses, campos de vides, girasoles y ciudades de arte. Esta bellísima región italiana atrapa por su belleza, sus vinos y gastronomía. Una copa de Chianti o de Montalcino nos ayudará a entenderlo.

En nuestra ruta en coche por Toscana, Viniendo de Génova, Pisa nos sale al encuentro. Para todos es la ciudad de la famosísima Torre Inclinada, pero es mucho más, empezando por el conjunto del Campo dei Miracoli, del que la torre forma parte, para seguir por el museo del Arsenale y las galeras romanas que se encontraron intactas en el subsuelo y concluir con el mejor ejemplo de gótico pisano, Santa María della Espina.

A escasa distancia, Lucca se protege tras un cinturón de murallas medievales. Ciudad natal de Puccini, son imprescindibles la iglesia de San Michelle y la Plaza del Anfiteatro, edificada sobre un teatro romano. Sobre los cimientos de su anfiteatro romano, se erigió un conjunto de casas dando lugar a una plaza oval muy original, llena de terrazas soleadas. Viajando con niños, una parada en la vecina localidad de Collodi permitirá sumergirse en el mundo de Pinocho.

La autopista A11/Ee76 nos lleva directos a una de las capitales mundiales del arte: Florencia. Florencia es el placer sensorial hecho ciudad. Por eso se concibió aquí el Mal de Stendhal, dolor causado por una sobredosis de arte. Lo cierto es que resulta imposible asimilar el conjunto de la Galleria degli Ufizzi, el Duomo y el David de Miguel Angel, por no hablar del atardecer en el Ponte Vecchio. Le dedicaremos, al menos, dos días. La primera jornada puede empezar por la plaza del Duomo, donde según la disposición toscana, la catedral, el baptisterio y el campanile se reparten en tres edificios. La primera destaca por la cúpula de Brunelleschi, el segundo por los relieves de la “Puerta del Paraíso” y el tercero por el harmonioso diseño de El Giotto.

En dirección al río Arno, cualquier vía nos lleva a la Piazza de la Señoría, con su famosa glorieta bajo la cual se cobijan esculturas de Donatello, Cellini o Giambologna. Algunas son copias, como el David que hay frente al Palazzo Vecchio, antigua sede del gobierno de la República. Justo al lado, la Galería de los Uffizi, diseñada por Vasari, acoge uno de los más antiguos museos del mundo.
El segundo día en la ciudad se puede dedicar a la Academia, donde se expone un restaurado David de Miguel Ángel, o a visitar la tumba del mismo en la iglesia franciscana de la Santa Croce. También merece nuestra atención la farmacia medieval de Sta. Maria Novella, aún en uso, y el Ponte Vechio, saturado de joyerías. Ya en el barrio de Oltrarno, el Palacio Pitti acapara la atención, aunque quizá lo más interesante sean sus jardines de Bóboli.

La tarde sólo puede acabar con la ascensión a la iglesia de San Miniato al Monte, para solazarnos con la panorámica de la ciudad desde Piazzale Michelangelo.
Durante la cuarta jornada nos internamos en los montes de Chianti. El vino de esta denominación de origen se elabora en siete comarcas de la región. Pueblos como Radda, Gaiole i Castellana servirán para degustar estos caldos camino de San Gimignano. Esta es la ciudad medieval mejor conservada del país, a pesar de que sólo quedan en pie 13 de las 70 torres originales. Los palacios del Podestà i del Popolo completan el conjunto, y en la Piazza della Cisterna es obligado probar “Los mejores helados del mundo”. Las vistas de la campiña desde la Torre Grossa son excelentes. Hacia el oeste por la SR68 llegaremos a Volterra, la ciudad-estado más poderosa de la federación etrusca y una de las menos saturadas por el turismo. Partimos de Volterra hacia el sudeste, atravesando el Val d’Elsa, con su típico horizonte punteado de grandes borgos, casas rurales señoriales, para visitar Siena. Laberíntica y con desniveles que reclaman un ritmo pausado, Siena se encarama hasta la catedral de Santa María dell’Assunta, con una espectacular fachada de mármol policromo. La imagen más conocida, sin embargo, es la plaza inclinada y en forma de concha de Il Campo, presidida por la torre de Il Mangia del Palacio Pubblico. Aquí se corre en verano la prueba ecuestre medieval del Palio. La catedral, con una increíble fachada en la que alterna el mármol blanco, rojo y verde, sirvió de inspiración a Wagner para escribir Parsifal.

Al sudeste de Siena se atraviesa una región de montes arenosos conocidos como Crete. Luego, el paisaje se abre al Valle de Orcia y al pueblo de Montalcino, productor del reputado vino Brunello. La villa perteneció a la cercana abadía de Sant’Antimo, fundada por Carlomagno.

Viajar a la Toscana en coche es uno de los placeres de esta vida que tienes que probar. Sigue nuestra ruta recomendada: Toscana, De Pisa a Siena