Toscana fue la auténtica cuna del Renacimiento. Sus ciudades concentran un patrimonio inabarcable, legado por genios como Leonardo da Vinci, Rafael o El Giotto. Pisa, Siena y Florencia encabezan la lista de las ciudades de este viaje al mundo de la perfección, seguidas de cerca por San Gimignano, Volterra y las colinas doradas de la campiña toscana.

Nos vamos de ruta a descubrir y a disfrutar de los atractivos más destacados de la región de La Toscana, una región que concentra lo mejor de Italia en un difícil equilibrio entre la mesura y la exageración. Por ejemplo, el perfil de Florencia no sería el mismo sin la cúpula que corona el Duomo, del mismo modo que el vino de Chianti tendría otro sabor si sus hacedores no supieran calcular la proporción exacta de uva negra y uva blanca para obtener su característico paladar. Claro que la Toscana parte con ventaja, puesto que en esta tierra de suaves colinas y lánguidos atardeceres nacieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y Brunelleschi.

Iniciamos el recorrido por Pisa, ciudad que fue al Tirreno lo que Venecia al Adriático. El río Arno, navegable hasta el mar, permitió que la flota toscana extendiera su influencia hasta lugares tan distantes como Palermo o el norte de África. El físico y matemático Galileo Galilei se subió a la famosa Torre Inclinada para comprobar la constancia de la atracción terrestre. Para todos es la ciudad de la famosísima Torre Inclinada, pero es mucho más, empezando por el conjunto del Campo dei Miracoli, del que la torre forma parte, para seguir por el museo del Arsenale y las galeras romanas que se encontraron intactas en el subsuelo y concluir con el mejor ejemplo de gótico pisano, Santa María della Espina.

Muy cerca se encuentra Lucca, una de las ciudades más hermosas de Italia, protegida por sus murallas renacentistas del siglo XVI, que es digna de admiración por la elegante fachada románica de su catedral. Sobre los cimientos de su anfiteatro romano, se erigió un conjunto de casas dando lugar a una plaza oval muy original, llena de terrazas soleadas.

La autopista A11/Ee76 nos lleva directos a una de las capitales mundiales del arte: Florencia. El escritor francés Stendhal concibió en Florencia el mal que lleva su nombre, un dolor causado por la contemplación de excesivas obras de arte. No es extraño: toda una vida no alcanzaría para contemplar con detenimiento los cuadros de la Galleria degli Ufizzi, el David de Miguel Angel, la Piazza della Signoria, el Ponte Vecchio y el Duomo coronado con la portentosa cúpula de Brunelleschi.

Entre Florencia y Siena se extiende la región de uno de los vinos más famosos de Italia: el Chianti. La región del famoso vino de Chianti, mezcla de uvas blancas y negras que se comercializa con un característico gallo negro en la etiqueta. Se trata de un paisaje de viñas y olivos donde los pueblos de Greve, Lamole y Radda abren sus bodegas a los visitantes para vender sus productos. A 20 kilómetros de Siena se halla Montalcino, capital que cede su nombre a otro de los grandes vinos italianos: el Brunello de Montalcino.

El Chianti se adentra en la bella ciudad de Siena, laberíntica y con desniveles que reclaman un ritmo pausado. La plaza del Campo en forma de concha y presidida por la torre de Il Mangia del Palacio Pubblico es única en su género, además de improvisado hipódromo en verano, cuando llegan las fiestas del Palio. Partiendo de la misma, calles empinadas saturadas de imprentas nos conducen a la catedral de Santa María dell’Assunta, con una increíble fachada en la que alterna el mármol blanco, rojo y verde.

Desde Siena hacia el oeste atravesando el Val d’Elsa, con su típico horizonte punteado de grandes borgos y casas rurales señoriales, podemos acercarnos San Gimignano, la población medieval mejor conservada de la Toscana. Las trece torres medievales, supervivientes de las setenta y dos que existían antiguamente, nos saludan mucho antes de llegar. En la Piazza della Cisterna es obligado comprar algún dulce en “la mejor heladería del mundo”. Las vistas de la campiña desde la Torre Grossa son excelentes. Hacia el oeste por la SR68 llegaremos a Volterra, la ciudad-estado más poderosa de la federación etrusca y una de las menos saturadas por el turismo. El sosiego de la campiña sirve de descanso antes de abordar Siena.

Al sudeste de Siena se atraviesa una región de montes arenosos conocidos como Crete. Luego, el paisaje se abre al Valle de Orcia y al pueblo de Montalcino, productor del reputado vino Brunello. La villa perteneció a la cercana abadía de Sant’Antimo, fundada por Carlomagno. Nuestra ruta recomendada por La Toscana concluye en Arezzo, medieval y muy hermosa, aquí encontramos una de las joyas de la pintura renacentista toscana: los frescos de Piero della Francesca. Diez escenas ilustran La Leyenda de la Vera Cruz, según la cual la cruz de Cristo se hizo con la madera del manzano del Edén.

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