Esta ruta transcurre por los escenarios naturales que sirven de marco a las aventuras, primero literarias y luego cinematográficas, de Harry Potter, uno de los territorios más sugerentes de la vieja Europa donde un entorno excepcional y una historia apasionante conforman un recorrido tan mágico como interesante. Como reza un proverbio inglés, en estas islas pueden darse las cuatro estaciones en un solo día, por lo que es aconsejable meter el chubasquero en la mochila y no dejarse vencer por los aguaceros repentinos que tiñen el paisaje de un toque más bucólico y nostálgico si cabe.

Empezamos nuestra ruta por Escocia en Edimburgo, nombrada por la UNESCO Ciudad Mundial de la Literatura. Las callejuelas sinuosas y empedradas de su casco antiguo han inspirado a escritores de la talla de Walter Scott, Arthur Conan Doyle o la contemporánea J.K.Rowling. Se dice que la escritora concibió las primeras páginas de las andanzas del mago en el Elephant House, una cálida cafetería – pub donde la gente suele ir a leer. El contrapunto a este pintoresco barrio es la New Town, donde destacan majestuosos edificios de arquitectura georgiana.

La historia de la capital escocesa está ligada a su formidable fortaleza del siglo VII, erigida en una abrupta colina dominando los jardines de Princes Street. Además de guardar celosamente la corona, la espada y el cetro escoceses, el castillo alberga el Museo Nacional de la Guerra, la pequeña capilla del siglo XI St. Margaret’s Chapel y el Great Hall, con un magnífico techo de madera. Pero lo más chocante del lugar es el One O’clock Gun, el disparo que ensordece a los visitantes cada mediodía a la una.

A medio camino entre el Old y el New town se encuentra la National Gallery of Scotland. Contiene una de las mejores colecciones de arte desde el Renacimiento hasta el Post-impresionismo e incluye obras maestras de los grandes pintores escoceses. Otro museo imprescindible para conocer Escocia es el Museum of Scotland, un recorrido de seis plantas que relata la historia del país desde la prehistoria hasta la actualidad. Aconsejable ir con tiempo: la una visita detallada puede llevarnos unas 4 horas. El museo incluye un servicio educativo para los niños todos los domingos.
Entre Canongate y Holyrood Road despunta el mayor palacio real de Escocia, The Palace of Holyroodhouse, una fortaleza testigo de las intrigas, entre otras, de la corte de María Estuardo. En su interior se pueden visitar las habitaciones de la familia real decoradas con estucos del siglo XVII. Al sur del palacio se encuentra el Artur’s Seat, un montículo volcánico de 230 m. de altura que se observa desde varios kilómetros.

Dos sugerencias para los más pequeños de la casa: Our Dynamic Earth, un recorrido por diferentes estados naturales que permite incluso presenciar erupciones volcánicas, terremotos y tormentas tropicales, o bien el Royal Yacht Britannia, una fabulosa embarcación real.

Las mejores vistas de la ciudad se obtienen desde la colina de Calton, donde se concentran el Old City Observatory y un grupo de edificios conmemorativos de diferentes batallas. Inolvidable la panorámica del estuario al atardecer.

De Edimburgo ponemos rumbo a Glencoe, a 156 Km de la capital por la M8, donde sentaremos nuestra base para recorrer las tierras del mago. Pasaremos de largo lugares significativos de esta ruta que visitaremos de vuelta a Edimburgo.

Situada en un angosto valle encajado entre dos cadenas montañosas, Glencoe es un destino muy popular entre esquiadores y senderistas, pero ha pasado a la historia por la masacre del clan MacDonald, ordenada por Guillemo I en 1692. Lo primero que fascina es un paisaje que Dickens describió como un gran cementerio de gigantes: una abrupta cordillera que alterna suaves colinas y picos escarpados –lúgubres cuando los cubre la bruma y radiantes bajo la luz del sol–, nos estremece mientras serpenteamos este majestuoso paisaje por la West Highland Way.

Para situarnos, conviene una parada en el Glencoe Visitor Centre. Una exposición y una presentación audiovisual proporcionan durante una hora la información necesaria sobre las visitas imprescindibles del lugar así como el parte meteorológico para aquéllos que se aventuren a recorrer andando estas tierras fascinantes.

Tal vez nos encontremos con la cabaña de Hagrid mientras nos dirigimos al Signal Rock a través de alguna de las pistas forestales que conducen a este singular mirador. O al cercano Pap of Glencoe, un pico que también ofrece vistas extraordinarias. A sus pies, el lago de Invercoe se muestra especialmente bello en primavera.
Otros rincones de singular belleza del parque son las Three Sisters, tres colinas idénticas próximas a una cascada; el apacible lago Leven, que ofrece una bonita panorámica de Glencoe; el desolado Rannoch Moor, un páramo cenagoso salpicado de incontables lagos, turberas, riachuelos y lagunas al que se accede recorriendo el tramo más serpenteante de la West Highland Way -la Devil’s Staircase-, el Scottish Sealife & Marine Sanctuary -un acuario con focas, mantas, rayas y toda suerte de criaturas marinas- o el romántico castillo Stalker, erigido en una pequeña isla rodeado de agua. En invierno, los esquiadores podrán disfrutar del deporte blanco en el Glencoe Ski Centre, una de las estaciones de esquí más importantes de Escocia.

Es hora de adentrarnos en el corazón de las espectaculares Highlands siguiendo la A82 desde Glencoe hasta Fort William, a 27 Km. Situada a los pies del Ben Nevis, la cumbre más alta de Gran Bretaña con 1.343m., esta pequeña ciudad costera que creció a principios del siglo XVII entorno a una fortaleza es un importante enclave comercial e industrial de la región y la base ideal para recorrer a pie los paisajes de montaña más puros, espectaculares y filmados de Escocia. Un sendero ofrece una buena escalada hasta la cima del Ben Nevis, desde donde se obtienen unas magníficas vistas de las Highlands cuando la niebla lo permite. Si hace buen tiempo, es muy apropiado para recorrerlo en familia aunque es aconsejable llevar calzado cómodo: el recorrido dura unas 4 horas aproximadamente. Los días de mal tiempo, conviene tener precaución porque el sendero bordea un precipicio. Los menos osados tienen la opción de subir un tramo en teleférico: a 11 Km. de Fort William se encuentra una estación de esquí alpino que ofrece la posibilidad de ascender hasta 650 m. de altitud. Aunque no se alcanza la cima, el trayecto ofrece magníficas vistas sobre el Ben Nevis y los alrededores.

Otra opción que encantará a los más pequeños es tomar el Jacobite Steam Train. Este tren de vapor parte de la estación de Fort William y se dirige a Mallaig, un recorrido de 1h 45min. a través de un paisaje sobrecogedor, encantado. Nos será fácil imaginar que viajamos en el Howart Express con Harry y Ron persiguiéndonos en el coche volador al recorrer el impresionante viaducto de Glenfinnan, que aparece en las películas de la serie (Harry Potter y la Cámara de los Secretos).

Aquellos que quieran descansar un rato del volante y conocer los secretos del whisky escocés, pueden visitar la Ben Nevis Destillery, una de las más antiguas de Escocia. Antes o después impera un alto en el Crannog Seafood Restaurant, donde podremos degustar pescados y mariscos de la zona.

La jornada siguiente se inicia en el Eilean Donan Castle, a unos 106 Km de Fort William por la A82 y a 174 Km. de Glencoe por la A52. En medio de un lago de las Highlands se levanta esta inmensa fortaleza del siglo XIII que ofrece una de las imágenes más emblemáticas de Escocia gracias a la espectacularidad de sus ruinas y del paisaje de cuento que la rodea. La fundación de la fortaleza se sitúa en el año 1230, cuando Alejandro II decidió hacer frente a los vikingos y vigilar la costa occidental de Escocia. Curiosamente, en 1719, unos 300 soldados del rey español Felipe V ocuparon el castillo para luchar contra el rey Jorge I. Después de la contienda, la fortaleza quedó destruida, hasta que en 1920 se empezó su restauración. Desde hace algunos años, el castillo ha servido de decorado natural para películas tan conocidas como El mundo nunca es suficiente o Los inmortales.

Tras visitar este romántico castillo ponemos rumbo a Fort August, a 78 Km. de Dornie por la A87 y 119 Km. de Glencoe por la A82. Los orígenes de esta bella población a orillas del Lago Ness se remontan a los primeros años del siglo XVIII, cuando se construyó una fortaleza a causa del alzamiento jacobita. El nombre del pueblo se debe a William Augustus, también llamado “el carnicero”. Este noble fue el responsable de asesinar cruelmente a los nobles escoceses que luchaban por el retorno de los Estuardo. En el centro de Fort Augustus hay seis esclusas que unen el loch Ness con el Caledonian Canal. En la tercera se puede ver una exposición dedicada a la construcción de esta obra de ingeniería de los primeros años del siglo XIX.

300m. de profundidad y 40 Km. de longitud bordeados por montañas, castillos en ruinas, abadías y leyendas hacen del lago Ness el más largo de Escocia. Desde el siglo VII existe la creencia de que sus aguas, de un negro insólito, están habitadas por grandes criaturas, lo que dio origen a la leyenda de Nessie. Tras la visita a uno de los Loch Ness Monster Centres como el de Drumnadrochit, a medio camino entre Fort August e Inverness por la A82, podremos forjarnos una opinión sobre la veracidad de este mito. Quien se aventure a buscarlo, puede hacerlo a bordo de las numerosas barcazas que salen desde muchos puntos del lago. También cabe la posibilidad de caminar por la orilla y observar la belleza del entorno y la frondosa vegetación, o bien bordearlo en coche.

Cuando la niebla se disipa, emerge la silueta fantasmagórica de Urquhart Castle, también en la población de Drumnadrochit, en un espléndido emplazamiento a orillas del lago Ness. Toda la fortaleza del siglo XIII está en ruinas, pero sus dimensiones muestran la importancia que tuvo el lago durante las guerras entre Inglaterra y Escocia. A finales del siglo XVII este castillo fue destruido para evitar que los jacobitas lo tomaran. En el interior se encuentra un pequeño museo donde se expone una colección de piezas medievales. Desde la única torre que sigue en pie se obtienen unas excelentes vistas.

A 54 Km de Fort Augustus y a 23 Km de Drumnadrochit, la A82 conduce directamente a la ciudad de Inverness, capital de las Highlands, un animado enclave comercial situado a los pies de su castillo. Se alza en la cima de un pequeño promontorio y, aunque tiene una apariencia antigua, la fortaleza fue construida en el siglo XIX sobre las ruinas de otra anterior. Desde este lugar se puede apreciar una buena perspectiva de la ciudad y de toda la costa.

Inverness fue ciudad próspera en la Edad Media, pero las guerras entre ingleses y escoceses la llevaron a la miseria. El campo de batalla de Culloden y su centro de visitantes recuerdan la última gran contienda que se libró en suelo británico. Hoy la ciudad es un importante referente de la vida social y cultural del norte de Escocia. Ha conservado muy pocos edificios antiguos, pero también es cierto que Inverness ha adquirido una arquitectura elegante y moderna. Una de las zonas más conocidas es el paseo junto al río, donde se pueden ver unas iglesias neogóticas y un impresionante puente colgante de hierro.
A orillas del río Ness se encuentra The Riverhouse, un restaurante elegante y acogedor donde podemos degustar pescados y mariscos elaborados a la manera escocesa.

De Glencoe ponemos rumbo nuevamente a Edimburgo con varias paradas obligadas en las cercanas poblaciones de Tyndrum, a 15 Km. de Glencoe por la A82, y Crianlarich, a 23 Km. de Glencoe por la misma carretera. Los seguidores de las andanzas de Harry Potter disfrutaran visitando estos pueblos pintorescos, donde se rodaron algunas escenas de la versión cinematográfica. La mayor parte de los alumnos del instituto de secundaria Fort William hicieron de extras en la película.

Poco a poco vamos abriéndonos paso entre valles nostálgicos y montañas soberbias escondidas entre brochazos de niebla: nos encontramos en el Loch Lomon – Trossachs National Park, un lugar excepcional donde imaginar batallas legendarias o aprendices de mago planeando en escobas es tan fácil como creíble. A 71 Km. de Glencoe por la A82, la población de Callander nos abre sus puertas. Estas dos bellezas naturales forman el primer Parque Nacional de Escocia, que las une en un solo entorno desde hace pocos años: Loch Lomond es la mayor reserva de agua dulce del país, mientras que los Trossachs ofrecen una zona de montañas esmeralda salpicadas de capillas perdidas y lagos abrazados por bellos bosques, un paisaje encantado ideal para la práctica de deportes acuáticos y el senderismo. Muchos caminos siguen las rutas trazadas por los ingleses en su intento de controlar a los rebeldes. En el centro de acogida de Callander los excursionistas descubren cómo seguir el rastro del héroe escocés Rob Roy, encarnado en el cine por Liam Neeson. Imperativo probar los cakes de la pastelería Scotch Oven, que saben mejor comiéndolos junto al río. También tenemos la opción de recorrer en barco el romántico lago Katrine.

La quinta jornada de este viaje se inicia en Linlithgow, a 32 Km. de Edimburgo por la A71 y la M9. Aunque las guerras de independencia destruyeron parte de su centro histórico, en High Street se conservan bellos edificios y el antiguo mercado. Su obra más destacada es el Linlithgow Palace uno de los cuatro palacios reales de Escocia y cuna de María de Estuardo. Situado en la orilla de un pequeño lago, el palacio, aunque en ruinas, conserva la majestuosidad de antaño. Podemos visitar la capilla, con una gran riqueza de relieves, el Great Hall y su imponente chimenea y los apartamentos reales. Junto al palacio se encuentra St. Michael’s Church, un templo del siglo XIII con unas interesantes vidrieras.

Continuamos por la M9 y, tras recorrer 36 Km. llegamos a Stirling, una pequeña ciudad situada en un estratégico promontorio que le valió su categoría de burgo real. El Back Walk –un camino del siglo XVIII que rodea parte de la ciudad– ofrece un agradable paseo a través de sus fortificaciones además de magníficas vistas.

Considerado una de las plazas fuertes más importantes de la historia escocesa, el formidable castillo de Stirling se erige en un promontorio volcánico rodeado de llanuras donde se libraron trascendentales batallas. Iniciado en el siglo XI, en su interior se pueden visitar el renacentista palacio real, con estancias decoradas con muebles de la época, y el Great Hall, una inmensa sala con un trabajado techo de madera. Permanece abierto de abril a septiembre y en él se organizan eventos especiales como tejido de tapices o duelo con espadas. Si estamos de suerte, tal vez nos topemos con alguno de los fantasmas que deambulan por esta población, como la mítica Dama Rosa del Castillo.

A 3 Km al norte de Stirling se erige el Wallace Monument, una torre de 1869 que conmemora la independencia de Escocia. En este mismo lugar, pero en 1297, el guerrero William Wallace (Mel Gibson en la ficción) vio aproximarse a las tropas inglesas antes de librarse la batalla de Stirling. En su interior se pueden visitar exposiciones sobre la historia del país y contemplar la verdadera espada de Braveheart. Sus 75m de altura lo convierten en un mirador excepcional.

Saliendo de Stirling dirección Doune, el Blair Drummond Safari and Adventure Park alberga un magnífico centro de juego ideal para los niños, con animales, atracciones, barcas de pedales y hasta un barco pirata.

Si disponemos de tiempo, y hay que buscarlo porque la visita es importante, merece la pena acabar este viaje tras las huellas de Harry Potter en el Castillo de Alnwick, en la frontera entre Inglaterra y Escocia, a 141 Km. al sur de Edimburgo por la A1. Los más pequeños de la casa reconocerán enseguida en esta magnífica fortaleza -el segundo baluarte deshabitado más grande de Inglaterra- como Hogwarts. En sus deslumbrantes interiores y en sus espléndidos jardines fue donde Harry y sus amigos se adentraron en el fascinante mundo de la magia (Harry Potter y la piedra filosofal).

Otra opción también cinematográfica pero bastante más cercana es la Rosslyn Chapel, a unos 5 Km. de Edimburgo por la A701. Esta hermosa capilla no encaja con ninguno de los estilos arquitectónicos de la época en que fue erigida: el exterior está repleto de pináculos, gárgolas y arbotantes de apariencia fantástica, mientras que el interior juega con la decoración vegetal y figurativa. Además, exhibe una profusión de símbolos masónicos y templarios, ideales para que Dan Brown situara allí el desenlace de El Código Da Vinci.

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